Sánchez ha dado un paso valiente, y es el de aceptar el apoyo para su investidura de la mano de los grupos parlamentarios soberanistas. Ha sido un paso correcto, a mi entender, sobre todo teniendo en cuenta el bloqueo que ya en su momento le hicieron desde el propio Comité Federal, aquel 28 de diciembre de 2015, cuando no hubo manera de permitir su investidura precisamente por la línea roja marcada en Ferraz. Esta vez ha sido distinto, y lo celebro. Porque la solución que ahora se plantea, esto es, sacar del gobierno a un partido popular que ha sido sentenciado por primera vez en la historia por corrupción, que ha quedado en evidencia por todos los flancos, viene de la mano de las principales víctimas de su injusticia y de la falta de democracia que han consolidado ellos junto al apoyo del partido naranja y, cierto es, del propio Sánchez. Es por eso importante su giro, el cambio de discurso y la puerta abierta al diálogo.

Diálogo que el propio Sánchez defendía en verano. Cuando habló personalmente con Puigdemont y le dijo que por el momento nada podía hacer desde las filas socialistas. Bien, llegó el momento. Ahora que las caretas han caído, ahora que en España se agarran los machos ante lo que parece ser Ciudadanos: el gran engaño que ha asustado incluso a quienes le han aupado. Es tiempo de diálogo, nunca debió dejar de serlo. Es tiempo de transparencia, de hacer posible el acceso a la información veraz y objetiva, caso difícil cuando se cierran programas informativos, cuando los periodistas se visten de negro en señal de luto a la información libre y veraz. Es momento de replantear un sistema judicial absolutamente cautivo y amarrado por estos que hoy se despiden del gobierno. Porque lo dicen los propios jueces.

Es momento de hacer política, de hacer debate, de hacer información y crear una sociedad democrática más sana. De contribuir a un pais que necesita nuevas instituciones, un nuevo sistema. Necesita una república. No solamente en Cataluña. Necesitamos república en España, y un nuevo paradigma: ese federalismo que Zapatero dejó en pañales. Ese mapa que reconoce las distintas realidades que ahora mismo ya no encajan. Y un sistema justo centrado en el interés general de la ciudadanía, no de las empresas y de los herederos del franquismo. Es el momento. Y Sánchez podría ser la pieza clave. Aunque estemos todos expectantes. Porque Sánchez nos preocupa, sobre todo viendo sus cambios y sus giros inesperados.

Es bueno confiar, sobre todo cuando los cambios puedan ser para bien. Esperamos que así sea. Seguiremos pendientes, críticos y comprometidos con aquello que no nos quieren dejar contar. Seguiremos intentando hacer periodismo, contra viento y manera. Contra la censura y las amenazas de quienes no quieren que nada cambie. Seguiremos defendiendo la república, como piedra fundamental de un nuevo tiempo que ha venido, abriéndose paso, para quedarse, echando atrás tiempos que deberían ser pretéritos.

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