Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de nacimientos se redujo un 6,3% en el primer semestre de 2017, mientras que el de defunciones aumentó un 4,5%, de lo que resulta un dato preocupante, el crecimiento vegetativo de la población presenta un saldo negativo de 32.132 personas durante la primera mitad del año. En más de mil pueblos españoles no ha nacido un solo niño desde el 1 de enero del 2012.

El saldo vegetativo (nacimientos menos defunciones) solo resultó positivo en tres comunidades autónomas (Comunidad de Madrid, Región de Murcia e Illes Balears), así como en las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta.

Estos datos son el reflejo de una realidad palpable, sobre todo en el interior y en las zonas rurales, una población envejecida que en algunos casos extremos como el de Ourense, provincia en la que a día de hoy hay más población que vive de pensiones o subsidios que trabajadores en activo, plantea un panorama poco halagüeño para las zonas afectadas.

Castilla y León, Galicia y Asturias son las comunidades donde el envejecimiento de la población es más agudo. En cambio, Murcia, Baleares y Canarias son las tres autonomías en las que el porcentaje de jubilados es menor.

Más de 600 pueblos no computan con ningún niño menor de 11 años y en otros 420 municipios no tienen censado ningún habitante de menos de 15 años.  

La excepción la encontramos en Ceuta y Melilla donde los índices de natalidad están muy por encima de la media española, solo un 11% de los ceutíes tienen más de 65 años. La edad media en Melilla es de 35 años, cuando el promedio español es de 43,1 años.

El envejecimiento demográfico no sólo afecta a España, también a los principales países de Europa occidental. En España, nacen a diario unos 1.000 niños, sobre 400 menos que en 1980 y para asegurar el relevo generacional, se necesitarían unos 800 nacimientos más al día.

El panorama que dibujó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en un informe presentado en octubre ya alertaba a los políticos de que tienen que actuar «urgentemente» para afrontar los retos que plantean este envejecimiento y afirmaban que España se convertirá a mediados de siglo en el segundo país más envejecido de la OCDE, después de Japón.

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