Estos fueron los resultados de las elecciones generales del 20D:

Como se puede comprobar, y como todos ustedes saben, hubo cuatro fuerzas políticas que se convirtieron en necesarias para lograr la gobernabilidad en el escenario extremadamente polarizado que los españoles decidieron con sus votos. Adolfo Suárez, cuando fue designado Presidente de Gobierno por Juan Carlos de Borbón, dijo en su primera intervención televisiva que los gobernantes lo tenían que ser con el permiso de los gobernados, es decir, que aquellos que fueran elegidos por quien es depositario de la soberanía nacional, el pueblo, estarían obligados a aceptar el mandato de las urnas.

Hasta ahora la clase política lo ha tenido fácil porque los resultados electorales determinaron mayorías amplias para los dos ejes tradicionales de la política. Sin embargo, los ciudadanos decidieron y mandaron un mensaje claro a la clase política: había que conformar un gobierno basado en la negociación y el consenso. Además, los resultados determinaban que quien consiguiera formar gobierno tendría que romper los ejes tradicionales para llegar a acuerdos con partidos que de ideología opuesta porque los números eran muy claros y el pueblo había decidido que ninguno de esos ejes pudiera sustituir una mayoría absoluta de un solo partido por otra de dos o más.

Hasta ahora los españoles pasaban mucho de lo que hicieran los políticos y acataban con resignación todo lo que saliera del Parlamento

Este fue el mandato que los españoles le dieron a la clase política. Se trataba de una oportunidad que ésta no podía desaprovechar porque la crisis económica había logrado que el interés por la política alcanzara cotas no vistas en España desde los primeros años de la Transición o desde los años que siguieron al intento de golpe de Estado hasta octubre de 1.982.

Hasta ahora los españoles pasaban mucho de lo que hicieran los políticos y acataban con resignación todo lo que saliera del Parlamento. El hecho de que hubiera un repunte del interés es un capital que la clase política no podía despreciar, salvo que exista un interés para que la ciudadanía vuelva a la atonía porque sea incómodo que el pueblo esté pendiente de lo que se hace en las altas esferas del Estado.

Por otro lado, el espectáculo al que estamos asistiendo desde el 21 de diciembre es lamentable, por muchas razones pero, sobre todo, porque el hecho de que se tengan que repetir las elecciones porque no se haya conseguido un acuerdo lógico es un claro ejemplo de que la clase política no ha entendido nada de lo que está ocurriendo, es un ejemplo de que las prioridades de los partidos son antitéticas a las de la ciudadanía.

El estado en que Mariano Rajoy y el Partido Popular han dejado al país obligaba a las formaciones políticas a llegar a acuerdos que revirtieran la situación, que se gobernara de cara al pueblo y no a sus espaldas. No obstante, no lo han hecho y han antepuesto sus intereses personales y de partido a lo que el pueblo está reclamando. Si finalmente se repiten las Elecciones Generales, los españoles estaremos asistiendo a una de las disfunciones democráticas más graves de nuestra historia: los políticos renuncian a cumplir con el mandato que su jefe, el pueblo español, les ha dado por anteponer sus propios intereses y por ser una panda de incapaces para llegar a acuerdos. Ahora estamos en el debate de quién es el culpable para utilizarlo como argumento electoral. Todos tienen parte de culpa, unos más que otros.

las prioridades de los partidos son antitéticas a las de la ciudadanía

Mariano Rajoy y el Partido Popular son culpables por su inacción, por seguir la táctica del «dontancredismo» que tanto utiliza el Presidente del PP y que, hasta ahora, tan bien le ha salido. Han dejado que el resto se desgaste en su intento de llegar a acuerdos y han esperado a que los que han tomado la iniciativa se estrellen por tomar decisiones equivocadas. La cobardía demostrada por Rajoy al rechazar su investidura y su insistencia en que sólo él tiene la legitimidad para ser Presidente del Gobierno es de una irresponsabilidad supina.

Los resultados de las elecciones le impedían gobernar con mayoría absoluta, ni siquiera con el apoyo de su filial C’s, y el PP sólo sabe ejercer las responsabilidades de gobierno si puede imponer su voluntad, tal y como ha hecho cada vez que ha tenido mayoría absoluta. Por tanto, su culpabilidad es por incomparecencia y por estar pensando en la repetición de las elecciones con tal de que el desgaste del resto se traduzca en la recuperación del capital electoral perdido.

El PP sólo sabe ejercer las responsabilidades de gobierno si puede imponer su voluntad, tal y como ha hecho cada vez que ha tenido mayoría absoluta

Pedro Sánchez y el Partido Socialista Obrero Español son culpables por varias razones. En primer lugar, por irresponsabilidad. Fue un error táctico presentarse ante el Jefe del Estado como el único que podría lograr un acuerdo entre partidos cuando, en realidad, ni siquiera había iniciado ningún tipo de negociación. Pedro Sánchez le dijo a Felipe de Borbón que él podría conformar una mayoría sólida y el Jefe del Estado se lo creyó. El secretario general del PSOE pensó en lograr un acuerdo como el portugués pero no sabía cómo iban a responder el resto de partidos ni las condiciones que le iban a poner, sobre todo cuando sus aliados naturales tenían una representación en votos casi igual que la suya.

En segundo lugar, por utilizar este tiempo para capear el temporal interno tras haber cosechado los peores resultados de la historia del Partido Socialista. Sí, y por mucho que quienes se han convertido en pretorianos de Pedro Sánchez piensen que ha actuado de manera correcta, el Secretario General del PSOE sabía que el único modo en que su figura podría sobrevivir a un nuevo fracaso electoral era mantenerse en la vanguardia de la negociación porque, de este modo, pararía cualquier movimiento interno que provocara que lo que tuvo que hacer la misma noche de las elecciones por las buenas se hiciera «por las bravas».

En tercer lugar, por haber firmado un acuerdo antinatural por su incapacidad para cerrar pactos con el resto de partidos progresistas. El hecho de que se tuviera que presentar ante el Parlamento sólo con sus «históricos» noventa diputados hubiera sido uno de los mayores ridículos de nuestra democracia. Por eso firmó con Ciudadanos, «la marca blanca del PP», las «Nuevas Generaciones del PP» o «el partido de FAES y el IBEX35»[1] , un pacto que significaba una claudicación de elementos que para cualquier socialista serían irrenunciables y, por otro lado, una cesión a la doctrina neoliberal en aspectos como la no derogación de la Reforma Laboral, de la Ley Mordaza o de los copagos sanitarios, por citar algunas.

La firma de este pacto ya imposibilitaba cualquier acuerdo futuro con el resto de partidos progresistas y, por tanto, paralizaba las negociaciones. Pedro Sánchez, tras no ser investido Presidente, debió darse cuenta de que con ese acuerdo no iba a lograr configurar un gobierno encabezado. Sin embargo, hizo todo lo contrario y se aferró a él pretendiendo que el resto se unieran al pacto con C’s. Este hecho bloquea totalmente cualquier tipo de negociación con el resto de partidos, sobre todo con quien tienen apenas trescientos mil votos menos que el PSOE. Por tanto, Pedro Sánchez también tiene una importante responsabilidad en la repetición de los comicios por mucho que aparente que es el único que ha querido el pacto.

El secretario general del PSOE sabía que el único modo en que su figura podría sobrevivir a un nuevo fracaso electoral era mantenerse en la vanguardia de la negociación porque, de este modo, pararía cualquier movimiento interno que provocara que lo que tuvo que hacer la misma noche de las elecciones por las buenas se hiciera «por las bravas».

Pablo Manuel Iglesias y Podemos también tienen una importante cuota de culpabilidad en la más que posible repetición de las elecciones. En un primer momento ni siquiera quisieron sentarse a negociar con el PSOE y cuando lo quisieron hacer pusieron unas condiciones para la negociación que sabían que eran inasumibles para Pedro Sánchez. Ya iba quedando claro que la intención de Podemos estaba en entorpecer la negociación.

Esta actitud obstruccionista se hizo más clara cuando se le quiso imponer al PSOE la entrada en el gobierno ocupando los ministerios y las instituciones más importantes del Estado dejando a los socialistas como meros comparsas. Así no se puede negociar nada. Imponer condiciones es antitético con el consenso que los resultados electorales ponían como tarea a los políticos.

Daba la sensación de que el objetivo de Pablo Manuel Iglesias era el bloqueo de la situación para provocar que los socialistas fracasaran en sus intentos de llegar a un pacto de gobierno y, de este modo, aparecer como la única solución de izquierda posible, es decir, que lo que se pretendía era repetir las elecciones para hacerse con la hegemonía de la izquierda.

Sin embargo, tras la sesión de investidura y el fracaso de Pedro Sánchez su táctica obstruccionista se volvió en su contra y los sondeos, tanto de la prensa como los suyos, les daban a entender que no era tan buena idea oponerse a todo e imponer su programa frente al de los demás en la negociación. Parecía que la actitud cambiaba y que tendían la mano a Pedro Sánchez para formar un gobierno con el resto de fuerzas progresistas. Sin embargo, la actitud de aquél de aferramiento irresponsable al acuerdo con Ciudadanos ponía las cosas muy difíciles porque los puntos en los que Podemos estaba dispuesto a ceder seguían siendo incompatibles con los neoliberales.

Iglesias está secuestrado por los compromisos a los que llegó con las confluencias, sobre todo con la catalana, y, tras haber roto su promesa de que En Comù tendría un grupo parlamentario propio, no puede bajarse del carro del referéndum de autodeterminación. Ante esta situación volvieron a la actitud obstruccionista en la reunión a tres al entregar un documento con sus propuestas y parar la negociación sin escuchar lo que los otros interlocutores tenían que decir al respecto. Sin desdeñar la responsabilidad de los otros dos partidos, esta forma de actuar nos lleva irremediablemente a unos nuevos comicios.

Se le quiso imponer al PSOE la entrada en el gobierno ocupando los ministerios y las instituciones más importantes del Estado dejando a los socialistas como meros comparsas

Respecto a Albert Rivera y Ciudadanos también tienen una responsabilidad importante en que el veintiséis de junio los españoles tengamos que acudir de nuevo a las urnas. Es bastante sintomático que la cuarta fuerza política en votos y escaños sea quien está condicionando las negociaciones hasta el punto de bloquearlas.

Por mucho que lo quiera ocultar, Rivera es un político de derechas y, por lo tanto, tiene tics autoritarios a la hora de acercarse a las actitudes consensuales. La negociación para cualquier miembro de la derecha es la de imponer sus valores, cediendo en lo menos importante y hacer claudicar a sus interlocutores en aspectos que deberían ser irrenunciables para éstos haciéndolo pasar por consenso. Lo vimos en el acuerdo con Pedro Sánchez.

Rivera se aprovechó de la imperiosa necesidad del secretario general del PSOE para presentarse en el Congreso con más apoyos de sus «históricos» noventa escaños y le impuso un pacto que, como ya hemos dicho antes, es una claudicación por parte del Partido Socialista mientras que Ciudadanos sólo cedía en puntos que no afectaban de manera definitiva a sus postulados neoliberales. Por otro lado, aprovechó la extrema necesidad de supervivencia política de Sánchez para utilizar ese acuerdo como un anestésico para las tentaciones que pudieran tener los socialistas de acercarse a Podemos o a otras fuerzas de la izquierda.

Por tanto, utilizó el acuerdo como presa para bloquear las negociaciones hacia los partidos progresistas para intentar llevar al PSOE hacia la Gran Coalición con el Partido Popular, es decir, lo que los poderes económicos, financieros, empresariales y religiosos demandaron desde el día después de las generales. Su oposición a que se llegue a cualquier acuerdo con Podemos es fundamental para que se repitan.

Su actitud obstruccionista, similar a la de Iglesias, haciendo del pacto con el PSOE un «trágala» para el resto de fuerzas que quieran apoyar a este gobierno es un claro mensaje de que Ciudadanos quiere la repetición de los comicios porque las encuestas dan buenas perspectivas para que la derecha se mantenga en el poder con un pacto de los dos partidos conservadores.

Aprovechó la extrema necesidad de supervivencia política de Sánchez para utilizar ese acuerdo como un anestésico para las tentaciones que pudieran tener los socialistas de acercarse a Podemos o a otras fuerzas de la izquierda

Ante esta situación, ¿quién es el culpable?, ¿quién tiene razón al culpar al otro? Yo no sé ustedes, pero pienso que la clase política no ha sabido o no ha querido cumplir con el mandato de los ciudadanos y eso es muy grave. Por tanto, en el caso de que repitan las elecciones queda claro que ninguno de los actores que han protagonizado estos meses de idas y venidas y que han fracasado por las razones expuestas en el artículo puede repetir como cabeza de lista porque su fracaso les inhabilita de cara a los españoles. ¿Qué opinan ustedes?

 

 

[1] Estas frases fueron pronunciadas por Pedro Sánchez en la campaña electoral refiriéndose a Ciudadanos.

 

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1 Comentario

  1. Muy recomendable este articulo. El autor nos da su opinión a traves de un sesudo analisis de la realidad de cada uno de los cuatro actores fundamentales de esta etapa y dejando abierta la respuesta final para que sea el lector y no el quien decida quien tiene la total culpabilidad de la paralisis de nuestra politica. Es perfecto ademas de aleccionador y pedagogico. He leido otros articulos del autor y me encantan sus razonamientos.

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