Aunque es un problema que afecta exclusivamente al género masculino, la falta de control sobre la eyaculación acaba convirtiéndose en uno de los principales problemas en la pareja y suele ser el desencadenante de otros problemas afectivo-sexuales. Me refiero a la Eyaculación Precoz o Retardada.

¿En qué consiste y por qué ocurre?

Médicamente, la eyaculación precoz se ha descrito como un trastorno de la fase del orgasmo que consiste en la falta de control del reflejo eyaculatorio que bien afectando a entre un 25 y un 40% de los hombres a lo largo de su vida.

En los casos más extremos, el hombre puede llegar a eyacular justo después de haber conseguido una erección completa y sin que llegue a producirse la penetración.

Si bien, al principio, se hablaba de una duración determinada entre el comienzo del coito y la eyaculación para hablar de si existía este trastorno; con el paso del tiempo y la realización de estudios, esta variable ha caído en desuso, prestándose más atención a la percepción que tiene quien la sufre de lo que está ocurriendo.

Así, por ejemplo, se establece que una mayoría de los hombres eyacula y llega al orgasmo tras haber iniciado la penetración entre, aproximadamente, 2 y 5 minutos. Ello supondría que todo lo que se encuentre por debajo de este margen podría considerarse eyaculación precoz. Sin embargo, hay que tener en cuenta la percepción que tiene el hombre de lo que ocurre y cómo lo experimenta, ya que para algunos hombres tardar 2 minutos puede resultar normal y para otros no.

En lo que respecta a la eyaculación retardada hay poca información al respecto ya que no es experimentado como un problema por el hombre o por la pareja. En la mayoría de las ocasiones es algo que se considera beneficioso, ya que el hombre es “capaz” de aguantar hasta que su pareja sexual llega al orgasmo.

En general, hablaríamos de que existe eyaculación retardada cuando el hombre necesita más de 30 minutos para eyacular – o si no lo hace – en más del 50% de sus relaciones sexuales.

En ambos casos, el trastorno puede estar producido por factores físicos o biológicos y por factores psicológicos y, en la mayoría de los casos, están presentes ambos.

Principalmente, se han encontrado problemas hormonales de base, siendo bastante comunes también cuando hay patologías cardiovasculares o diabetes y relacionados con el consumo de tabaco y alcohol (u otras drogas) o con los hábitos de masturbación del hombre.

Entre los factores psicológicos, no tiene que haber una psicopatología previa y, de hecho, es más importante la que se desarrolla a raíz de estos trastornos. Sí hay que señalar que suele haber una educación sexual pobre y muchas ideas erróneas sobre las relaciones sexuales, la consecución del orgasmo – sobre todo, el femenino – y la consecución del placer sexual en la pareja. Es decir, la educación, cultura y todo lo que nos enseñan el cine, la televisión y la literatura van a contribuir de manera esencial a que estos trastornos aparezcan, se mantengan y/o se agraven.

Así, suelen aparecer sentimientos de frustración, culpabilidad, ansiedad o depresión relacionados con estos trastornos. Aparece, principalmente, por la distancia entre la expectativa de hacer disfrutar a la pareja sexual y la realidad.

Cabe recordar, en este punto, que en caso de que no se llegue al orgasmo, estaríamos hablando de anorgasmia.

Pero, hay que hacer un inciso importante. En las mujeres también puede darse una llegada al orgasmo rápida o retardada; sin embargo, no parece haber estudios o literatura al respecto más allá de la anorgasmia femenina.

El llegar al orgasmo demasiado rápido podría suponer un problema también para la mujer, aunque parece que no se percibe así. Ocurre porque esta aceleración del proceso, más bien, contribuye a que la pareja llegue al orgasmo de forma más o menos conjunta y le sirve al hombre para mantener sus expectativas de rendimiento. A ello se suma la capacidad del género femenino para alcanzar el orgasmo en más de una ocasión durante una misma relación sexual.

¿Cómo hago para que no ocurra?

Siempre – y sí, digo SIEMPRE – debe llevarse a cabo un tratamiento multidisciplinar. Es decir, no es únicamente médico ni únicamente psicológico. Ambos deben darse la mano, tanto en la fase de diagnóstico como en la de tratamiento. Existen fármacos que pueden ayudar a controlar el reflejo eyaculatorio e incluso, para casos severos de eyaculación precoz, puede realizarse una cirugía que mejora el rendimiento.

El tratamiento tendrá una parte que debe llevarse a cabo en casa (los 10 pasos que he comentado en artículos anteriores de esta temática) y otra que se desarrolla en la consulta, que va a ser la modificación conductual, la psicoeducación, la eliminación de las ideas erróneas relacionadas y el tratamiento de la sintomatología asociada.

En el caso de la eyaculación precoz, además, se han descrito varias técnicas y ejercicios que ayudan a ir retrasando progresivamente la eyaculación, como es “Parar y continuar” a través del entrenamiento para mantener una erección de forma prolongada y la estimulación de forma progresiva del pene a través de la masturbación por períodos que van aumentando en duración, así como el entrenamiento del músculo pubocoxígeo en ambos miembros de la pareja.

Y, como siempre, terminar recordando la importancia de acudir a los profesionales adecuados y no mantener el problema en secreto. Esto solo contribuye a que se mantenga y se agrave, tanto el trastorno, como la sintomatología psicológica asociada.


Artículos anteriores:

· Hoy me apetece menos que ayer, pero más que mañana. (Deseo sexual hipoactivo)

· El placer, ese desconocido. (Anorgasmia)

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· El dolor de la penetración. (Coitalgia: dispareunia y vaginismo)

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