Pero ya no hay lluvia cuando el piloto-leyenda se sube al Toyota número 8. Ya no hay lluvia y la carrera está prácticamente perdida.

Cuatro horas antes parecía que estaba hecho, que el equipo formado por Nakajima, Buemi y Alonso, saliendo desde la pole iba a comerse a todos sus rivales, también a los del coche hermano, el número 7. Y lo sigue pareciendo cuando comienza la carrera y bajo la lluvia vuela el Coche Número Ocho, el coche con el que Fernando Alonso sueña con resarcirse de tantos años ya de dureza y frustraciones en el mundo de la F1 donde destronó al único piloto que ha ganado 7 títulos mundiales: Schumacher.

Parecía, pero un safety car, la lluvia que se cansa de caer sobre Fuji, Jonson Button liderando durante una pequeña vuelta la carrera, la rabia que Conway, la estrella del coche hermano: el Toyota número 7, pone al conducir su monoplaza. Y la victoria se va, pero se mantiene el liderato. El equipo de Alonso, y por tanto el Piloto-Leyenda, siguen los primeros en la supertemporada del mundial de resistencia en la que cabrá dos veces la más mítica de las carreras: Las 24 horas de Le Mans.

Mientras tanto, y de nuevo en Asia y en tan solo tres semanas Fernando Alonso volverá a tener otra oportunidad para brillar como sueña, desea y se merece en Shangai; y antes de que esto suceda participará en dos de sus probablemente últimas carreras en la F1: Estados Unidos y México.

Desde Las Almas y la F1continuamos siguiendo su hazaña personal alternando los dos campeonatos, admirando su espíritu indomable que no le permite rendirse, hasta el punto de que -pensamos- Fernando Alonso no sabría rendirse, ni aunque quisiera.

Otro burbon, por favor.

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