Abogado: Pase usted, póngase cómodo. Cuando se dirija a la jueza la llama “señoría”. Conteste a todas sus preguntas con la verdad y sólo con la verdad. Tranquilo hombre, mire cómo está sudando. No se lo van a comer. Aquí somos sus amigos.

Ya sé que revivir todo aquello es un mal trago. Pero en dos o tres horas habremos acabado. Sí, no me mire con esa cara de espanto, tenemos que saber todos los detalles, es mucho lo que se juega aquí.

Señoría: Miguel Alonso Fernández, ¿es usted, verdad? Le recuerdo que está bajo juramento. Comencemos pues. ¿Dónde vivía cuando ocurrieron los hechos?

Víctima: (primero le cuesta un poco arrancar pero luego se va poniendo muy locuaz) Vivíamos en la raya de Extremadura, en medio de la nada, en una choza de paja como son las de aquella zona, sin chimenea, con el humo saliendo directamente por la paja, el humo que también tragábamos nosotros, metidos en ese agujero, porque menudo frío hacía en ese jodido campo. No teníamos casi de nada, mi padre salía a cazar pero no siempre venía con alguna perdiz. Iba al colegio al pueblo más cercano, mi padre me llevaba en el carro, tardábamos más de una hora….

Señoría: (interrumpe) No dé tantos detalles laterales, vamos al grano. ¿Cómo fue que comenzó aquello?

Víctima: El párroco, don Julián, les propuso a mis padres que me quedara interno en el colegio de los agustinos que tenían para los niños de la inclusa. Yo no era huérfano, pero harían un trapicheo para hacernos el favor. Mis padres se lo agradecieron toda la vida, mi aspecto debía ser horrible por esa época. Mi madre me veía tan delgado y macilento que estaba preocupada de que me pillara alguna enfermedad grave. Tenía más miedo por mi que por mi hermana, que a pesar de ser más joven que yo era el doble de grande y fuerte. Esta se queda conmigo, decía mi madre, y eso no sé si ha sido bueno o malo para ella. Quizás bueno, viendo lo que pasó después….

Señoría: Por favor, por favor, respuestas más cortas, limítese a lo importante. ¿De qué edad estamos hablando?

Víctima: Ocho años. (silencio)

Señoría: Bueno, siga usted, a veces tanto y otras tan poco. A ver si llegamos al meollo de una vez. Relate los acontecimientos.

Víctima: (esto lo cuenta con más dificultad, más lento) El párroco se encariñó conmigo y me pedía que ayudara en la misa. A mi me encantaba ir porque me daba un bocadillo de Nocilla y porque yo era bastante religioso también y eso de los cantos y el incienso me parecía divino. Tenía que ayudarlo a vestirse y ahí nos rozábamos mucho, pero lo encontraba natural, hasta el día que me empujó contra la pared y apoyó toda su humanidad sobre mí. (silencio)

Señoría: (con un suspiro y tono de fastidio) ¿Puede describir todo con más detalle? ¿Había tocamientos? ¿Hubo penetración? ¿Lo obligó a algunas prácticas, como por ejemplo sexo oral? ¿Con ropa o sin ropa? ¿Solo en la sacristía o en más sitios?

Víctima: (Muy molesto) ¿Penetración? ¿Se refiere a su órgano sexual? ¿O si era un dedo o un objeto, por ejemplo, un bolígrafo, también es penetración? ¿O si era por la boca?, ¿eh? (Pausa)

(Lo susurra) Empezó a venir a mi habitación y a obligarme a ir a la suya y me susurraba al oído mientras tanto. Todavía tiemblo cuando lo recuerdo. Le tenía terror y asco.

(Grita) No quiero hablar más, no puedo hablar más, me estoy poniendo malo. ¿No es ya suficiente? ¿Por qué tengo que contar todas estas miserias delante de tanta gente? (va perdiendo el control, se estruja las manos, la cabeza…)

Señoría: Sr. Alonso, contrólese por favor.

Víctima: ¿Esto no va a salir en la televisión, ¿no? No quiero que nadie lo sepa. Mis padres ya murieron, pero mi hermana, mis sobrinos. Me da mucha vergüenza. Si no me prometen que nadie se va a enterar de nada no lo sigo contando.

(Va subiendo el tono de voz y la agresividad)

¿Y a él le va a pasar algo?   Lo único que falta es que me señalen a mí con el dedo y él siga tan campante.

Lo único que quiero es que no le arruine la vida a nadie más. Debió seguir haciendo lo mismo con los desgraciados como yo que teníamos tanta hambre atrasada que pasábamos por todo lo que hubiera que pasar.

¿De verdad se me garantiza todo eso?

Señoría: Sr. Abogado, acérquese por favor. Será solo un momento Sr. Alonso Fernández, quizás le vendría bien que se bebiera un poco de agua o que se de una pequeña vuelta. ¿Alguien que lo acompañe por favor? Tranquilícese, retomamos en unos minutos.

Señoría (al abogado): A ver qué hacemos, es difícil garantizarle anonimato, tenemos a toda la prensa detrás, además hay filtraciones y me temo que la fuente sois vosotros, el despacho de abogados que lleváis el caso ¿me equivoco?

Abogado: Bueno, nosotros directamente no, pero es cierto que todo lo que se está publicando nos favorece, el ruido mediático es indispensable, hay que acabar con estas prácticas espantosas, no puede ser que el Vaticano los avale, y ¡eso que ahora hay un Papa progresista!

Señoría: ¡pero la Víctima cree que se protegerá su intimidad! Habría que advertirle de la situación, ¡tener su consentimiento!

Abogado: Nunca va a aceptar testificar, tuvimos que decirle que no se iba a saber nada, en estos casos no hay más remedio. Ya sé, ya sé, es volver a victimizar a la víctima, pero el daño ya está hecho, y ahora tiene más armas que cuando era niño, lo superará y ¡habrá hecho tanto bien a tantos!

Señoría: Entiendo, pero no deja de darme algo de repugnancia su pragmatismo, aunque el objetivo final sea loable. Pero lo peor de todo es que no creo que el caso prospere. Es sólo su palabra, no hay testigos, no hay ninguna prueba, por el contrario el párroco tiene las mejores opiniones de muchos feligreses y del monseñor. Seguramente se archivará, y esto usted lo sabe.

Abogado: Claro que lo sé, por eso nuestra única esperanza es producir un tsunami mediático y que afloren casos y casos, y que todos los medios se llenen de testimonios, y las redes sociales…. Sé que suena duro, pero creo que aquí sí se aplica lo de que el fin justifica los medios.

Señoría: Tanta vehemencia de su parte, Sr. Abogado, me da qué pensar…. ¿No me contó hace tiempo que se crió en un centro de curas y que fue monaguillo? Quizás se está identificando demasiado..…. ¿No preferiría que el caso lo siga llevando otro colega?

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Escritora y activista por los derechos humanos.

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