Han apresado a un iconoclasta, al aristócrata del vandalismo, el artista del cuadrilátero urbano que es una plaza mayor. Un tipo capaz de agredir a otro sin motivo ninguno, sólo por tener porte de independentista vasco. Tras este hecho aparentemente mundano se esconde una práctica artística de profundo calado. De inicio ha reformulado el dicho “dos no se pelean si uno no quiere”, realizando un finísimo corte de mangas a la sabiduría popular.

Mis más enérgicos respetos hacia ese nuevo Banksy de Triana, que se oculta bajo el disfraz de fascista rancio, y cuyo delirio escapa por los poros aportándole un brillo cósmico a esa tez tostada por el sol. Un tipo que aparenta no saber coger un libro y retorcer gorriones mientras espera el autobús, ya sea el circular o el de Hazteoír. Un maestro de la fachada.

Hacía tiempo que España venía necesitando nuevas formas de expresión artística, en esta se perciben concomitancias con la danzas tribales del Siddhartha de Peter Brook y el astracán más castizo de principios del siglo XIX.

Según he podido recoger de los mentideros más cercanos a la familia, nuestro hombre –no me atrevo a ponerle nombre propio- ahoga sus penas en el gimnasio, al cual va obligado por su madre, que lucha contra el sedentarismo de su retoño que pasa las noches en vela releyendo a Nabokov, reescribiendo a Hemingway y recitando a Gustavo Adolfo Becker. Cuentan en su ámbito más íntimo que en cierta ocasión no dejó al comercial de la compañía eléctrica firmar el contrato sobre su mesa porque ahí sólo se escribe alta literatura. En la consecuente disputa lo echó a la calle tirándole abajo por las escaleras ante tanta ignominia al grito de ¡la auténtica luz es la que emana de mis cojones¡ Creo que nos encontramos ante un genio de la post-verdad.

Han detenido a un bohemio de los que ya no quedan, del pelaje de Ramón María del Valle-Inclán y Alejandro Sawa. Sólo que nuestro hombre evoluciona los pelos largos y las barbas airosas, a la cabeza rapada y los tatuajes crípticos. Es sabido que los padres del esperpento acudían a los teatros con deseos de escándalo y, si era posible, a terminar en la delegación, como se llamaba entonces a la comisaría. Nuestro hombre sabe que los teatros de antes son los estadios de fútbol de ahora. Que un Betis- Éibar equivale a dos Macbeth y a Ninette y un señor de Murcia. Que el príncipe de Dinamarca Hamlet tenía las mismas preocupaciones que Manolo el del bombo.

Es cierto que ostenta más detenciones que toda la Generación del 98 juntos. Que en su haber sostiene más antecedentes penales que todo el campamento legionario de Chinchilla de Montearagón pero, ¿qué importa la cantidad cuando nos movemos en el mundo del arte de lo intangible? No tengo duda de que cada detención supone una muesca en la verga enhiesta de su humanidad.

Y lo han detenido y lo han dejado marchar. Porque su madre ha abierto la caja de Pandora revelando que “es un buen chico, nada violento”, dejando en evidencia que su hijo es todo impostura. Las madres son la tierra, nuestro pasado y nuestro futuro, y una madre jamás miente.

Han detenido al último nostálgico, cuya mirada exhorta tristeza y vacío, todo ello por la crudeza de vivir en un país multicultural, solidario, y dialogante. Qué duro resulta el ejercicio de la tolerancia cuando apenas sabes lo que significa. Los librepensadores únicamente se mueven por conceptos ya extintos como el honor y la honra.

Por tanto, llegamos a la conclusión de que el tipo muestra esa cara en la calle, porque todos los virtuosos se tienen que situar tras una máscara, para poder desarrollar su labor sin afectar a su sensibilidad. En el vídeo de la agresión, si afinas el oído, se le escucha recitar… casi susurrar: volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

15 − cinco =