En política, el hijo mata al padre. Le aconteció al Sr. Aznar con su protegido, el Sr. Rajoy, y ha sucedido con el el actual y por desgracia President de la Generalitat con su antecesor; casi ya no habla de él. La coyuntura se agrava, pues en asuntos de estado el Sr. Torra es un ignaro, más si cabe, y es mucho aventurar, que el Sr. Puigdemont. El nacionalismo, lo mismo que la cabra, siempre tira al monte, con la excepción, de momento, del Lehendakari, que al ser preguntado por una periodista hace un trimestre si no iba a exigir la independencia del País Vasco al igual que parte de los parlamentarios catalanes, respondió con faz seria pero ojos de chanza: “Usted comprenderá que soy un nacionalista del siglo veintiuno”. Más prístino, leyendo entre líneas, improbable.

El Sr. Torra ya ha procurado mentir a Pedro Sánchez, que en cuestiones de inteligencia, y en la carrera de acatar la Constitución, le saca mínimo diez cabezas al President. Se comprobó el martes pasado con la intervención del señor Tardá en Las Cortes, de Ezquerra, que cumplía, por mor de la alianza, entiendo que a resultas de ello un tanto ezquizofrénico, las consignas de su jefe de filas, el Sr. Junqueras, y del Sr. Torra sobre todo, al permanecer el primero entre rejas.

Aquí comienza la madre de las batallas, que pudiera acabar en desastre dada la manifiesta incompetencia del Sr. Torra, y me atrevería a augurar con el principio de una kale borroka/lluita al carrer catalana (empezó la semana pasada, primera fase, sin que se diera noticia en la televisión pública y en muchos medios: la quema de un muñeco vestido de policía nacional mientras aplaudían madres y retoños; conservo el vídeo que me ha mandado el bueno de Esteban Ibarra, dirigente del Movimiento Contra la Intolerancia, que tanto bien ha hecho durante décadas a nuestros derechos y libertades. Solo que Ibarra ahora sufre en el barrio donde reside y en el portal de su casa, el acoso sempiterno de los podemitas. Los podemitas, o su ignorancia por mucho que sean profesores universitarios, lo ágrafo también se mide por la incapacidad de estudiar los textos e ideología del adversario, deberían acudir a las hemerotecas y aprender del Movimiento Contra la Intolerancia cómo se lucha y se consiguen victorias judiciales sin alzar voz ni músculos agresivos).

A la postre no existe interlocutor valido entre el gobierno y la Gen   eralitat. Felipe González lo afirmó con acierto en el programa de Évole, añadiendo que de aplicarse el 155 el día anterior al absurdo no referéndum, nos hubiéramos ahorrado las futuras repercusiones judiciales. Évole le leyó una carta donde el Sr. Junqueras, tras un discurso sólido, le pedía a Felipe entrevistarse con él, a lo que éste, un gigante de la política, no se negó. Y no se negó porque conoce que entre la caterva de los independentistas catalanes, el único con muebles en la testa, muñeca torera, capacidad para el dialogo y para llegar a acuerdos que a todos satisfagan, postergando la petición de independencia, es el Sr. Junqueras, cuyo peso sobre el Sr. Torra (sin el concurso del grupo que dirige el Sr. Junqueras no puede gobernar el Sr. Torra) resulta exponencial.

El mejor texto a mi entender que se ha escrito contra un gobierno y una judicatura es el Yo acuso, de Zola. Aunque el cuerpo me lo pide, por una cuestión de respeto, no voy a redactar las dos palabras contra la judicatura y a la sazón contra la persona que tiene la primera llave de la solución: el investigador jefe y juez instructor, el Sr. Llaneras. Con el tamaño de la ola, a cada segundo aumenta el grosor de la txampa, me cuesta entender lo mucho que se retrasa, afectando el caso a la unidad de España, el Sr. Llaneras en finiquitar la instrucción, paso primigenio para el juicio y la condena del Sr. Junqueras y los demás. Solo tras la condena, lo dicta la ley, el gobierno podría indultar al Sr. Junqueras, indulto que pido a título personal desde aquí, reitero, por ser el único capaz de desenredar el entuerto y fumar la pipa de la paz con Pedro Sánchez.

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2 Comentarios

  1. Sa lo que cualquiera con 2 milímetros de frente le despacha, “y entonces en su bonita y ansiada constitución donde se hace valer el principio demócrata de la decisión de las mayorías? La supresión por la fuerza de un gobierno legítimo que actúa con el mandato de su cidadanía? Escriba novelas mientras no se percate de la realidad, señor Mugica.

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