Vivimos tiempos de cambio, de un ciclo de transformación que afectara de manera directa al homo sapiens en esa evolución del mismo y de divergencia  como especie, de diseño de sociedad conformada por quienes tendrán la posibilidad de abrazar la religión científica del transhumanismo inmortal y quienes quedaran anclados en la mortal y finita realidad del ser humano no evolucionado.  Diferencia evolutiva y divergencia, que sin lugar pondrá en jaque los criterios más básicos de la igualdad o la democracia en ese devenir permanente de tecnorevolución y bioingeniería que marcara el siglo XXI como un punto de no retorno en la evolución de la propia especie humana.

Tal vez, el motor de esa innovación e investigación que hoy nos lleva a las fronteras propias del desafío evolutivo y de la creación en sí misma respondan a esas ansias a no morir que como especie perseguimos desde el principio de los tiempos  venciendo a la fragilidad del cuerpo en un permanencia infinita e indefinida, desafiando así a la propia mortalidad y persistiendo en nuestro propio ser inalterable al paso del tiempo, palabras estas sobre las que ya reflexionaba Miguel de Unamuno en esa España del principios del Siglo XX y que hoy parecen escritas por quienes lanzan las proclamas transhumanistas en Silicon Valley o el MIT.

Lo cierto y verdad , es que hoy por primera vez nos enfrentamos como sociedad a una revolución, la cuarta, que cambiará los pilares fundamentales de los sistemas de producción económica, de relación social y de convivencia, pero también de manera fundamental en lo que a la evolución como especie se refiere. Siendo este uno de los nudos gordianos a los que como generación deberemos dar respuesta.

Ya es un hecho incuestionable que en los próximos cincuenta años el freno al envejecimiento celular y la regeneración de órganos en relación a la degradación del tiempo será una realidad a través de  la intervención a nivel celular , avance que nos permitirá hacer de la longevidad temporal del ser humano un hecho en una sociedad biotecnológica que podrá vencer a la muerte cerebral a través no sólo de estas técnicas ,sino de otras como la criptobiosis o la conservación de la información cerebral o de la conciencia del ser que harán que la épica de Gilgamesh y su deseo de transcender a la inmortalidad sea una realidad.

En este campo en el que la nanotecnología y la biotecnología servirán para la mejora del ser humano en una nueva evolución que dejará atrás al homo sapiens para dar paso al post homo sapiens . Un ser humano aumentado como señala el profesor de la Singularity University Jose Luis Cordeiro que verá como sus capacidades físicas y mentales permitirán el desarrollo de procesos de innovación y vivenciales más allá de la limitación temporal de la propia muerte.

Pero frente a este realidad, surgen como no puede ser de otra forma desafíos y retos que tocará enfrentar . El primero de ellos, el del acceso a la innovación y los avances médicos, existiendo aquí dos caminos opcionales y con consecuencias diametralmente diferentes: el de la universalidad de los avances que harán que ese posthumanismo sea generalizado y compartido por una sociedad como la nuestra o el de la limitación en el acceso a estos a través de criterios de selección económica o de estamento social, algo que de producirse nos llevaría de manera inequívoca  a la colisión y al conflicto.

No menos tranquilizadora es la primera opción , esa es la que la longevidad permanente como todo sueño de superación a la muerte conllevará de manera directa a un mundo con mayor sobrecarga de población que aglutinada en grandes metrópolis consumirán de manera permanente los recursos de la tierra.  Siendo este otro escenario en el que la colonización de otros planetas, el impulso a la economía circular y sostenible, la gestión de la natalidad , la innovación en los cultivos y la producción agroalimentaria  o el freno al cambio climático se muestran como incógnitas a responder de manera urgente para evitar el colapso de una civilización como fruto de su  propia evolución.

En definitiva, nos adentramos en mares de cambios , de profundas transformaciones no vividas nunca como especie en las que los secretos de genoma humano ya desvelados , el impulso a la investigación cerebral que permitirá el uso y utilización de partes del cerebro hoy inexploradas , el fin del trabajo manual y el empleo mecánico  por la robotización o la necesaria colonización del sistema solar como oportunidad de desarrollo de la especie serán caminos por los que transitaremos con el corolario de la batalla ganada a la muerte como seña de identidad. Si bien estará por ver si el progreso llevará aparejo el bienestar como especie o las tinieblas del conflicto y la diferenciación por primera vez en la historia en una nueva creencia fascista genetista entre quienes transcenderán en la evolución y quienes serán condenados a la falta de la misma.  El tiempo lo dirá.

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