El pasado mes de enero Mariano Rajoy nos sorprendía a todos desoyendo el encargo del Rey de presentarse a la investidura, dada su condición de candidato con mayores apoyos parlamentarios. Por primera vez en nuestra reciente historia constitucional un candidato rehusaba someterse a la investidura. La decisión, ciertamente audaz, provocaba una situación inédita en España, y para la que el ordenamiento jurídico no tiene respuesta. No existen mecanismos para obligar a un candidato a someterse a la investidura y, además, el plazo máximo que la Constitución ha previsto para la formación de un gobierno antes de la disolución de las Cámaras y la celebración de nuevas elecciones, empieza a contar desde la primera votación.

No podemos saber si Rajoy contaba con el paso al frente que acabaría dando Pedro Sánchez. El líder socialista, acorralado por los problemas internos de su formación, que cuestionaban su continuidad al frente del partido, hizo un movimiento que puso en marcha el contador para las siguientes elecciones. La jugada del socialista pasaba por un pacto anti natura con Ciudadanos y estaba enfocada a impedir su renovación inmediata al frente del partido a la vez que se preparaba para afrontar unas inevitables segundas elecciones, con la apariencia de haberlo intentado todo para formar un gobierno.

No fue así y las segundas elecciones se produjeron con el resultado que todos conocemos. El Presidente del gobierno en funciones parece reacio a iniciar las negociaciones pertinentes para la formación de gobierno, e incluso esta semana ha amagado con que podría volver a repetir la jugada de no someterse a la investidura si no tiene garantizados los apoyos necesarios. Es algo curioso teniendo en cuenta que Ciudadanos ya ha anunciado su abstención en una segunda vuelta y el Partido Socialista se ha despachado con un misterioso “a día de hoy no”. Incluso algunos de sus barones territoriales han manifestado que debería  gobernar el Partido Popular con la abstención de al menos una parte de su bancada. Lo que parece descartado es que Pedro Sánchez, muy debilitado en su partido, pueda dar un paso y presentarse otra vez a la investidura si Mariano Rajoy rehúsa hacerlo, a pesar de la disposición de Unidos Podemos a apoyar una alternativa al Gobierno del Partido Popular.

Los meses pasan y el Presidente del Gobierno en funciones continúa ejerciendo como si esto no fuera con él. Sabe que si no se presenta a la investidura, el plazo de dos meses para unos nuevos comicios no empezará a correr, amenazando a la vez con esa posibilidad y con la contraria, la de unas terceras elecciones generales, a celebrar en noviembre. Por más que sea una posibilidad muy remota, el fantasma de otra contienda electoral planea sobre todos los partidos políticos, especialmente PSOE y Ciudadanos, cuyos líderes parecen acusar el paso del tiempo, obligados a decir en muy poco tiempo una cosa y su contraria. Y mientras tanto, el Presidente impasible sigue en funciones, esperando a que la providencia lo haga presidente de nuevo sin necesidad de hacer nada.

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Aunque nací en Sevilla en 1974, pasé mi infancia y adolescencia entre diversas localidades, destacando Ronda entre todas ellas. Cursé mis estudios de licenciatura y doctorado en la Universidad de Sevilla, donde soy Profesora Titular de Derecho Constitucional. Soy autora de numerosos artículos en revistas científicas y de los libros Las Cortes Generales en la jurisprudencia del Tribunal constitucional, La autonomía parlamentaria en la práctica constitucional española, y La propia imagen como categoría constitucional. He sido asesora del Secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios, en el Ministerio de la Presidencia. Desde su constitución pertenezco al Consejo Ciudadano estatal de Podemos. En la actualidad, diputada andaluza por Podemos. Tratando de conciliar teoría y práctica, lo que debe ser y lo que es, aprendiendo y desaprendiendo.

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