Mujica y Guevara son contemporáneos, con siete años de diferencia y en ciudades a la vera de un río, ambos nacieron a principios del siglo pasado. Ernesto Guevara en Rosario el 14 de junio de 1928 y José Mujica el 20 de mayo de 1935. El Pepe era uruguayo, el Che argentino, y a lo largo de su vida tuvieron muchos puntos en común desde la participación de ambos en el Primer Congreso Latinoamericano de Juventud, realizado en La Habana en 1960, y que contó con Guevara como orador en la apertura y Mujica como delegado uruguayo.

También coincidieron en su visión del mundo y los métodos para intentar modificarlo, hasta que la muerte alcanzó a uno y la cárcel al otro, y de hecho Mujica siguió, casi al pie de la letra, las palabras que pronunciara Guevara al hablar en el Paraninfo de la Universidad en Montevideo en 1961, cuando les afirmó a los uruguayos que ‘ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es precisamente la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre ni siga la explotación del hombre por el hombre, lo que no en todos casos sucederá lo mismo -sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último.

Y el último disparo del Pepe fue en 1972, antes de caer en manos de las Fuerzas Armadas, quien junto a sus compañeros líderes del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros pasó 13 años detenido en condiciones infrahumanas como una suerte de rehén del gobierno dictatorial por si había un rebrote subversivo. Eran verdaderos escudos humanos que fueron errando de batallón en batallón durante más de una década en la que el gobierno creía que los estaba eliminando poco a poco, pero en realidad los fortaleció, porque los tupamaros entendieron que la violencia no era el camino para poder llevar adelante su ideario y se reencausaron en las palabras que pronunciara Guevara en la Universidad.

Y este derrotero por los cuarteles militares forjó en Mujica una personalidad que le hizo entender que habían sido derrotados y que debían empezar otra lucha para intentar llevar adelante su ideario. Ya no era a través de las balas sino a través de los votos, y propició la integración del MLN en el Frente Amplio y una vez allí, poco a poco, fueron ganando terreno como grupo interno consolidándose con tal fuerza que en el año 2010 se convirtió en el 40° Presidente de la República Oriental del Uruguay, y desde su posición institucional procuró llevar adelante una de las máximas guevaristas, la del hombre nuevo.

Decía el Che en ‘El socialismo y el hombre en Cuba’ que ‘la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.’, y el Pepe asumió este mandato como propio, y procuró generar cambios culturales en el ‘paisito’ que confluyeran en esa nueva generación que piense en valores y no en cosas, que la muevan ideales y no el dinero.

Son muchos los discursos y las presentaciones en las que Mujica machacó y machacó en la importancia de no correr tras el dinero, puesto que gastamos tiempo en esa carrera y desperdiciamos el bien más valioso que tenemos, nuestra vida y nuestro tiempo. Para el Pepe ‘Inventamos una montaña de consumo superfluo, y hay que tirar y vivir comprando y tirando. Y lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad.’ Porque a su criterio ‘triunfar en la vida es aprender a levantarse cada vez que uno cae. Me toca vivir una civilización que está difundiendo, de hecho, que triunfar en la vida es ser rico, y que el que no es rico fracasó. Discrepo de punta a punta. Triunfar es sentirse feliz, y eso muy poco tiene que ver con la plata. […] Hay ciertos límites materiales que los seres humanos tenemos que cubrir. Confundir riqueza con felicidad es un cuento chino porque lo que nos hace felices está muy ligado a las emociones, a lo sentir, y muy particularmente a los afectos. Y para cultivar los afectos hay que tener tiempo libre. Hay que tener tiempo para los hijos, para las amistades, para las relaciones personales. [puesto que] si multiplico mis necesidades materiales y tengo que vivir pagando cuentas porque mis necesidades materiales son infinitas, tengo que trabajar infinito para cubrir esas necesidades materiales y, francamente no es negocio, porque termino sacrificando mis afectos. Esto parece pavada pero no es pavada, estamos en el siglo de las enfermedades de la cabeza, de la ansiedad, de los que no pueden dormir, etc.’

Este pensamiento de Mujica no es no más ni menos que el hombre nuevo que planteaba Guevara, con el lógico aggiornamiento temporal tras haber transcurrido más de medio siglo entre ambos planteos, pero no hay duda que hay un hilo conductor entre ambos pensamientos, como lo hubo también en el accionar, puesto que llevaron a la práctica en su vida personal los valores que propugnaban para el resto de la sociedad, porque ‘el hombre nuevo no es una utopía de llegar un día a un arco de triunfo y que esté todo arreglado, el hombre nuevo es el camino por ser menos porquería de lo que somos’.

Supieron alinear el pensar, con el decir y el hacer, y quizás por ello es que la figura del Pepe genera tanta admiración. Porque sostiene en su vida cotidiana, en hechos concretos, su ideario. Porque no tiene una pose discursiva, porque cuando tuvo responsabilidad de gobierno llevó adelante sus pensamientos en pos de un Uruguay mejor.

En momentos en que los ciudadanos del mundo nos encontramos tan faltos de modelos que sirvan de guía de acción, donde los políticos en su mayoría buscan el provecho personal por sobre las construcciones colectivas, en épocas en donde el parecer prima por sobre el ser, ejemplos como los de Mujica generan admiración allí donde va a disertar.

Por estos días se presentan dos películas sobre su vida, una más general dirigida por Emir Kusturica, y una centrada en su prisión dirigida por Álvaro Brechner, que vuelven a poner sobre el tapete algo que todo el mundo valora en Mujica, su sobriedad, puesto que ‘abogo por una manera personal de vivir con sobriedad, porque para vivir hay que tener libertad y pa’tener libertad hay que tener tiempo… Entonces soy sobrio para tener tiempo, porque cuando tú compras con plata no estas comprando con plata, estas comprando con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata.’ Y es un hecho llamativo por demás, porque no abundan los homenajes en vida a los líderes políticos, siempre que no pertenezcan a regímenes autoritarios.

En definitiva, con dichos y hechos, se vuelve a hablar del hombre nuevo, ese del que hablaba el Che Guevara y que, a su manera, comenzó a intentar construir el Che Mujica.

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