El término “cliché” hace referencia a la frase, acción o expresión que se ha utilizado tantas veces, que ya ha perdido su significado primitivo, quedando como una idea comodín, laxa o una expresión sin fuerza. De manera que, cada vez que acudimos al cliché, empobrecemos nuestro texto y evidenciamos una falta notable de imaginación. Según Lázaro Carreter, “se tratan de formaciones fijas que apesadumbran las oraciones, haciéndolas tópicas e irrelevantes”. En este sentido, abundan las comparaciones cliché. Ejemplos:

Hay que huir de ese sitio como de la peste. / Federico está todo el día en la playa tostándose como un lagarto al sol. / Caminaba meditabundo como alma en pena. / Tiene más conchas que un galápago / Aquel peluquín le sentaba como a un santo dos pistolas. / Lo timaron como a un chino. / Eso le venía como anillo al dedo. / El restaurante estaba lleno hasta la bandera. / En un momento se quedó como Dios lo trajo al mundo. / Salió de la iglesia como alma que lleva el diablo. / trabajaba como un negro / Arder en deseos / aspirar profundamente / baño de multitudes, etc. 

¿Y estos clichés del cine de acción? ¿Te suenan?: ¿Sabes pilotar este trasto? / Dame una razón por la que no deba matarte ahora mismo. / Oh, vaya, parece que tenemos compañía. / Es hora de divertirse. / Creo que necesito un trago. / Mike… Creo que deberías ver esto / ¿Estás pensando lo mismo que yo? / Escúchame porque sólo lo diré una vez. ¿Entiendes? / ¡Rápido! Siga a ese coche. / No intente ponerse en contacto con nosotros. Seremos nosotros quienes nos pondremos en contacto con usted. / Déjamelo a mí. Tengo un plan…

Por supuesto, no debes confundir al cliché con la frase hecha, que es una expresión con sentido figurado y un uso muy extendido en todos los países de lengua castellana. A diferencia del cliché, la frase hecha posee bastante valor sociocultural, aunque también has de utilizarla con cuenta gotas (¡toma frase hecha!). Fundamentalmente en los diálogos de tus personajes. He aquí algunos: A bocajarro, bajar la guardia, quien avisa no es traidor, mala hierba nunca muere, meter la pata, tener mala uva, la gota que colma el vaso, estar más fresco que una lechuga, tener la mano muy larga, hacer borrón y cuenta nueva… La lista es infinita.

Cuidado también con las palabras “baúl”. Menos conocidas que las frases hechas y los clichés, pero igual de nocivas. La palabra baúl es aquella que posee un significado tan general, que puede servir para casi todo; con lo que apenas significa algo. Por ejemplo: cosa, hacer, estar, haber, hallarse, poner. Seguro que alguna vez habrás escrito un párrafo así:

“Delante de la casa hay un jardín bien cuidado, con dos árboles situados a la entrada. Está construida con ladrillos rojos, que ponen una nota de color en medio del campo terroso. Por la parte de atrás, se ve un viñedo que se extienden por la loma. Los sarmientos no tienen hojas. Antes había pinos, pero los dueños creyeron que no eran rentables, y los sustituyeron por vid”.

Si quieres dotar al párrafo de una mayor calidad literaria, sustituyamos tales vocablos anodinos por otros con más significado.

“Se llega a la casa por un jardín bien cuidado; los árboles flanquean la entrada. Sus ladrillos rojos contrastan vivamente con el color terroso del campo. A sus espaldas, un viento trepa por la loma con los sarmientos ahora desnudos. Sustituyó a un pinar, que no pareció rentable a los dueños”.

Para evitar los clichés debes hacerte las siguientes preguntas:

-¿Qué quiero decir realmente?

-¿Cómo lo podría expresar de la manera más natural, limpia y precisa?

-¿Qué impresión personal me causa ese hecho y a qué lo podría comparar?

En definitiva, evitarás el cliché, la frase hecha, la palabra “baúl”, escribiendo siempre con tu propia voz. Piensa que no por decir lo que otros dicen, lo dirás mejor.

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