Dentro de las disfunciones sexuales hay que hacer un apartado especial para aquellas que se dan la cara al inicio de la relación sexual. Os hablo de los Trastornos de la Excitación Sexual, que van a darse tanto en hombres como en mujeres.

Hablar de Trastornos de la Excitación Sexual puede que, a la mayoría, os suene poco común. Sin embargo, son los que mayor prevalencia tienen en la población. Son, principalmente, 2:

  • Disfunción eréctil en hombres.
  • Falta de lubricación vaginal en mujeres.

Quizás, ahora que hemos llamado a las cosas por su nombre, os suenen más.

¿Por qué ocurren?

La disfunción eréctil se clasifica como un problema urológico, dándole una visión totalmente médica y desterrando las variables psicológicas que pueden estar ocasionando, manteniendo o agravando el problema.

Consiste en la incapacidad de lograr o mantener una erección firme como para conseguir una relación sexual satisfactoria – ya sea autoestimulación o coito – de forma repetida. Sin embargo, esta definición nos da una visión bastante sesgada de este trastorno, ya que no hace falta tener una erección rígida para poder disfrutar sexualmente e, incluso, se puede llegar al orgasmo con el pene en situación de semitumescencia.

Además, vulgarmente, se le ha dado el nombre de impotencia sexual, lo que ha dado un matiz negativo y cargado de prejuicios en torno a la figura masculina dentro de la relación sexual de pareja.

Culturalmente, aunque dicen que la cosa está cambiando, se daba al hombre la potestad de iniciar, mantener y finalizar el acto sexual, junto con la idea de que se trataba de concebir, no de disfrutar. La mujer parecía no tener papel en todo esto de obtener placer a través del sexo. De esta manera, un hombre que padecía una disfunción eréctil pareciera que perdía su capacidad de “ser hombre”. Y, aunque pesa menos, esta concepción sigue presente en el siglo XXI y es la principal variable psicológica de mantenimiento del problema.

Las causas, por su parte, pueden ser muy variadas dentro del terreno orgánico; entre ellas, lesiones urológicas, factores endocrinos, enfermedades de transmisión sexual, trastornos circulatorios,… o, incluso, la medicación que se usa para tratar estas patologías.

En el terreno psicológico, igualmente, numerosos pueden ser los factores que lleven a desarrollar una disfunción eréctil, como el estrés elevado, la ansiedad, depresión, miedos,… Estaríamos hablando, en todos los casos, de la aparición de ideas erróneas relacionadas con el acto sexual o con el éxito en el mismo.

Una de las situaciones que, comúnmente, nos encontramos en consulta los profesionales de la psicología va a ser la aparición de la disfunción eréctil después de haber sufrido un, llamémoslo, “acontecimiento sexual traumático” como, por ejemplo, la rotura del frenillo del prepucio – que duele y provoca sangrado abundante – o presenciar un excesivo sangrado tras la rotura del himen de la pareja sexual,… entre otras muchas situaciones que pueden ser consideradas como desagradables por quien las vive y que, además, se agravan cuando no hay excesiva confianza con la pareja sexual. Ello sería la causa de la aparición de ideas que dificultarían que hubiera una erección o los problemas de lubricación en la mujer.

En su caso, la falta de lubricación vaginal va a estar causada por factores muy similares a los que provocan la disfunción eréctil. Van a tener un papel fundamental los cambios hormonales, sobre todo los que se producen con la llegada de la menopausia.

En el terreno psicológico, igualmente, podemos encontrar los mismos factores que en el caso de los hombres. Sin embargo, el dolor que puede llegar a producir la penetración sin la adecuada lubricación vaginal, puede constituirse en causante de otros trastornos sexuales femeninos.

¿Qué hago para que deje de pasarme?

Si bien, en el caso de las mujeres, la falta de lubricación está empezando a verse de una forma más natural y existen numerosas alternativas a la lubricación natural, como geles y lubricantes, que facilitan la penetración y ayudan a la mujer a alcanzar una excitación mayor; en el caso de los hombres, sigue siendo un tabú y el tratamiento ha pasado por ser casi exclusivamente farmacológico desde que se desarrolló la famosa píldora azul, la Viagra, que ayuda a que se produzca una erección y a que ésta se mantenga. Eso sí, hay que tener cuidado con el uso de fármacos en ambos casos.

Lo más llamativo en el caso del género femenino es la escasa importancia e información que dan los medios y los profesionales médicos a los factores psicológicos, que quedan relegados al último plano y que, sin embargo, pasa por ser la principal razón por la que se inicia el problema.

Siempre, antes de iniciar un tratamiento farmacológico (ya sean pastillas, geles,…), un especialista médico debería realizar una correcta evaluación y diagnóstico. Con ello, en caso de que las causas no sean orgánicas, sería necesario la derivación del paciente al área de psicología y combinar el tratamiento farmacológico con la terapia, de manera que se la medicación se fuera retirando de forma progresiva.

Al igual que comentaba en el artículo sobre la anorgasmia (léelo aquí), las fases del tratamiento terapéutico son las siguientes:

  1. Autoobservación del cuerpo y los genitales.
  2. Autoexploración de los genitales.
  3. Localización de las áreas placenteras del cuerpo.
  4. Autoestimulación de zonas placenteras.
  5. Masturbación con o sin juguetes eróticos.
  6. Focalización sensorial no genital.
  7. Autoobservación, autoexploración y localización de áreas placenteras con la pareja.
  8. Masturbación en presencia de la pareja.
  9. Focalización sensorial genital.

Estas serán las “tareas para casa” que, siempre, deberán complementarse con el tratamiento de la sintomatología ansiosa o depresiva que estos problemas llevan asociados y que se hará en consulta. Así como el establecimiento de una correcta comunicación en la pareja y la psicoeducación sobre las diferentes formas de obtener placer en una relación sexual.

Y, como siempre puntualizo, mantener el problema en secreto sólo contribuye a que se mantenga y se agrave.


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