A pesar del título de mi artículo, no pretendo hablar de política. Tampoco pretendo defender a una ideología ni denostar a la contraria. No me decanto, mucho menos en estas páginas, por ninguna de las opciones que en estos días se nos han dado a elegir. Lo único que pretendo en mi artículo de hoy es hablar de convivencia.

Hace poco se celebraron nuevas elecciones en España. Ganaron los que ganaron, perdieron los que perdieron, y al día siguiente unos celebraban, otros se lamentaban… y muchos (por los comentarios que leí en las redes sociales) no aceptaron los resultados y la emprendieron contra los que votaron a los que ganaron. No me decanto por unos ni por otros, pero me llama la atención la falta de respeto hacia lo contrario. Parece que la mentalidad es “yo voto lo correcto, lo que es mejor para España, y todo aquel que no lo vote es un ignorante”. Y así seguimos, día tras día, año tras año, con la división de las dos Españas.

¿Qué tal si nos olvidamos de eso? ¿Qué tal si dejamos de lamentarnos por lo mal que está todo, y hacemos lo que esté en nuestras manos para mejorar la convivencia? ¿Qué tal si dejamos de pensar que lo nuestro es lo mejor, y pensamos que es una opción más, pero que otros pueden pensar de otra manera, y su elección es igual de legítima que la nuestra? ¿Qué tal si en vez de buscar la división y la confrontación buscamos la unión y el acercamiento? ¿Qué tal si en lugar de lamentarnos ponemos en juego nuestros valores, nuestros recursos, nuestra grandeza, para hacer de nuestro entorno un lugar mejor, más habitable, más humano, más amoroso? ¿Qué tal si abrimos la mente a lo desconocido, a lo diferente, a lo que nos provoca rechazo, y en lugar de denostarlo tratamos de comprenderlo?

No se trata de cambiar nuestras opciones políticas, de cambiar nuestra forma de pensar. Se trata, simplemente, de aceptar que otros no piensan como nosotros, y tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. A aceptar que no por pensar así son ignorantes, ladrones, delincuentes, sinvergüenzas, subnormales, y no sé cuántas cosas más que leí la mañana siguiente de las elecciones. Y no con esto (lo decía al principio y lo recalco de nuevo) me estoy decantando por ninguna opción política. Si hubieran ganado otros, mi artículo sería el mismo. Creo que todos, tengamos la ideología que tengamos o no tengamos ninguna, deberíamos respetar la del que piensa diferente. Quizá a todos nos iría mejor. Mi invitación es a dejar a un lado la política, y, desde ahí, buscar lazos de unión que puedan contribuir a hacer de este mundo un lugar más habitable.

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