El mundo del trabajo está cambiando al mismo ritmo que la sociedad, cosa que no ocurre en las fórmulas de relación entre trabajadores y empresarios. Desde las organizaciones de trabajadores se denuncia que se siguen utilizando métodos más propios del siglo XIX que de la segunda década del XXI. La explotación laboral, la vulneración constante de los derechos reconocidos por las diferentes leyes o los salarios del hambre son un ejemplo de que, mientras la sociedad avanza, la clase trabajadora está retrocediendo.

La crisis económica y las políticas del gobierno de Mariano Rajoy, y sobre todas ellas la Reforma Laboral, han provocado que el mundo del trabajo se haya convertido en un lugar más inseguro para los trabajadores, inseguridad tanto física como psíquica. Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, los accidentes laborales siguen aumentando desde que se inició la crisis económica, y eso teniendo en cuenta la pérdida de población activa y de empleos.

Respecto al año 2015 los accidentes laborales que provocaron baja laboral se incrementaron en un 7,10%: un total de 469.532. De esta cantidad, 401.918 se produjeron durante la jornada laboral, lo que supone un incremento del 7%, mientras que los accidentes in itínere fueron un 7,7% más que en 2015.

Más de un tercio de los muertos del mundo del trabajo de 2016 fueron a causa de estas patologías no traumáticas

De los 509 trabajadores que murieron el año pasado por accidente laboral, 184 fallecieron por infartos y derrames cerebrales. Más de un tercio de los muertos del mundo del trabajo de 2016 fueron a causa de estas patologías no traumáticas. Que los infartos y los derrames cerebrales sean la primera causa de mortalidad laboral es un reflejo del aumento de los riesgos psicosociales, riesgos asociados al mercado laboral inestable y precario. A todo lo anterior hay que sumar otro factor: la presión ejercida por los empresarios para que los niveles de producción aumenten con menos horas de trabajo y con salarios a niveles de la década de los 80.

La inestabilidad, la excesiva temporalidad, las incertidumbres que el escenario creado por la Reforma Laboral ha provocado en los trabajadores y la explotación empresarial para aumentar la ratio de productividad y, por ende, el beneficio de la cuenta PyG son el verdadero caldo de cultivo para que los niveles de estrés se disparen en los centros de trabajo. Según datos del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, el riesgo de sufrir un infarto en un entorno laboral de estrés constante es de un 76%. El mismo organismo, en colaboración con universidades como Harvard o UCLA, ha realizado estudios en los que se concluye que más del 45% de los fallecidos por infartos de miocardio tenían elevados niveles de estrés laboral.

 

Estrés, ansiedad y depresión

Por otro lado, la publicación Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry, en un estudio realizado en España en el año 2015, indicó que el 15% de los derrames cerebrales se produjeron en entornos laborales marcados por el estrés, la ansiedad o la depresión. Estos estados psíquicos cada vez son más habituales entre quienes tienen un puesto de trabajo por el miedo a perderlo y porque se tiene la certeza de que ese empleo está puesto en una subasta que ciertos empresarios se lo pueden adjudicar a cualquier otro que tenga un precio más bajo. Lo que en la Reforma Laboral se denominó «flexibilidad laboral». En otro orden de cosas, también influye la explotación digital, es decir, las exigencias realizadas fuera de la jornada de trabajo a través de correos electrónicos, mensajes de Whatsapp o llamadas telefónicas. Este nuevo tipo de explotación genera mucho estrés y ansiedad.

también influye las exigencias realizadas fuera de la jornada de trabajo a través de correos electrónicos, mensajes de Whatsapp o llamadas telefónicas

Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, el estrés y los riesgos psicosociales asociados al mismo son la causa de más de un 60% de las jornadas de trabajo perdidas, además de ser el origen de futuras patologías psicológicas que tendrán un coste para nuestro Sistema Nacional de Salud.

 

Presión de los empresarios

En otro orden de cosas, el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales acarrea a las empresas sanciones que oscilan entre los 30 y los 600.000 euros. Una de las infracciones catalogadas como «muy graves» por la Ley y que está sancionada con el máximo es la siguiente: «La adscripción de los trabajadores a puestos de trabajo en condiciones que sean incompatibles con sus características personales conocidas o que se encuentren manifiestamente en estado o situaciones transitorias que no respondan a las exigencias psicofísicas de los respectivos puestos de trabajo, así como la dedicación de estos a la realización de tareas sin tener en cuenta sus capacidades profesionales en materia de seguridad y salud en el trabajo, siempre se derive un riesgo grave e inminente para su seguridad y su salud». El estrés generado por la presión ejercida por los empresarios se encontraría en este apartado.

Cuando hablamos de accidentes laborales mortales siempre tenemos la sensación de que nos referimos a muertes violentas cuando cada año que pasa las muertes provocadas por el estrés aumentan.

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