Y es en la noche -tigre, tigre- cuando el español volador se olvida de su edad, de sus triunfos y también de los sinsabores pasados. Es en la noche, en la noche de Le Mans, cuando Fernando Alonso se sube al Toyota número 8. Hace una hora que pasó la medianoche, ha estado durmiendo, cómo había planeado -su enorme fuerza de voluntad y control sobre sí mismo- y no necesita preguntar: las caras a su alrededor primero, las pantallas después, es evidente que la carrera no está yendo como sería de desear. Sus compañeros de equipo, los pilotos del monoplaza número 7, les sacan dos minutos.

No duda, no flaquea, para eso está él, Fernando Alonso, en Le Mans, para demostrar de lo que es capaz: Born to run.

La noche es una sonrisa infinita y cómplice, para él, con él. Nunca ha competido de noche, de noche cerrada y a la hora de dormir: es su primera vez. No hay nada como una primera vez. Por eso no tiene ninguna edad cuando se desliza en el interior de la cabina del Toyota número 8; ya saliendo del pit lane sabe que lo va a conseguir. En cuanto el limitador de velocidad se desconecte, va a comenzar a volar, a seducir desniveles y bordillos para que le sean propicios y le permitan ir más rápido, muy rápido, más rápido que el coche que tiene delante y es exactamente igual. Igual la máquina, el alma no, el alma es otra, el alma es la de Fernando Alonso, nacido para la leyenda y la inmortalidad; y esta es su gran ocasión. Aunque no piensa en ello, no piensa en nada, se ha transformado en velocidad: las curvas le esperan expectantes y sorprendidas, le aplaudirían, si las curvas supiesen aplaudir; y quizá sí saben.

Adelanta coche tras coche Fernando Alonso sin vacilar ni una sola vez. Y van cayendo los segundos. Dos por vuelta, tres. Van cayendo los segundos. Otros dos, otros tres segundos. La noche y la velocidad. Le brillan los ojos al español volador tanto o más que los faros de su Toyota TS050 Hybrid, el robot con corazón de 1000 CV.

Todos los pilotos que esperan turno, todos los mecánicos de todos los equipos, todos los comentaristas del mundo entero, le siguen y hablan de él, sobre lo que está haciendo, logrando, incrédulos y fascinados, durante las tres horas seguidas en las que, en medio de la noche, permanece al volante. Primero se mira a Alonso, a Fernando Alonso primero, y luego lo demás.

Y caen los segundos.

Más segundos.

Cae el primer minuto.

Los pies bailando felices con el freno y el acelerador. Volando. Fernando Alonso el español volador.

“Por mí no va a quedar, haré cuanto sea necesario hacer”

El Toyota ama a Alonso y se ha fusionado con él. Son un híbrido: 51% hombre, 49% máquina.

Medio minuto más. Ha recortado medio minuto más. Pechito López lo siente crecer, hacerse grande detrás de él, y aunque da lo mejor de sí mismo nada puede hacer para evitarlo. Fernando Alonso es una estrella atravesando a toda velocidad el firmamento del circuito de Le Mans.

Y a partir de ahí, Dios y los dioses permiten que suceda lo demás. Nakajima, contagiado de ambición, fe e inmortalidad, y convertido en un cohete -I´am a Rocket- adelanta a Kobayashi; faltan siete horas y treinta minutos de carrera.

Conway lo intentará, pero el coche número 8 está embrujado, tocado por los dedos del Gran Hacedor, y ya no va a fallar.

Toyota gana las 24 horas de Le Mans, Fernando Alonso gana las 24 horas de Le Mans, una carrera tan grande en sí misma como un mundial entero de F1.

Después de todos los años de sufrimiento, primero con Ferrari y luego con McLaren, Fernando Alonso demuestra que un guerrero no deja jamás de luchar, ni siquiera cuando medio mundo le da por acabado. Porque se puede estar muerto y resucitar, como lo hizo Fernando Alonso, esa leyenda viva, en el año 2018 cuando se subió a lo más alto del podium del podium más alto que nadie pueda imaginar: el de las 24 horas de Le Mans.

Ya siempre se hablará de él. Ya nunca se le olvidará.

 

Tigre tigre.

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4 Comentarios

  1. Esa era la idea, gracias Joseba.
    No es únicamente una crónica deportiva, que también, sino una historia humana, en la que Fernando Alonso es el protagonista y por lo tanto todo pivota en torno a él.

  2. No se de carreras, ni de formulas uno, ni nada que tenga que ver con los coches, pero el artículo me emociona. Has conseguido, primo, que me meta en la piel de Alonso y note como las curvas”me aplauden” (me encanta esa frase). Impresionante como siempre.
    Un beso Javier

  3. Gran Fernando. Muy denostado en los últimos tiempos por su falta de resultados continuados. Gran piloto. Enhorabuena. Has resucitado de tus incipientes cenizas. Seguro que esto será el inicio de un futuro apasionante. Te lo deseamos. Te lo reclamamos todos los entusiastas del motor de cuatro y de dos ruedas. Estás en tu reafirmación personal. Tu decisión personal de ganar Le Mans es la prueba más sólida que te esperan días de gloria sin lugar a ninguna duda.

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