Este fin de semana he participado en unas Jornadas de Derecho Constitucional cuyo título era “La crisis de la democracia representativa ¿Hay alternativas?”. Iba dirigido a alumnos de Derecho Constitucional y, en general, a los ciudadanos interesados en el estudio en profundidad de la Constitución vigente. Las jornadas han sido interesantes y las conclusiones, sin ser complacientes, no han sido excesivamente pesimistas, a pesar del título.

Ello no obstante, asistimos a una curiosa intervención de un ciudadano, entre el público, algo joven, pero tampoco demasiado, de esos que en las charlas o conferencias tienen un deseo de protagonismo excesivo, buscan su minuto de gloria, que siempre se alarga y acaban dando una conferencia paralela. Pero, en este caso, aquella intervención iba algo más allá y me hizo reflexionar sobre algunas de las cuestiones que planteaba.

Desde el principio, se le vio el plumero: iba a degüello contra la Constitución, le negó legitimidad democrática y no sé cuántas cosas más. Y ya al final de una de sus intervenciones- le cogió gusto- dejó claro que esta norma no servía. A la picota.

Es un discurso ya muy manido, pero no por ello hay que dejarlo de lado, no tomarlo en consideración o pensar que es sólo fruto de movimientos juveniles extremos que ya pasarán. Ojalá, pero no lo parece a corto plazo.

Hay que recordar a estos efectos que nuestro país ha conocido la quiebra de la Constitución por la fuerza en tantas ocasiones que da vértigo pensar que nada se ha aprendido, que todo ha sido para nada. El siglo XIX fue testigo de tantas asonadas, golpes y demás actos de fuerza que da pánico. Y el siglo XX empezó aún peor: la guerra civil y el régimen de Franco, y aún hubo otro intento de golpe de Estado tras la aprobación de esta Constitución – se dice que alguno más-.

Nuestra Constitución nació en un determinado momento; no hay que olvidarlo, desde luego, las circunstancias de entonces la condicionaron, de acuerdo. Puede necesitar retoques o cambios, por supuesto, pero para eso está la institución de la reforma. Se puede reformar todo y toda, nada hay intangible. Pero siguiendo lo que se establece en ella.

Todos podemos estar de acuerdo en que la actual situación de crisis de ideas, de desesperanza porque la clase política no ha sabido conectar con las necesidades de los ciudadanos y se ha ido distanciando de sus problemas; de crispación, desorientación o desánimo por los casos de corrupción, han minado nuestro espíritu y nos sentimos hastiados, confusos, hartos. Pero no puede salirse de esta situación por la tangente, no se puede tolerar ningún discurso que propugne, contenga o aliente la violencia. Nunca más.

Porque, además, las más de las veces y sin ánimo de ofender a nadie, se oyen discursos hueros de contenido, alejados de la lectura serena y sosegada de la Constitución, desinformados: sólo se ve una suerte de prepotencia, de deseo de revancha. Nada que pueda convencer desde la razón.

Por eso creo que, a veces, con independencia de que se sea duro, y yo lo soy, con la situación y con la clase política, hay que dejar claro que la Constitución es una norma y hay que respetarla, o cambiarla, sí, pero dentro de los cauces que la misma establece.

Hay que defender la Constitución.

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Soy Doctora en Derecho, Abogada en ejercicio y profesora de Derecho Constitucional en la UNED de Barbastro.
Hace poco leí unos pensamientos hermosos sobre la necesidad de escribir, que me impresionaron, acaso, porque me veía reflejada en ellos. Escribir ha sido para mí algo necesario, desde siempre, algo que he hecho siempre aunque me dedicara a otro oficio o tuviera otras ocupaciones. Mejor o peor, con más dedicación o menos, en los mejores momentos de mi vida y en los peores, siempre he escrito. Creo en el valor de la palabra escrita, en su fuerza y en su belleza, hasta el punto de que me altero cuando alguien la maltrata o la utiliza sin tino o sin delicadeza. Y la palabra es, también, un arma valiosa y dura, como dijo el poeta, por eso y porque no puedo olvidar que soy, como todos, un animal político, necesito también usarla para bramar contra el orden establecido que nos aplasta y nos oprime de muchos modos y contra el que nada más tenemos los ciudadanos corrientes.
De lo que he escrito, algo ha sido publicado. En poesía: en la colección Voces Nuevas, VIII selección de poetisas, Editorial Torremozas, Madrid 1991; en la obra “Trayecto Contiguo (última poesía)”, Editorial Betania, colección Antologías 1993; inédito “Donde crecen las amapolas”. Y tengo pendientes de publicar, ya en prensa, una colección de cuentos para niños titulada “Cuentos para soñar”
He sido y soy colaboradora en prensa: artículos de opinión y sección de Crítica Literaria en “Franja Digital” y colaboradora habitual de la sección “Al levantar la vista” y Extraordinarios del Semanario “El Cruzado Aragonés”.
Y ya, por mi profesión, he publicado en Ensayo: “Reflexiones en torno a la previsión Constitucional de los Estados Excepcionales” en la Revista “Annales” de la UNED, Barbastro, tomo V 1988; mi tesis doctoral:“ La tutela del Rey menor en la Constitución de 1978” en la colección Aula Abierta, UNED Ediciones, Madrid 2000; “La cuestión de la incompatibilidad del tutor del Rey menor con cualquier otro ´cargo o representación política´ “ en Anuario de la UNED, Barbastro 1995-2000; “ La ruptura de la pareja de hecho: aspectos procesales”, en Actas de los Vigésimos encuentros del Foro de Derecho Aragonés 2012, Edición el Justicia de Aragón, Zaragoza 2012; en prensa “Secreto de las comunicaciones y correo electrónico”.

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