Además de los problemas económicos que muchos de los afectados han manifestado a través de sus mensajes, cartas o correos a Diario16, muchos de ellos publicados en los últimos días, las víctimas del IRPH están viviendo la pérdida de calidad de vida, la imposibilidad de dar a sus hijos cosas que para el resto de los ciudadanos son de lo más normal. Todo ello por culpa de tener sus hipotecas referenciadas a un índice que la Comisión Europea ha declarado como abusivo.

Sin embargo, esta cláusula de la banca está provocando verdaderas tragedias humanas, como la que publicamos hoy, que demuestran la voracidad de la banca que no conoce más que una cosa, el poder del dinero:

«Mi pareja y yo vivíamos de alquiler. En el año 2.006 yo me quedé embarazada y decidimos comprar un piso. Ya se sabe lo que se decía entonces: alquilar era tirar el dinero y una vivienda en propiedad era una inversión que daba estabilidad al hogar. Hicimos una ruta por casi todos los bancos y lo que buscábamos se nos iba de presupuesto. Al final una inmobiliaria nos dijo que ellos nos podían financiar la compra a través de una entidad con la que tenían un acuerdo. Una financiera de la que no habíamos oído hablar pero que supimos que pertenecía al Banco de Santander lo que nos llenó de confianza.

» Nos explicaron cómo sería el préstamo, las tablas de amortización, donde la cuota no subía de 750 euros. En ningún momento nos dijeron que había IRPH. En la notaría nos leyeron una serie de documentos de forma muy rápida y firmamos la hipoteca.

» Mi hija nació con una minusvalía y necesitábamos 500 euros más para pagar las terapias de estimulación precoz que, con el paso de los años, han pasado a fisioterapia y logopedia, entre otras cosas.

» La sorpresa nos la llevamos cuando veíamos que la letra de la hipoteca subía mientras que la de mi hermano bajaba por lo que escuchábamos del Euribor en la televisión. La cuota llegó a los 1.100 euros. Fue en ese momento cuando nos acercamos a preguntar por qué subía nuestra hipoteca y la del resto de la gente bajaba. Fue entonces cuando escuché por primera vez la maldita palabra: IRPH.

» El IRPH hizo que tuviera que renunciar a los cuidados de mi hija y eso no se lo perdonaré jamás a quienes nos estafaron. La niña está bien, pero lleva varios años en los que recibe una atención inferior a la que le correspondería y eso está afectando a su desarrollo. Todo por culpa de que con los sueldos que entran en casa nos es imposible. Hemos intentado vender la casa, pero con la bajada del precio de la vivienda y el poco capital que hemos amortizado por culpa del IRPH nos es imposible. Sólo me queda la esperanza de que la gente de Europa tenga la decencia que en España no hemos encontrado».

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