La aplicación de la política sobre mujer y género queda muy definida con las tomas de medidas como el reparto de cargos públicos en igualdad y en régimen de paridad entre hombres y mujeres marcan el inicio de una política tendente a la construcción de una verdadera democracia paritaria. Elemento este fundamental para el desarrollo en igualdad del país.

Hacer posible en un modelo de democracia paritaria, y todo ello desde el enfoque de que este modelo de democracia es, en realidad, la esencia de la propia democracia, que ve en la igualdad económica, social, cultural y política la herramienta de desarrollo de un país, en donde la incorporación de la mujer de manera efectiva a todos estos campos supone, sin lugar a dudas, la apuesta por el crecimiento y el progreso socioeconómico, cultural y político de un mundo que en este momento está llamado a ser un referente en este campo en el ámbito geoestratégico de España para Europa y Latinoamérica. Por todo, la ampliación de la fundamentación e interiorización de ese modelo de Estado en democracia paritaria deben y tienen que desarrollarse por parte de Foro16, a fin de aportar esa argumentación política necesaria en un proceso de revolución de las conciencias desde el feminismo de igualdad real y legal.

De esta forma, cuando se plantea una argumentación política sobre la necesidad de poner en valor el concepto de la democracia paritaria y el sujeto político feminista para el desarrollo integral del mismo en un mundo de igualdad real, tenemos, en primer lugar, que iniciar el mismo desde la génesis contemporánea del desarrollo de los propios principios de igualdad y derechos humanos de la democracia en el mundo. De esta forma, y de manera introductoria a los términos tratados, debemos señalar que, si bien a lo largo del Siglo XX el afianzamiento de las democracias ha sido un elemento fundamental en el desarrollo social, político y económico que las sociedades han podido disfrutar, dicho desarrollo democrático ha estado sustentado en democracias con déficit democráticos, y todo ello en base a la exclusión que en las instituciones de poder que conforman esas democracias con la aportación de la revolución llevada a cabo por las mujeres que sin duda se ha realizado a lo largo del siglo XX y todavía pujante hoy en pleno siglo XXI, pendiente de que los hombres hagan la suya asumiendo la igualdad real y legal.

Sin duda, siguen siendo las mujeres, desde los movimientos de la igualdad y derechos humanos feministas, quienes han señalado que, para ahondar en el concepto de democracia y hacer de la misma una herramienta real de igualdad social es necesario que la democracia y las instituciones de las que la misma se conforman tengan la presencia de los sujetos (mujeres) que conforman la mitad de la población de los propios países. Por ello, para estar ante una democracia real e igualitaria las democracias de los países deben ahondar en lo que lo que la paridad se refiere, es a través de la misma como se desarrolla el propio concepto de igualdad real.

Es el modelo de democracia paritaria por lo tanto el modelo de sistema igualitario y democracia real en donde realmente no se produce la exclusión consciente o inconsciente de una gran parte de la sociedad que, conformada en torno al grupo de población de “las mujeres”, ha visto cómo en la tradición llamada democrática las mujeres eran alejadas de los puestos de responsabilidad en el seno de los órganos de poder e institucionales. Para el movimiento feminista, la paridad se presenta como la herramienta política y estratégica con la cual hacer frente al monopolio de poder masculino que oculto tras “las democracias” asume el poder de manera monolítica.

De esta forma y en un momento histórico en donde desde el ámbito de la ciencia política y desde la doctrina se pone de manifiesto la existencia de una verdadera crisis de la propia política —y por ende el alejamiento que de la misma tiene la sociedad- y del sistema de democracia representativa que se muestra incapaz de dar respuesta a las necesidades de determinadas minorías y grupos sociales que sufren de manera constante una desigualdad económica y cultural, las acciones encaminadas a la puesta en vigor de una democracia paritaria real y efectiva, todo ello en consonancia con los diferentes movimientos feministas políticos que demandan la puesta en marcha de medidas que hagan posible ampliar las fronteras de la democracia se muestran como acciones imprescindibles que permitan atajar de manera directa esa crisis de la democracia representativa, ya que son las “mujeres” los elementos nucleares de los cuales parten esas situaciones de desigualdad que nacen de una democracia representativa en donde no existe representación real de la mitad de una población que es excluida de manera directa.

Por todo ello, en la actualidad se están produciendo de manera constante en diferentes parte del mundo movimientos feministas que reivindican ese modelo de democracia paritaria como un modelo que haría posible que las mujeres a través de la conquista del poder político y la asunción de las responsabilidades institucionales atacasen al problema real de desigualdad existente en las mal llamadas democracias igualitarias en donde la jerarquía de género hace que los hombres asuman los poderes máximos siendo la representación de las mujeres meramente testimonial.

Es desde un punto de vista progresista, por lo tanto, obligatoria, la extensión de la democracia en toda su amplitud a aquellos grupos sociales que no disfrutan de la democracia y de los valores de igualdad, libertad y progreso que la misma debe ofrecer ala sociedad en su conjunto sin exclusión por razón de sexo, raza o religión. Es así en el ámbito del feminismo desde donde se cuestiona la legitimidad política de aquellas democracias que no son capaces de incluir a toda la población en su seno.

En lo que se refiere al inicio del movimiento reivindicativo de la democracia paritaria desde el ámbito del movimiento feminista, debemos señalar que el mismo nace en Francia, un país con una fuerte tradición democrática en Europa y en donde siempre los cambios políticos y sociales históricamente aparecen de manera previa a la del resto de países. Es así en este país donde nace esta reivindicación que rápidamente se extiende por todo el ámbito de Europa. Debemos señalar aquí la importante Declaración de Atenas de 1992, en la que de manera clara se exterioriza la importancia de la reivindicación de la paridad en las democracias como elemento fundamental para la consecución de una igualdad plena. Es así en esta declaración en donde se lleva a cabo no sólo la exigencia anteriormente señalada sino en donde se analiza algo de suma importancia para el presente y futuro de los propios sistemas políticos democráticos como es la existencia de un contrato social actual en donde aunque encontramos principios de universalidad y ética general en su ámbito interno, el desarrollo real y efectivo que a lo largo de todo el siglo XX del mismo se hace en los propios sistemas democráticos se hace desde las reivindicaciones y aspiraciones de los varones, excluyéndose de manera clara a las mujeres y las reivindicaciones de las mismas del desarrollo de ese contrato social.

Los movimientos feministas actuales de países como Francia, Italia, Alemania o la propia España, entre otros, señalan la necesidad de constituir un nuevo contrato social que permita la transformación de las actuales democracias en democracias paritarias con plena igualdad y con una mayor legitimidad política desde el punto de vista de los valores que las propias democracias deben llevar aparejadas.

Así, en la actualidad el movimiento iniciado de vindicación feminista en lo relativo a la democracia paritaria ha permitido que a partir de 1997-1998 los procesos electorales en las cámaras nacionales, regionales y municipales de los diferentes países del arco europeo las mujeres hayan ocupado puestos de poder y de representación política que apenas 30 años antes no llegaban al 5% de media en dichos países. Cabe señalar en este sentido el importante paso dado en España de la mano del PSOE, que, impulsado por los movimientos feministas, convertidos en verdaderos sujetos políticos de presión, se logró que, en lo referente al ámbito político y empresarial -posteriormente analizaremos este aspecto- y a través de la Ley de Igualdad, deba de existir una paridad absoluta entre hombres y mujeres en los puestos de responsabilidad.

Y es que la paridad se entronca en la Teoría de la Democracia Paritaria en los propios valores de la Universalidad de la Igualdad, que el patriarcado hurtó al desarrollo democrático y la propia sociedad en sí, en donde las mujeres, si bien no se constituyen por el patriarca en una minoría numérica, sí se constituyen como tal desde un punto de vista sociológico, llevándose a cabo de manera directa por este sistema una ruptura con el principio de equidad que debe existir unido obligatoriamente a la génesis de la propia democracia.

Y es que las mujeres no han sido apartadas de manera casual de las estructuras de poder de las instituciones de la democracia. Así, durante mucho tiempo, a la mujer se le ha asignado en el proceso de desarrollo social una serie de roles que impuestos -esposa, madre o responsable del hogar, cuidadora etc.— le ha apartado de la esfera política y pública siendo el hogar el espacio privado de su desarrollo. Estos hechos han permitido a los elementos patriarcales asumir en toda su extensión el poder que emana de las instituciones que se iban conformando en torno al desarrollo democrático que el contrato social daba lugar. Por ello, es la construcción feminista de la identidad de defensa de este colectivo el que ha permitido vindicaciones que a lo largo de la historia han desarrollado la propia democracia (ejemplo práctico: El derecho a voto de las mujeres). No obstante, ahora la puesta en marcha de medidas que amplifiquen la discriminación positiva, que permitan una conciliación de la vida familiar y laboral, que contribuyan al ascenso en los puestos de responsabilidad de las mujeres responden a ese modelo de democracia paritaria en donde el sujeto político feminista revindica para el desarrollo de la misma que se dé el desarrollo real y efectivo de la igualdad.

En lo que a la situación del desarrollo de las democracias paritarias se refiere, procederemos a señalar en el presente informe la situación que respecto a las mismas se han producido en varios países. De esta forma, y si bien en los ámbitos de la Unión Europea desde 1997 se han llevado a cabo medidas y declaraciones tendentes a potenciar la paridad en su seno, en concreto son varios países donde se han llevado a cabo reformas políticas y sociales a favor de una democracia paritaria.

Suecia y Dinamarca. En estos países encontramos un modelo de sistema de acuerdos informales en el seno de los propios partidos políticos, en donde a través de una autorregulación interna se ejecuten sistemas de listas cremallera que han permitido que en Suecia un 40% de los cargos de responsabilidad política e institucional sean asumidos por mujeres, siendo en Dinamarca el porcentaje del 33%.

Por otro lado, existe otro grupo de países en los que, gracias a la aplicación de leyes de igualdad, tienen la obligación de que al menos el 40% de los puestos de responsabilidad sean ocupados por mujeres, que han permitido una representación en esos términos de mujeres en el ámbito de la jerarquía de poder. Son estos los casos de Finlandia, con una ley de paridad pionera y avanzada aprobada en 1985 y actualizada en 1995, y de Bélgica, donde cuenta con la aprobación de una Ley de Cuotas (1994) en las listas electorales que obligaba a los partidos políticos a situar en puestos de responsabilidad al menos en un 25%, y que de manera progresiva hasta el 33% fueran asumidas por mujeres. Previendo una penalización a aquellos partidos que no cumplieran dicha obligación, disminuyendo el número de candidatos en el porcentaje de incumplimiento de dicha cuota.

Con respecto a Portugal, si bien lleva a cabo una reforma constitucional en la que se incluye de manera concreta la potenciación y mejora de la paridad como elemento de desarrollo democrático pleno, no se ha llevado a cabo aún un desarrollo legislativo efectivo de dichas medidas.

Francia e Italia han llevado a cabo reformas constitucionales y legislativas tendentes a potenciar la democracia paritaria en dichos países. Las primeras iniciativas que se llevaron a cabo en estos países fueron las siguientes: en Italia encontramos una primera referencia clara en la Ley 25/03/1993, que establecía en los municipios de menos de 15.000 habitantes que las listas de candidaturas no podrían exceder de los dos tercios; en Francia la primera iniciativa tuvo lugar en 1979 a través de una norma que señalaba que en los municipios de más de 2.500 habitantes las listas electorales tuvieran al menos un 20% de mujeres en las mismas. Si bien no prosperó, posteriormente y a lo largo del siglo XX, en Francia han existido numerosos intentos de llevar a cabo reformas constitucionales y medidas legislativas tendentes a favorecer la democracia paritaria, aunque no es hasta la Ley 2000/493 de 6 de junio cuando se determina la paridad absoluta en las listas electorales presentadas a cualquier órgano.

En lo que se refiere a Latinoamérica, Centroamérica y Caribe, la presencia de una democracia paritaria y de las reformas legislativas y constitucionales tendentes hacía la misma se muestran aún alejadas de la práctica. A día de hoy, la presencia de mujeres en los espacios de poder institucionales en los países de dichos arcos es testimonial, siendo la jerarquía patriarcal y el poder de los hombres el que asume los puestos de responsabilidad, las mujeres asumen un rol asistencial en la línea del rol socializado de cuidadoras. De esta forma, la figura de las primeras damas se constituye en torno a esta idea, cabe señalar no obstante que la identidad feminista y el sujeto activo de movilización social femenina es de suma importancia en dichos países en donde las ONG y asociaciones son capitaneadas por mujeres , mujeres que en torno a las luchas por los derechos y libertades de este colectivo están capitaneando su participación en la escena social, si bien aún no se ha producido una consecuencia directa de la misma en la vida política. Son, por lo tanto, estas democracias irreales o ficticias donde no se produce la igualdad y la equidad universalizada.

Estamos por lo tanto ante democracias con poca legitimidad, en las que la necesaria ampliación de la democracia en pos de una democracia paritaria completa permitiría un desarrollo democrático ampliado a todos los sectores que conforman la sociedad, incluyendo a las mujeres en igualdad real y legal.

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