Desde la distancia y viendo las pocas voces (valientes y honorabilísimas, por cierto) que se han alzado en España en contra del ya famoso 155 y sus consecuencias, uno no deja de sorprenderle la desaparición casi absoluta –en esos parajes- de gente comprometida verdaderamente con la democracia, las libertades, la justicia y la República.

Por más que las siglas puedan aparentar lo contrario, lo cierto es que la inmensa mayoría prefiere vivir ajena a la realidad. Acomodada o acomplejada. Acrítica. Sin esperanza alguna. La reivindicación y defensa de los derechos, propios y ajenos, han quedado enterrados en el olvido. Prácticamente nadie quiere ya enfrentarse al poder y al statu quo. Casi nadie se atreve a condenar a quien no respeta los derechos más elementales. A quien ha hundido en la miseria a la amplia mayoría social del país. A quien ha decidido unilateralmente cuál es el grado de supuesta democracia que merece tener la ciudadanía.

Panem et circenses y pereza infinita. ¿Qué más da lo que les ocurra a los catalanes? “No son de los nuestros” ¿Acaso no lo tienen merecido?

Muy lejos quedan ya las experiencias vividas, con mis contemporáneos españoles, en la época del franquismo y de la transición; del juicio 1001; de conciertos reivindicativos; de huelgas universitarias; de manifestaciones; de mítines; de los asesinatos de Atocha; de tantas y tantas batallas por los derechos fundamentales; por el reconocimiento de los partidos; por la libertad de los presos políticos; por la amnistía; por el derecho de huelga; por el intento (sí, sí “intento”) de una Constitución democrática y abierta; por la desaparición de la pena de muerte; por …

Todo eso –en España- ya es humo. Ya no hay prácticamente gente que salga a la calle con el deseo, y la ilusión, de conquistar un mundo mejor. Un mundo más justo. Más solidario. Más ecológico y sostenible. Socialmente avanzado. Radicalmente democrático. Unos, se han perdido entre tanta ostentación; poder; ociosidad; puertas giratorias; burbujas de todo tipo y demás mezquindades y miserias. Los otros, lamentablemente arrasados por la vida misma. Hundidos por la crisis; la pérdida de valores; el engaño mediático; las burbujas (otra vez); la sacrosanta salvación de los bancos y por ser, en definitiva, carne de cañón de quienes siguen manteniendo a perpetuidad –desde hace siglos- el poder económico y político sobre el resto de españoles. Gente que ha utilizado (y sigue utilizando) las monarquías, las repúblicas, las “dictablandas” y las dictaduras (según sople el viento) en su exclusivo beneficio.

Todavía os creéis que tenéis una democracia. Creéis que por no tener la pena de muerte y celebrar elecciones cada cuatro años, gozáis ya de una democracia de altos vuelos. Sois conscientes que estáis gobernados por el partido político con más casos de corrupción en Europa; sabéis que os mienten; que se ríen en vuestra cara; que les importa absolutamente nada la justicia y la separación de poderes. Que se jactan públicamente de teledirigir los medios y de disponer de la colaboración efectiva de fiscales, jueces y Tribunales. Sabéis que os engañan cuando dicen que la justicia es igual para todos. O cuando dicen que la Constitución (que la mayoría de ellos vilipendió abiertamente en su momento) es del todo inmutable. Y miráis a otro lado. Peor aún, los seguís votando. Nadie parece preocuparle el enorme lodazal en que estáis metidos.

En España -hablemos claro- no existe una auténtica separación de poderes

En España -hablemos claro- no existe una auténtica separación de poderes. No se vive en un verdadero estado de derecho y no es, a juicio ya de muchos, una verdadera democracia. En mi próximo artículo me gustaría hablar de ello. Hoy, es fácil leer las resoluciones judiciales. Leed, por favor, las concernientes a los presos políticos catalanes. Comprobad como ahora, en España, se transgreden los más elementales principios de seguridad jurídica y se persigue a las personas estrictamente por su ideología. El silencio de la mayoría de gente de bien, ante tal atropello, resulta aterrador.

¿Hasta cuándo vais a permitir la pérdida sistemática de unas libertades, que son las vuestras? ¿Hasta cuándo vais a seguir permitiendo que vuestra supuesta democracia dé zancadas ingentes hacia el pasado, en lugar de pasos ilusionantes hacia el futuro? ¿Qué esperáis de vuestros actuales gobernantes y de vuestros partidos? ¿Tenéis algún motivo, de verdad, para confiar en la monarquía? Y a todo eso, ¿de veras creéis que los defensores del 155 os van a sacar del lodazal?

Si os puede servir de algo, sabed que la Cataluña apaleada y reprimida; la Cataluña perseguida; la que algunos desearían aniquilada mantiene, a pesar de todo lo que le está cayendo encima, esperanza, ilusión y compromiso. En otras palabras, la Cataluña mayoritaria persevera y persiste en sus objetivos de libertad y justicia.

Nuestro proceso avanza porque, contrariamente a lo que os han explicado, nada tiene que ver con cuatro políticos; tres partidos o seis docenas de parlamentarios (a quienes respetamos -por cierto- profundamente, por todo cuanto han hecho y alcanzado). Avanza porque más de dos millones de personas queremos una República abierta, transversal, ecológica, justa, solidaria y socialmente avanzada. Ni más, ni menos.

Un proyecto ilusionante y radicalmente democrático que nada tiene que ver con un imaginario odio a los españoles. Bien al contrario. La mayoría de catalanes tenemos, afortunadamente, parientes y amigos en España con quienes queremos seguir manteniendo magníficas relaciones. Otra cosa bien distinta es mantenernos voluntariamente sometidos al franquismo rejuvenecido de quienes os mandan; os mienten; os empobrecen y explotan.

¿Seguís vosotros vivos?¿Por qué no os dais una oportunidad? ¿Os atrevéis a dar el paso?

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Abogado, socio fundador, en el año 1975, del despacho de abogados Bufet Jordi Domingo de Barcelona. Graduado en la Universitat Central de Barcelona y miembro del ICAB. Más de 43 años de experiencia en derecho civil, mercantil, internacional y procesal. Muy activo políticamente en la oposición al franquismo. Participó en el proceso de la Transición Española en comisiones de ayuda parlamentaria. Fue colaborador activo de la Escola de Pràctica Jurídica (ICAB); la Universitat Central de Barcelona y el Center for International Legal Studies (Salzburg). Fundó, en el año 1989, el primer despacho español en Moscú y desarrolló una estrecha relación con la Unión Europea. Ha colaborado en el desarrollo de proyectos empresariales a nivel internacional y, en especial, en países de economía emergente. El Bufet Jordi Domingo fue colaborador de Naciones Unidas y miembro del Centro de las Naciones Unidas para la Facilitación del Comercio y Desarrollo del Comercio Electrónico (UN / CEFACT). Es miembro originario, y portavoz, de la plataforma Constituïm que elaboró -con la participación activa de más de 3.500 personas- un proyecto de constitución para la República catalana que fue librado al Parlament de Catalunya en mayo de 2016, como herramienta de debate y reflexión. Es miembro, también, de la Coordinadora d’Advocats de Catalunya.

3 Comentarios

  1. Otro Enemigo de España, de la Constitución y la Democracia real, otro Enemigo de más de la mitad de los catalanes, otro que debe ser condenado al ostracismo.

  2. No sé en qué Cataluña vive usted. Con el 155 no ha cambiado nada: una televisión pública que parece la 13 del Independentismo; los cargos políticos y personal de las “embajadas” cobrando y, por lo demás, igual de mal que antes sólo que mejor que en el resto de España. Los servicios públicos de Cataluña han sido y son los mejores de España con mucha diferencia.

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