Sabe que desde 2008 no es “la niña de los ojos del PP”, y quizá por eso sí se ha convertido en un persistente orzuelo desde entonces para Génova, 13 y ni que decir tiene que también para la Moncloa. El enésimo “aguirrazo” de la incombustible dirigente popular ha servido para evidenciar que el PP está peor de lo que los resultados electorales y los últimos sondeos indican y también de paso que el líder conservador y todavía presidente en funciones, Mariano Rajoy, está más acorralado que nunca aunque él no se dé por aludido. Gallego de Santiago de Compostela que es.

Con un lacónico “lo entiendo” por WhatsApp se despachó el presidente en funciones ante el anuncio que la lideresa madrileña le hizo llegar poco antes de hacer pública su dimisión. Rajoy, como ya hizo con el ex tesorero del partido Luis Bárcenas cuando le conminó a ser “fuerte” ante la que le estaba cayendo por tener ingentes cantidades de dinero acumulado en cuentas de Suiza, vuelve a ser de todo menos displicente con compañeros de partido que afean su gestión por acción más que por omisión.

La enésima despedida sin despedirse de Esperanza Aguirre ha servido sobre todo para dejar al presidente del PP a los pies de los caballos, acosado por la corrupción en Madrid, en Valencia, con reiterados registros judiciales en su sede central de Madrid, con el partido investigado, con incontables ex altos cargos en prisión o investigados por delitos relacionados con la corrupción, con un partido que el juez Pablo Ruz constata que se financió ilegalmente y con sobresueldos en “b” para sus dirigentes… En fin, un panorama desolador que visto desde fuera de las fronteras españolas se ve con asombro y perplejidad, sobre todo por el enconamiento con que resbalan políticamente todos estos asuntos tanto a su líder como a sus dirigentes.

Oficialmente no se mueve un pelo en Génova, 13. Fidelidad al líder y fidelidad a la marca PP. Hasta que Rajoy no diga la última palabra no se pueden ni deben escucharse voces disonantes, aunque sea en sordina, que las hay y no pocas. De hecho, la dimisión a medias de Esperanza Aguirre –porque sigue como concejala en la bancada de la oposición del Ayuntamiento de Madrid– es un aldabonazo en plena línea de flotación de la estrategia marcada por Rajoy.

El líder del PP no quería que nada, ni nadie, interfiriera en sus planes de renovar mandato para la Moncloa. Pero nada le está saliendo como él planificó. Ni siquiera el Rey ha seguido sus planes al encargar Gobierno al principal líder de la oposición. Y por si fuese poco, en Valencia siguen saliendo casos de corrupción a espuertas y en Madrid la sombra del encarcelado Francisco Granados, ex número dos de Aguirre, es demasiado alargada y ha planeado sobre el último registro judicial en Génova, 13.

Visto el panorama, a Esperanza Aguirre no le quedaba otra que escenificar una nueva espantada, la enésima en su larguísimo historial político, si quería salir indemne, una vez más, de la quema a la que la justicia está sometiendo también al PP madrileño.

Visto el panorama, a Esperanza Aguirre no le quedaba otra que escenificar una nueva espantada, la enésima en su larguísimo historial político

Aguirre, que sigue sin sentirse salpicada bajo ningún concepto por la corrupción que emana de las cañerías del PP de Madrid que ella ha presidido durante años y años con mano de hierro hasta este San Valentín, responde políticamente por no haber sabido ver tanto presunto delincuente a su alrededor. Tanto es así que solo un día después de dimitir como presidenta del PP ha convocado una multitudinaria rueda de prensa municipal para escenificar su plena disposición durante los próximos cuatro años como principal líder de la oposición al gobierno municipal de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid. “Nada tiene que ver una cosa con la otra”. Y se ha quedado tan tranquila. “No me pienso jubilar”, asegura mientras quita hierro al asunto asegurando que ser concejal de la oposición “ya no es primera línea política”. Pues eso, que una humilde concejal del Partido Popular pide paso para llegar a Moncloa. El tiempo dirá si sus variopintas estratagemas le dan resultado.

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