Fernando Blanco con su hija.

La historia de Fernando Blanco, el padre de Nadia, quien durante años a través de la fundación recopiló cuentas millonarias para supuestamente curar los tratamientos y operaciones de la pequeña que sufría una rara enfermedad, es la del padre coraje al que desde ayer se le juzga como timador sin escrúpulos.

Los medios de comunicación apoyaron, en principio, a Fernando Blanco y su familia. Mientras permitía que se fotografiase a la pequeña y él recorría los platós donde consiguió su minuto de gloria y que la gente de buena fe, incluidos muchos periodistas, apoyaran su causa.

Hoy la historia es bien distinta. Y es que desde ayer Fernando Blanco, acusado junto a su mujer, Margarita Garau, de quedarse 1,1 millón de euros en donativos para tratar a su hija Nadia de una enfermedad rara, ha asegurado en la primera sesión del juicio celebrado en la Audiencia de Lleida que la niña corre aún un “riesgo inminente de muerte”.

Blanco ha afirmado igualmente que antes de crear la fundación con la que supuestamente cometieron el fraude, él mismo había sufragado diversos tratamientos y operaciones, a los que Nadia habría sido sometida en hospitales tanto nacionales como internacionales, para tratar de mejorar su calidad de vida y, en la medida de lo posible, alargársela.

Tras asegurar que su esposa no tiene ninguna responsabilidad en los hechos, Blanco trata de sembrar la duda ante un tribunal mientras ya ha sido condenado por la opinión pública.

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