Estado laico y Memoria Histórica

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Margarita Bernis, en 1956, publicaba en Madrid “La ciencia hispano-árabe”, por “Publicaciones Españolas”, y decía: “Volviendo a nuestro bachillerato, acaso la Historia que estudiábamos tenía demasiado poco de historia de la cultura. En el fárrago de los acontecimientos de la Reconquista recordamos que hubo una batalla de Las Navas, que Almanzor asoló los reinos cristianos, que San Fernando conquistó Sevilla. Pero muchos de los que años más tarde nos dedicamos a las Matemáticas o a la Astronomía, a la Medicina o la Ciencias Naturales, ¿recordamos nombres como Azarquiel o Maslama, de Madrid? ¿Qué sabemos de la labor de los traductores de Toledo o de médicos como Avenzoar o Abulcasis? ¿Tenemos idea de las aportaciones a la Botánica de los naturalistas hispanoárabes?”.

Los quinientos años de Estado confesional han significado no sólo la persecución y represión de las personas coetáneas disidentes, como Miguel Servet, sino también de un legado artístico y científico sin precedentes, y cuya recuperación supone, en muchos casos, una ruptura de la herencia colonial que realiza una mirada sesgada sobre el pasado del conocimiento científico: sin reconocer más paternidades sobre los avances y conocimientos actuales, que las sucedidas en los últimos cinco siglos, y realizadas generalmente por varones de raza caucásica y religión cristiana; además de poder abrir vías de investigación científica que actualmente están inexploradas.

El Estado español se define por primera vez como aconfesional, de manera estable en el tiempo, con la Constitución de 1978, en la que establece en su artículo 16, apartado 3: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Sin embargo esta aconfesionalidad ha resultado insuficiente, hasta el punto de que son diversos los partidos que recogen entre sus propuestas o programas políticos ahondar en el laicismo del Estado.

De entre los cuatro partidos mayoritarios, el PSOE, en su programa electoral, expone: “A pesar de la consolidación de las libertades constitucionales perviven cuatro cuestiones problemáticas que deben afrontarse con determinación”, estas cuestiones problemáticas serían: “La asimetría de la normativa jurídica del derecho de libertad religiosa”, “La pervivencia de confesionalidad en actos, símbolos y espacios públicos”, “La autofinanciación de las confesiones religiosas” y “La enseñanza de la religión en los centros públicos”.

Para afrontarlas, plantean una batería de propuestas entre las que están: “Recuperar iniciativas que educan a la población en los valores comunes como es la Educación para la Ciudadanía”, “Promover Cementerios Públicos No confesionales”, “Establecer un nuevo y renovado marco legislativo” o “Reclamar la titularidad del dominio o de otros derechos reales sobre los bienes que desde 1998 han sido inmatriculados a favor de la Iglesia Católica”.

Por su parte, Podemos e IU, así como las denominadas “confluencias”, presentan de cara a las elecciones del 26J un acuerdo programático, denominado: “Cambiar España: 50 pasos para gobernar juntos”; y en el que se propone la promoción de una “Educación pública, gratuita, laica e inclusiva mediante la ampliación de centros de titularidad pública”, dejando una ambigüedad inquietante sobre lo que ello significa.

Lo cierto es que, no parece que ninguna de las fuerzas políticas, actualmente con posibilidades de participar en un gobierno tras las elecciones del 26J, haga una lectura laica e inclusiva de nuestro pasado: amputado y silenciado durante quinientos años de Estado confesional; aunque en el acuerdo programático de Podemos, IU-UP y las confluencias, hable de “Promoción de una política pública activa para la recuperación de la memoria democrática”, y que parece plantearse tan sólo el siglo XX como ámbito de actuación.

En el mismo sentido parece circunscribirse el PSOE en su programa electoral, aunque llegue a plantear “el Estado debe asumir directamente la gestión de las políticas y actuaciones de búsqueda de la verdad, justicia y reparación a las víctimas”, en su propuesta de “nuevo impulso a la Ley de Memoria Histórica”, sin ampliar la “búsqueda de la verdad, justicia y reparación a las víctimas”a todo nuestro pasado.

Tras quinientos años, se nos ha hecho olvidar, y debemos recuperar, nombres como Abbas ibn Firnas, que vivió en la segunda mitad del siglo XI y descubrió el proceso de fabricación del vidrio, el cual puso en práctica en los hornos de Córdoba, ensayó una máquina voladora individual (el primer avión del mundo con éxito probado de vuelo), introdujo también la técnica para tallar el cristal o construyó una máquina que utilizaba agua como líquido motor, pero cuyas posibilidades para responder a necesidades actuales aún están por descubrir, entre otros descubrimientos y construcciones del mismo u otros científicos e investigadores de la época.

Renunciar a llevar el Estado laico hasta la ampliación de la recuperación de la Memoria Histórica más allá del siglo XX, no sólo mantendrá en el tiempo una injusticia histórica, sino que también nos privará de la posibilidad de recuperar, para avanzar en sus posibilidades de aplicación actual, estudios e investigaciones como las de Al Zarqali de Toledo, que construyó grandes estanques en una casa, en las afueras de Toledo, a orillas del Tajo, haciendo que se llenaran de agua o se vaciaran según el crecimiento y menguante de la Luna.  La recuperación de su legado, hoy día, supondría la posibilidad de investigar en sistemas hidráulicos que supongan un abaratamiento tanto en infraestructuras como en energías no renovables.

De este sistema hidráulico inventado por Al Zarqali, y que no requería de motor de ningún tipo ni consumo de combustible o energía eléctrica, nos queda una descripción realizada por Al Zuhri y Al Maqqari: “en cuanto aparecía el novilunio, el agua empezaba a afluir a los estanques por tuberías invisibles de tal modo que al anochecer el día siguiente había la mitad de un séptimo justo de agua. De este modo iba aumentando el agua en los estanques, así de día como de noche, hasta que al fin de una semana estaban llenos hasta la mitad y la semana siguiente se veían rebosar llenos del todo. Luego, a partir de la decimoquinta noche del mes, la Luna empezaba a decrecer el agua del estanque a razón de la mitad de un séptimo cada día, y el día vigésimo noveno del mes quedaban vacíos del todo los estanques. Si durante este ciclo de aumento y disminución del agua alguien extraía parte de ella, aumentaba el flujo de las tuberías de abastecimiento de tal modo que no se alteraba el ritmo del ciclo”.

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