Hace unos días asistí a una jornada, en la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura, para conmemorar el 25 aniversario del Colegio de Licenciados de Educación Física.

Pude escuchar una serie de atractivas ponencias, y tuve, también, ocasión de compartir un ameno debate. Durante el mismo, me impactó la expresión utilizada por el Profesor de Derecho Laboral, Francisco Rubio, al referirse al concepto de inversión fallida.

Se hacía alusión a toda la formación sin retorno que, lamentablemente durante las últimas décadas, estamos padeciendo en España. Se hacía mención a cómo, de los impuestos de la ciudadanía, se realiza un gran esfuerzo para dar posibilidad de desarrollo a muchos cerebros privilegiados.

Y sin embargo, la respuesta torna en forma de precariedad en el empleo. Temporalidad en la mayoría de los casos. Sueños incumplidos en un elevadísimo porcentaje. Y lo que es más importante, trabajos muy alejados de la formación adquirida durante largos años de estudio y preparación.

Una reflexión dura, y que, la cotidianeidad, no nos debe alejar del sentido de la tragedia. Las estadísticas tienen que volcarse en revertir estas tendencias.

Hay otros ámbitos, como el de la política, en el que deberíamos ser conscientes de que los años en los que se desempeñan tareas de defensa e implicación con la cosa pública, no pueden quedar en balde.

Partiendo de la base de que nadie es imprescindible y de que todos somos necesarios, hay que exigir que una inversión en este tipo de personal, siga repercutiendo en la colectividad. Al margen de cambios coyunturales, buena parte del equipo humano que adquiere una serie de destrezas y conocimientos se ve en la obligación ( recíproca también por parte de los que les designan) de trasladar lo que tienen al resto.

Son muchos los ejemplos de los que consideran su paso por la vida pública como un paréntesis. También son muchos los que la viven desde la incertidumbre de la continuidad. Sin embargo, no estaría de más, que en todos los casos se asumiera que nos encontramos obligados al servicio de lo público y que, como cuando hablábamos de los estudiantes, se produce una inversión que precisa de una necesaria respuesta hacia la sociedad en la que vives. No sólo durante, sino siempre.

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