Acaba de celebrar sus 80 años rodeado de su pequeña gran familia de 800 amigos. Al padre Ángel lejos de pesarle la edad, le da aún más alas para seguir soñando y trabajando por un mundo más justo y mejor para todos. Un mundo en el que la solidaridad, como siempre dice, no es ninguna panacea y siempre tiene premio. «El mejor premio de todos: cambiar lágrimas por felicidad». Así es un hombre, nominado a Premio Nobel de la Paz, y al que creyentes, ateos, gentes de todos los colores y creencias respeta y admira por las obras que ha desarrollado en su vida.


 

¿Qué balance haces de la vida con tantas luchas por causas tan humanas (y que a veces que otros dan por perdidas) como las que defiendes?

Me siento orgulloso de las personas con las que he convivido e incluso de los errores cometidos, porque todo ha sido un aprendizaje. Cuando uno cree en los hombres es simple perseguir causas humanas; es casi evidente. Creo que si las he defendido ha sido, sobre todo, porque he sido feliz. Y eso me ha puesto en posición de luchar por tantas causas.

 

¿Si volvieras a nacer repetirías todo igual?

Me siento un privilegiado y después de haber llegado a los ochenta no sé si lo repetiría todo, pero sé que me siento agradecido, en paz y con ganas de continuar el camino.

 

¿Qué es lo que más te sigue indignando de este mundo?

Este escándalo que está ocurriendo en plena Europa. Hoy, los campos donde están hacinados los sirios, iraquíes y afganos se están convirtiendo en una parte del mundo indignante, vergonzosa, que no quiero reconocer.

 

¿Y lo que más te motiva a seguir peleando?

Hemos intentado (y seguimos intentando) querer mucho a la gente, uno a uno. Cuando miras a la cara a alguien que necesita ayuda, esa mirada te motiva enormemente.

 

¿Has dejado por el camino parte de ti como persona?

Estos días que me preguntan por mi edad y por lo que he hecho, siempre contesto lo mismo: por una sola persona hubiera merecido la pena.

 

¿Cómo te sientes con tu nominación al premio Nobel de la Paz?

No lo he pensado mucho, la verdad. Me enorgullece que alguien se tome el esfuerzo de presentarme como candidato. Pero, de momento, me hace más ilusión que me hagan un homenaje en mi pueblo. Es magnífico que te valoren en tu tierra.

 

¿Se puede tocar el cielo estando en la tierra?

Tenemos que estar orgullosos y felices de vivir en estos años. Creo que nunca se estuvo más preocupado por los más desfavorecidos, aunque sea verdad que no se hace todo lo que se puede hacer y que uno se siente incómodo y con rabia, creo que seguimos queriéndonos y el amor siempre es un cielo en la tierra. Dicen que Steve Jobs decía que uno tiene que ser capaz de unir los puntos para darse cuenta de que, a la larga, lo malo siempre nos conduce hacia algo bueno.

 

¿Eres feminista?

Basta hacer análisis: en Mensajeros de la Paz somos más mujeres que hombres. Siempre traté de seguir la táctica de Cristo y rodearme de mujeres. De su sabiduría. De verdad espero llegar a ver la igualdad. Una igualdad sin techos de cristal y de la que todos nos sintamos más que orgullosos.

 

Un sueño por cumplir…

Después de haber cumplido el sueño de abrir mi iglesia 24 horas, me quedan sueños en el ámbito internacional como ¡acabar con el hambre!. Y, en el plano más personal, creo que los que tenemos fe soñamos que hay algo más allá, que tenemos a nuestros padres en el otro lado y que nos podremos reunir con ellos.

 

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Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

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