El periodista durante 30 años Carles Puigdemont, que en la actualidad ostentaba el cargo de alcalde de Girona tras revalidarlo la pasada primavera pero ya sin la mayoría absoluta obtenida en 2011, es desde la noche del domingo 10 de enero el quinto presidente de la Generalitat de Cataluña desde que se reinstaurara la autonomía en 1980.

Pese a los sucesivos cargos periodísticos que ha ostentado en distintos medios catalanes, su formación es la de licenciado en Filología Catalana. Su militancia en CDC se inició a una temprana edad, aunque nunca se le han reconocido vínculos directos con el pujolismo, que sí representa en todos sus extremos su predecesor y gran defenestrado en este proceso, Artur Mas.

Artur Mas, Oriol Pujol y Carles Puigdemont, en imagen de archivo.

Carles Puigdemont, de 53 años y procedente de una conocida familia de pasteleros de la capital gerundesa, es desde la noche del pasado domingo 11 el president 130 de la Generalitat de Catalunya con los 62 votos a favor de Junts pel Sí y ocho de la CUP. Otros dos diputados de la formación antisistema se abstuvieron y el resto de diputados, 63 en total, votó en contra de la investidura (Ciutadans, PSC, PP y Sí Que Es Pot). El recuento de los votos finalizó a las 21,46 horas, apenas dos horas para que finalizara el plazo legal que obligaba a convocar nuevas elecciones autonómicas tras las celebradas el pasado 27 de septiembre. Desde entonces, el proceso para elegir presidente se enquistó ante la negativa de los dirigentes de la CUP de investir a Artur Mas, relacionado con la política de recortes en la comunidad cartalana y con los procesos de corrupción abiertos contra CDC y el clan de los Pujol.

El discurso de investidura de Puigdemont comenzó con una disculpa y finalizó lanzando vivas a “Catalunya lliure”. Reconoce sin ambages que su mandato será continuista con el marcado por Mas durante los últimos años, en una comunidad con un nivel de endeudamiento insostenible, con varios casos de presunta corrupción amenazando la estabilidad de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y que ha celebrado cuatro comicios autonómicos en los últimos cinco años. De este modo, el nuevo president prosigue el ‘procés’ marcado por Junts pel Sí para llegar a una secesión del Estado español en un margen temporal de 18 meses.

Nada más ser investido president de Catalunya, Puigdemont se fundió en un fuerte abrazo con su predecesor y tomó la palabra para agradecer la confianza depositada en él y añadió una declaración de intenciones: “intentaré ser digno de vuestras expectativas y vuestras esperanzas”. Con un “Visca Catalunya lliure!” (¡Viva Catalunya libre!) finalizó su intervención. Poco antes se oyeron varios silbidos al rey Felipe VI cuando la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, anunciado que la investidura sería comunicada al jefe del Estado español.

Estas tortuosas negociaciones de varios meses desde la cita electoral del 27S dejan un panorama insólito en la autonomía catalana y abren nuevos nubarrones legales en un proceso secesionista que los independentistas en el poder autonómico se han impuesto cumplir de manera exprés en 18 meses a partir de ahora.

El presidente en funciones de España, Mariano Rajoy, ha dicho que no dejará que el ‘procés’ siga adelante mucho más y amenaza de nuevo con la vía del recurso al Tribunal Constitucional y amaga con la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española que respalda la suspensión de la autonomía. Pese a estar en funciones, Rajoy sabe que cuenta con el respaldo del PSOE y de Ciudadanos para llevar a fin sus amenazas y mientras tanto apremia al líder socialista para formar cuanto antes un gobierno de la nación estable que haga frente al órdago catalán.

Por su parte, los independentistas tienen clara su ‘hoja de ruta’, que se inicia en una primera fase con la culminación de su etapa ciudadana y participativa, para pasar a continuación al diseño de las estructuras del nuevo Estado catalán. En tercer lugar, vendría la tramitación de un proceso constituyente para terminar con la internacionalización plena del proceso de creación de una Cataluña independiente. El fin último es que Cataluña se provea, una vez pasados estos 18 meses, de una constitución propia, una hacienda propia, un banco central y una seguridad social de Cataluña.

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