Muchas han sido las voces que se han pronunciado estos días al respecto de las negociaciones con Theresa May y con los miembros de la UE sobre el acuerdo para la salida de Reino Unido. España, concretamente, ha aumentado el nivel de tensión en la contienda poniendo la soberanía de Gibraltar sobre la mesa. Y de hecho, se ha llegado a dar a entender que España ejercería su derecho de veto en la reunión que tuvo lugar el pasado domingo para aprobar el acuerdo relativo al Brexit. Sin embargo, ante las manifestaciones realizadas por distintos líderes internacionales, así como por funcionarios de la propia UE, cabe preguntarse si realmente España tenía posibilidad de ejercer derecho de veto, si podría haber impuesto su planteamiento sobre Gibraltar y si realmente ha tenido éxito en su órdago con los británicos.

Contexto: El acuerdo firmado en Bruselas el pasado domingo no satisface en Reino Unido

El acuerdo de Theresa May sobre el Brexit fue aprobado el pasado domingo por los 27 países de la UE, pero el camino que se abre ahora es complicado. Según los expertos en la materia, todos coinciden en considerar que Reino Unido se encuentra ahora mismo en una encrucijada. La cuestión se plantea en que si se avanza en las circunstancias actuales, habrá tensión en aumento y, esto además genera cada vez más ruptura entre las posturas dentro de Reino Unido.

Theresa May está ahora mismo siendo cuestionada desde los conservadores euroescépticos y también desde los laboristas. Consideran que ha sido demasiado blanda en las negociaciones con Bruselas.

El lider de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, ha reprochado a May los arreglos de última hora acordados con Bruselas . Ya ha anunciado el voto en contrae por parte del Partido Laborista, que cuenta con 257 diputados, (al igual que han hecho los 315 diputados del partido conservador y los 10 diputados del partido democrático unionista (DUP), porque considera que el acuerdo ha sido muy chapucero y es negativo para el país. Y le ha sugerido que negocie un plan b, que consiga la permanencia en la Unión Audianera y en el Mercado Interior, así como el acatamiento de los estándares y reglas medioambientales de la UE, que van justo en contra de lo que May asegura haber pactado.

Hasta los diputados laboristas favorables al Brexit han anunciado su rechazo al pacto acordado en Bruselas el pasado domingo. A la cabeza está Kate Hoey, que ha criticado duramente a May. Y en este sentido, otro laborista, Keir Starmer, ha señalado que si el Parlamento bloquea el acuerdo el próximo 11 de diciembre, la única alternativa será “la extensión del artículo 50” para renegociar el acuerdo y retrasar así la fecha prevista de salida, que estaba anunciada para el próximo 29 de marzo de 2019.

Incluso se habla de la posibilidad de repetir el referéndum o de adelantar elecciones.

May sostiene haber mantenido firme su postura y no haber cedido en nada respecto a las exigencias de España sobre Gibraltar. Ha manifestado que el acuerdo alcanzado respeta los tres requisitos básicos que reclaman los británicos:

– Recuperar el control de las fronteras y acabar con la libertad de movimientos

– Controlar el uso de sus finanzas

– Controlar sus propias leyes

Sin embargo no ha sido entendido así por los partidarios del Brexit, que aseguran que la declaración sobre la futura relación con la UE es una “rendición”, ya que mientras el acuerdo de retirada es vinculante, los acuerdos sobre las relaciones futuras son meramente una declaración de intenciones, una “promesa de promesa”. La conservadora Priti Patel ha manifestado que “Todo lo que quería obtener la Unión Europea de las negociaciones ha quedado plasmado en el acuerdo de salida, que es un tratado internacional legalmente vinculante. Lo que quería el Reino Unido está en una declaración no vinculante y sin significado. Y nos ha costado 39.000 millones de libras”.

Simon Clarke, euroescéptico, señaló al respecto que “la declaración política tiene buenas intenciones, pero al final es un conjunto de palabras sin aplicación. Esta declaración es una rendición por parte del Gobierno”. Y en esta misma línea se ha manifestado el tory Ranil Jayawardena, que considera que “en lugar de retomar el control, estamos cediéndolo en una enorme cantidad de nuestras políticas sociales y económicas”. Y va más allá: “Este acuerdo evita que obtengamos los beneficios del BRexit, mientras que nos deja atados a las peores partes de la UE”.

Esta misma semana, Theresa May comienza una gira por los territorios clave de Reino Unido como Escocia, Gales o Irlanda del Norte.

Gilbraltar como elemento fundamental entre España y Reino Unido

Pedro Sánchez ha intentado transmitir la idea de haber conseguido un gol con la cuestión de Gibraltar. La posición de España es una posición muy débil dentro de la UE, y ha perdido una ocasión histórica para defender la soberanía de Gibraltar, que cuenta, según expertos como Guillermo Rocafort, con documentos de Naciones Unidas, que constatan su condición de colonia.

El Presidente de España ha sido beligerante estos días con Reino Unido y ha dado a entender a la opinión pública que ejercería su “derecho de veto” en la reunión que tendría lugar el pasado domingo. Un derecho que, según los expertos, no existe, puesto que el acuerdo no necesitaba contar con el apoyo de España, y quien, sin lugar a dudas, no contaba en esta ocasión con posibilidad de vetar nada. La decisión que se acordó el pasado domingo no requería de unanimidad, sino de mayoría cualificada, lo que suponía contar con el apoyo de 20 de los 27 estados miembro.

A pesar de esta cuestión, del hecho de que España se posicionase en contra del borrador del acuerdo, y que así lo anunciase de manera muy abrupta el pasado jueves, lo cierto es que si España hubiese votado que no, habría quedado en evidencia, puesto que su voto en contra no habría cambiado en absoluto el resultado final. Y es que España no era indispensable en la toma de decisión sobre el acuerdo del Brexit, por mucho que el Presidente Sánchez así haya querido dar a entender a la población española.

¿Qué habría pasado si España se hubiera posicionado en contra el pasado domingo? Pues que se habría desmarcado de los demás países que habían decidido mostrarse unidos. Porque, aunque solamente es necesario que voten los miembros que representen al 65% de la población europea, se ha buscado en todo momento una imagen de unidad de todos los Estados Europeos. Para tratar de aguantar este duro golpe que está recibiendo la UE desde Reino Unido.

Si España hubiera votado en contra habría perdido también todo su relato en España, pues habiendo querido dar a entender que Gibraltar era una cuestión relevante para la negociación del Brexit, donde España quería dar a entender que tenía algo que decir, lo cierto es que no es así. Gibraltar es una cuestión que May no le resulta de tanta gravedad, puesto que es consciente de la debilidad de España en el ámbito internacional, así como de la situación del Peñón, que viene siendo considerado por normas internacionales como una colonia. Por eso, si bien se ha reconocido que siempre se hablará con España para cualquier cuestión que tenga que ver con Gibraltar, también lo es, que May ha dejado claro que Gibraltar es soberana, y que además, no iba a ser un punto a tener en consideración para el acuerdo del Brexit.

Hoy acabamos de conocer la noticia en primicia que ha dado el diario ABC (El gobierno británico desmiente a Sánchez: “No hay duda alguna respecto a la soberanía británica sobre Gibraltar”. “España no ha conseguido lo que quería”.

El parlamento británico ha de aprobar el próximo 11 de diciembre el acuerdo del Brexit pactado con Bruselas.

La fecha fijada para el abandono definitivo de Reino Unido es el 29 de marzo.

 

El acuerdo firmado en Bruselas el pasado domingo no satisface en Reino Unido

El acuerdo de Theresa May sobre el Brexit fue aprobado el pasado domingo por los 27 países de la UE, pero el camino que se abre ahora es complicado. Según los expertos en la materia, todos coinciden en considerar que Reino Unido se encuentra ahora mismo en una encrucijada. La cuestión se plantea en que si se avanza en las circunstancias actuales, habrá tensión en aumento y, esto además genera cada vez más ruptura entre las posturas dentro de Reino Unido.

Theresa May está ahora mismo siendo cuestionada desde los conservadores euroescépticos y también desde los laboristas. Consideran que ha sido demasiado blanda en las negociaciones con Bruselas.

El lider de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, ha reprochado a May los arreglos de última hora acordados con Bruselas . Ya ha anunciado el voto en contrae por parte del Partido Laborista, que cuenta con 257 diputados, (al igual que han hecho los 315 diputados del partido conservador y los 10 diputados del partido democrático unionista (DUP), porque considera que el acuerdo ha sido muy chapucero y es negativo para el país. Y le ha sugerido que negocie un plan b, que consiga la permanencia en la Unión Audianera y en el Mercado Interior, así como el acatamiento de los estándares y reglas medioambientales de la UE, que van justo en contra de lo que May asegura haber pactado.

Hasta los diputados laboristas favorables al Brexit han anunciado su rechazo al pacto acordado en Bruselas el pasado domingo. A la cabeza está Kate Hoey, que ha criticado duramente a May. Y en este sentido, otro laborista, Keir Starmer, ha señalado que si el Parlamento bloquea el acuerdo el próximo 11 de diciembre, la única alternativa será “la extensión del artículo 50” para renegociar el acuerdo y retrasar así la fecha prevista de salida, que estaba anunciada para el próximo 29 de marzo de 2019.

Incluso se habla de la posibilidad de repetir el referéndum o de adelantar elecciones.

May sostiene haber mantenido firme su postura y no haber cedido en nada respecto a las exigencias de España sobre Gibraltar. Ha manifestado que el acuerdo alcanzado respeta los tres requisitos básicos que reclaman los británicos:

– Recuperar el control de las fronteras y acabar con la libertad de movimientos

– Controlar el uso de sus finanzas

– Controlar sus propias leyes

Sin embargo no ha sido entendido así por los partidarios del Brexit, que aseguran que la declaración sobre la futura relación con la UE es una “rendición”, ya que mientras el acuerdo de retirada es vinculante, los acuerdos sobre las relaciones futuras son meramente una declaración de intenciones, una “promesa de promesa”. La conservadora Priti Patel ha manifestado que “Todo lo que quería obtener la Unión Europea de las negociaciones ha quedado plasmado en el acuerdo de salida, que es un tratado internacional legalmente vinculante. Lo que quería el Reino Unido está en una declaración no vinculante y sin significado. Y nos ha costado 39.000 millones de libras”.

Simon Clarke, euroescéptico, señaló al respecto que “la declaración política tiene buenas intenciones, pero al final es un conjunto de palabras sin aplicación. Esta declaración es una rendición por parte del Gobierno”. Y en esta misma línea se ha manifestado el tory Ranil Jayawardena, que considera que “en lugar de retomar el control, estamos cediéndolo en una enorme cantidad de nuestras políticas sociales y económicas”. Y va más allá: “Este acuerdo evita que obtengamos los beneficios del BRexit, mientras que nos deja atados a las peores partes de la UE”.

Esta misma semana, Theresa May comienza una gira por los territorios clave de Reino Unido como Escocia, Gales o Irlanda del Norte.

Gilbraltar como elemento fundamental entre España y Reino Unido

Pedro Sánchez ha intentado transmitir la idea de haber conseguido un gol con la cuestión de Gibraltar. La posición de España es una posición muy débil dentro de la UE, y ha perdido una ocasión histórica para defender la soberanía de Gibraltar, que cuenta, según expertos como Guillermo Rocafort, con documentos de Naciones Unidas, que constatan su condición de colonia.

El Presidente de España ha sido beligerante estos días con Reino Unido y ha dado a entender a la opinión pública que ejercería su “derecho de veto” en la reunión que tendría lugar el pasado domingo. Un derecho que, según los expertos, no existe, puesto que el acuerdo no necesitaba contar con el apoyo de España, y quien, sin lugar a dudas, no contaba en esta ocasión con posibilidad de vetar nada. La decisión que se acordó el pasado domingo no requería de unanimidad, sino de mayoría cualificada, lo que suponía contar con el apoyo de 20 de los 27 estados miembro.

A pesar de esta cuestión, del hecho de que España se posicionase en contra del borrador del acuerdo, y que así lo anunciase de manera muy abrupta el pasado jueves, lo cierto es que si España hubiese votado que no, habría quedado en evidencia, puesto que su voto en contra no habría cambiado en absoluto el resultado final. Y es que España no era indispensable en la toma de decisión sobre el acuerdo del Brexit, por mucho que el Presidente Sánchez así haya querido dar a entender a la población española.

¿Qué habría pasado si España se hubiera posicionado en contra el pasado domingo? Pues que se habría desmarcado de los demás países que habían decidido mostrarse unidos. Porque, aunque solamente es necesario que voten los miembros que representen al 65% de la población europea, se ha buscado en todo momento una imagen de unidad de todos los Estados Europeos. Para tratar de aguantar este duro golpe que está recibiendo la UE desde Reino Unido.

Si España hubiera votado en contra habría perdido también todo su relato en España, pues habiendo querido dar a entender que Gibraltar era una cuestión relevante para la negociación del Brexit, donde España quería dar a entender que tenía algo que decir, lo cierto es que no es así. Gibraltar es una cuestión que May no le resulta de tanta gravedad, puesto que es consciente de la debilidad de España en el ámbito internacional, así como de la situación del Peñón, que viene siendo considerado por normas internacionales como una colonia. Por eso, si bien se ha reconocido que siempre se hablará con España para cualquier cuestión que tenga que ver con Gibraltar, también lo es, que May ha dejado claro que Gibraltar es soberana, y que además, no iba a ser un punto a tener en consideración para el acuerdo del Brexit.

Hoy acabamos de conocer la noticia en primicia que ha dado el diario ABC, donde hace pública la carta que el embajador británico ante la UE, Tim Barrow, envió al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk y al de la Comisión, Jean Claude Juncker, en la que desmiente con rotundidad las manifestaciones que han venido realizándose por parte del presidente del gobierno Pedro Sánchez estos días.

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2 Comentarios

  1. Hay una cosa que conviene no olvidar, y es que Pedro Sánchez – que para mi entender es otro de los burgueses que dirigen el partido socialista – ha hecho algo que todos critican pero nadie hasta hoy se hubo atrevido, que es poner sobre la mesa el espinoso asunto de Gibraltar en un foro internacional. Además será inútil esa reivindicación con la jefatura del estado en manos borbónicas, o los que capitularon en el tratado de Utrech, creo recordar. Si yo fuese el interlocutor de el reino Unido le diría:
    Mi compromiso será efectuar un referendo sobre la soberanía de Gibraltar en el peñon si ustedes lo hacen en Cataluña y Euskadi. O algo más próximo a la realidad : tengan ustedes cuidado al no retirar el veto porque nosotros podemos ser muy beligerantes en la ONU y pueden salir esquilados.

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