Al mirar entre la nube de mierda espolvoreada que nos rodea, vi a España. Y saltando un poco sobre esta hienda pestilente, vi a Europa. Y al elevarme místicamente sobre este depósito de fiambres pútridos, vi la Tierra. Y me dije, en pleno éxtasis: Nos vamos al carajo y nadie quiere asumir la responsabilidad. Entonces caíme y quedéme arrobado por no sé qué bandera que me transverberaba cual empalado, amarilla y roja…

Vi la luz. Y eso me ha hecho volver a ser el radical (que siempre he sido): que consiste en pensar sin prejuicios de ninguna clase y sin imponer a nadie con violencia consciente alguna. Y pongo por delante que ni defiendo la unidad del Estado español ni su fragmentación en otros más pequeños. Pero tengo clarísimo que el principal problema de este país (y lo haría extensivo al planeta) es su clase política, la dirigente y la cortesana. No voy a caer ni en el simplismo de insultar ni en la justificación de ese totalitarismo que supuestamente prescinde de la política; con lo vivido, me limito a aceptar la realidad, me lo tomo como enfermedad: indeseable e inevitable. Pero puedo y debo pelear, y como no pertenezco a ningún partido puedo decir lo que quiera, porque claro está que en cuanto uno chupa micro en nombre de unas siglas prescinde del pensamiento y calcula sus estrategias (para hacer votantes) sin más propuesta que la estética política pura y dura.

Vuelvo a mi matraca: ¿Por qué hemos de pagar diecisiete veces por lo mismo? Lo diré más claro, la descentralización del Estado ha generado otros tantos Estados paralelos con sus dirigentes y cortesanos que hacen, y lo voy a decir gritando: IMPOSIBLE LA IGUALDAD DE LA CIUDADANÍA ANTE LA LEY, no puede haber igualdad con tanto organismo público, estatutos, leyes, tribunales superiores y demás parafernalia devoradora de presupuestos. Y, ahora más que nunca, o vamos despojando a los sucesivos Gobiernos centrales de España de sus funciones en favor de la federalización progresiva con el objetivo de crear países distintos, simplemente asociados, o el choque (muy desagradable el reciente) con las diferentes “naciones autonómicas” es inevitable y múltiple.

Nótese que no propugno uno u otro camino, lo que digo es que hay que analizar y decir la verdad. A una Comunidad Autónoma, salvo que tenga ínfulas nacionales (y me temo que el profesional de la política ve futuro siempre en ello), le bastaría con disponer de un presupuesto generoso para todo lo identitario y lo cultural y una participación realmente eficaz en un Senado funcional, que haría de contrapeso regionalista (con debate igualitario, democrático y real) del posible monolitismo del Parlamento y sus mayorías. Eso de las históricas… no olviden que la Historia pasa con pasmosa facilidad de ser maestra a ser prisión asfixiante.

Ésta es la cuestión, o salimos de Europa y vamos por libre, deshacemos España y que Galicia, Murcia, Andalucía o Cataluña se busquen las habichuelas, o acabamos de una puta vez con esta locura de las autonomías con gobiernos paralelos (incluida una reforma legal que impida los privilegios en el recuento de votos de los regionalistas). Mi posición no es ideológica, sino puramente práctica y económica: dan más problemas que remedios y cuestan muchísimo, de modo que… sin miedo.

El problema es que ni el PSOE, ni el PP, ni Ciudadanos ni ningún partido nacionalista va a decir la verdad, porque son maquinarias corrompidas que no pretenden análisis y cambio, son fuerzas conservadoras más preocupadas por la ejecución de los presupuestos con miles de pretensiones espurias que por dilucidar el futuro inmediato o a la larga de la ciudadanía. No he nombrado a Podemos, esa escombrera del 15M; no conozco una sola persona que los votara que quiera volver a hacerlo, éstos que hicieron una aguda reflexión crítica sobre lo que estaba pasando, que aguantaron los ataques de todas las fuerzas conservadoras del Estado (políticas, informativas, económicas, hasta policiales…), éstos que llegaban para decir la realidad donde consiguieran un escaño, éstos han bajado al basurero y se dedican ahora a expurgar los pitracos malolientes que dejan los otros… lamento ser tan duro (y esto demuestra mi decepción), pero yo no quiero otro Pedro Sánchez que solace mi fea soledad, ni un Rivera que porte mi bandera sin complejos, ni otro Rafael Hernando pero tatuado y con aire de modernillo urbanita… para eso no…

Necesitamos políticas de verdad, valientes, que se atrevan a mostrar a los votantes sus propias miserias y sus problemas, que nos muestren una opción de futuro real que promueva los ideales de la Constitución o lo que sea (igualdad, justicia, reequilibrio de la riqueza, educación y enseñanza, vivienda, derecho a un trabajo digno, medio ambiente…), porque nada hay más progresista que, con la Ley en la mano y con votos para manejar las sedes del poder estatal, proponer cambios estructurales en favor de la comunidad, de la mayoría que ni puede ejercer sus derechos directamente ni pulula por esas cortes en las que fluyen las prebendas y el dinero público (en la actualidad, yo me veo gobernado para que una clase arribista obtenga sus beneficios, hay un Estado de Derecho pero con riesgo cada vez mayor de secuestro); nada hay más progresista que planificar críticamente el futuro afrontando la realidad, no calculando beneficios de clase alguna. Eso jode, luego cabalguemos.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorLa crisis catalana afecta ya a toda la economía española
Artículo siguienteLa jueza envía a la cárcel a todo el Govern

Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual.
Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003).
Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008.
Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013).
Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013).
Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información.
Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»:

-Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008)
-El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010)
-Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011)
-Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013)

Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros:

-Las apoteosis (2000)
-Libro de las taxidermias (2002)
-Libro de los humores (2005)
-Libro del ensoñamiento (2007)
-Álbum blanco (2011)
-Tenebrario (2013)
-De la luz y tres prosas granadinas (2014).
-Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub)
-Mar de historias. Libro decreciente (2016)

He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

uno × 2 =