En el Valle de los Caídos enterraron a un republicano anónimo pero que se parecía suficientemente al inmortal dictador: es sorprendente cómo quienes le odiaban y temían se preocupan de mantenerle vivo, en el candelero de la actualidad.

ODIOS SORDOS es una obra de teatro escrita por la debutante Melania Sebastian y dirigida por el siempre interesante Fermín Cabal, que parte de la premisa -no absolutamente imposible- con la que hemos comenzado este artículo. Y decimos no absolutamente imposible porque a Francisco Franco Bahamonde El Generalísimo y Caudillo de España por la gracia de Dios le mantuvieron vivo artificialmente muchos días, o eso se dice, y no es imposible que su cuerpo estuviera en un estado imposible de dejar presentable para la capilla ardiente hasta para el maquillador de la Pantoja.

Posible o imposible es una idea brillante y divertida, y sobre ella se apoya ODIOS SORDOS, que se estrenó en un lugar interesantísimo que recomiendo a cualquiera que pase por Mad Madrid: Los Teatros Luchana.

El Luchana fue un cine, luego fue minicines, y ahora es un cuarteto de salas de teatro, muy presentables, de las que entran y salen actores y actrices (me gusta la palabra actriz, sería bonito que también se pudiera ser actrizo) desde primera hora de la mañana hasta la noche. Catorce obras diarias. Fantástico y fabuloso.

Como fantástica y fabulosa, muy entretenida, es la obra de Melania Sebastian; interesantísimo como trata al único personaje masculino interpretado por Chema de Miguel, y fantásticas y fabulosas están las dos mujeres, las actrices, que llevan el peso de la obra: Gloria Villalba (torrencial) e Isabel Torrevejano (qué poderío).

Una obra para no dejar escapar, en particular para aquellos espectadores que aún experimentan la magia de volver a sentir jóvenes y más vivos recordando aquella época, terrible pero también maravillosa, en la que cualquier persona de España de pensamiento progresista tenía un solo enemigo: Francisco Franco. Se echa de menos en la época actual un enemigo, un malo, tan claro; ahora sólo hay mindundis y gofers que en cuanto llegan a un cargo lo primero que hacen es meter las manos en los bolsillos de todos los abrigos.

Otro burbon, por favor.

 

Tigre tigre.

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