Sánchez

La derecha (tanto PP como Ciudadanos) ha puesto en marcha su maquinaria de juego sucio para erosionar a Pedro Sánchez y obligarle a convocar elecciones de forma inmediata. El pasado mes de septiembre fue Albert Rivera quien utilizó una burda estratagema para tratar de colarle un gol al presidente. Era la sesión de control al Gobierno, la ministra Carmen Montón acababa de presentar su dimisión y Rivera había presentado una pregunta-trampa sobre la situación en Cataluña. Todo era un montaje. En el último momento el líder de Ciudadanos, saltándose burdamente el reglamento de la Cámara Baja, aparcó esa interpelación inicial y puso encima de la mesa el asunto de la tesis doctoral de Sánchez, que por lo visto era lo único que le interesaba en aquel momento al jefe de la formación naranja. Ese cambiazo ‒a todas luces irregular, ya que todo diputado que pretenda interpelar a un miembro del Gobierno en sede parlamentaria debe presentar con antelación una pregunta por escrito a la Mesa del Congreso‒, fue un acto de trilerismo político, un sabotaje reglamentario y en toda regla, una patada en la espinilla que dice muy poco del líder naranja y de sus actitudes supuestamente democráticas.

Hace apenas unas horas, el Grupo Popular en el Senado ha mostrado su disconformidad después de conocer que el presidente del Gobierno no comparecerá en la Cámara Alta para dar explicaciones sobre su tesis doctoral. Así, el senador Ignacio Cosidó ha asegurado, visiblemente contrariado, que si Sánchez no acude al Senado el PP propondrá una comisión de investigación “para que la primera persona que comparezca sea el presidente del Gobierno”. La negativa de Sánchez es la respuesta lógica de un presidente que ha dicho basta ya al juego sucio desplegado por las derechas y su prodigioso aparato de propaganda mediática, tal como ha manifestado en rueda de prensa el portavoz del PSOE, Ander Gil, quien ha añadido que “el tono del PP ha inclinado al Ejecutivo a no acudir por este asunto al Senado”. Además, según el portavoz socialista, PP y Ciudadanos han intentado forzar la situación para llevar al presidente “a rastras y de las orejas” al Senado. “Este Gobierno no acudirá ni de la solapa, ni de las orejas, ni a rastras, al lodazal que el PP quiere convertir esta casa”, ha dicho Gil.

El PP, cuando ha ejercido el papel de principal partido de la oposición, siempre se ha mostrado como un especialista en las zancadillas parlamentarias, el navajeo retórico y el filibusterismo político. La derecha cree que el país le pertenece por derecho propio y esa concepción patrimonialista del Estado lleva a sus representantes a saltarse los más elementales trámites del juego limpio democrático. Y así es como en los plenos del Congreso los señores de la bancada popular abroncan a los oradores, hacen palmas a destiempo, abuchean, tosen, murmullan, sacan pañuelos blancos, sueltan sonoras e irrespetuosas carcajadas y golpean con efusión en la madera de los escaños, para montar ruido y barullo, como si en lugar de en el Parlamento se encontraran en el tendido de una plaza de toros. Son las formas tabernarias, marrulleras, que suelen emplear en la contienda política, unas maneras que revelan un acusado déficit democrático, además de una mala educación sonrojante. La prepotencia, la soberbia, la trampa, el menosprecio cuando no el insulto, la chulería, la mentira, el bulo interesado, el exabrupto, la chanza con poca gracia y hasta la violencia verbal son rasgos primordiales de esa forma de hacer política de las derechas españolas desde los tiempos de la CEDA. Ellos se escudan en que semejantes tácticas de acoso y derribo forman parte de la antigua tradición parlamentaria anglosajona, pero más bien parecen copiadas del congreso de Núremberg de 1933, donde se estudió a fondo el poder de persuasión de la propaganda nazi. Allí quedó patente que la democracia no era un fin en sí mismo sino solo el medio para conseguir el objetivo, que no era otro que tomar el poder a toda costa y a cualquier precio. Una vez alcanzada la misión, la democracia ya no sirve y debe ser eliminada.

Tan interiorizado tienen las gentes de la derecha española que la política es un deporte pugilista y violento ‒donde no cabe el guante blanco y donde se trata de aplastar al contrincante por KO‒, que ya no distinguen si el enemigo es el partido rival o uno de los suyos. Ese “todo vale” para alcanzar el objetivo que tan irresponsable y alegremente utilizan sus señorías quedó en evidencia durante las pasadas primarias del PP, cuando se airearon los dosieres, las escuchas, los informes, los espías de uno y otro candidato. Fue un festival bochornoso de mugre y zafiedad. Si entre ellos mismos no respetan el juego limpio, cómo van a hacerlo con aquel socialista al que pretenden derrocar a toda costa.

De modo que por una vez Sánchez ha dicho no al barrizal en el que el PP y Ciudadanos se mueven como peces en el agua (más bien como pirañas). Y bien dicho está.

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1 Comentario

  1. La derecha española es una derecha retrograda, cavernícola, sin interés alguno en el bienestar de la nación, solo están interesados en la rapiña, son buitres.

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