Estamos sacando de quicio lo políticamente correcto, fomentando una suerte de interregno entre la libertad de expresión y la conculcación de la misma. Esperemos que la judicatura ordené a las aguas fluir con normalidad.

El humorista Dani Mateo se sonó la nariz con una bandera de España. Si fueran los pro etarras de antaño, otro apunte de su violenta miseria, la acción merecería ser punible con ejemplaridad. Sin embargo, avecinada la paz, el cómico aclaró en su cuenta de twitter: El sentido del sketch de la bandera era -o así lo entendí yo- demostrar que cuando los ánimos están muy caldeados, las banderas se vuelven más importantes que las personas y eso es peligroso. Por eso me desmoronaba al comprender que me había sonado con ella. Nunca fue ofender.

Luego cerró su cuenta de la red social con tal de no soliviantar a los que se exasperan en un dedo de agua. Le honra. No cabe duda que la elección del momento, tras reflejar el programa de la sexta la lectura de la Constitución de la princesa Leonor, fue el menos propicio, pero cuando el actor se refiere a que las banderas son más importantes que las personas, al corriente, da en la diana. Los independentistas catalanes, sin ir más lejos, han elevado la señera (del antiguo Aragón por cierto) al olimpo, y todo bajo ella, el diálogo normal entre instituciones, los sentimientos españolistas de más de la mitad de la sociedad catalana, se queda en agua de borrajas que ellos utilizan a fin de ensuciar cualquier parlamento. Dani Mateo, denunciado, se acercó a los juzgados y, tras negarse a declarar, su derecho, comentó a los medios: “Como ciudadano de este país estoy algo preocupado porque estamos llevando a un payaso frente a un juez por hacer su trabajo, y eso me preocupa mucho por la imagen que da de mi país y de mi bandera”. El payaso acertó, la imagen parecía chavista y la bandera patria un simple paño que solo servía de saca mocos, pues la función del payaso radica en reírse de las cosas que importan, que es una manera de apuntalarlas y protegerlas.

No recuerdo en que artículo, en una situación pareja, Vargas Llosa realizaba una defensa a ultranza del sarcasmo y la libertad de expresión. Lo secundé al igual que defiendo la inocencia de un magnífico cómico que, con la inteligencia, nos hace carcajearnos y luego activar la reflexión. En España necesitamos muchos Dani Mateo, y una jurisprudencia clara sobre la libertad de expresión, cimiento de un país avanzado.

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