Barack Obama, el amo del mundo, de la Luna y Marte, ha venido a controlar cómo anda el patio trasero español, donde los americanos siguen teniendo intereses económicos y militares, o sea Rota y Morón, yankees go home. Hacía quince años que un presidente americano no se dejaba caer por España, y lo primero que ha dicho tras apearse del Aire Force One es que le gusta mucho nuestro país porque anduvo por aquí de mochilero en sus tiempos mozos. Una noticia bomba, sin duda, a la que Matías Prats ha sabido sacarle punta abriendo el telediario con ella con su habitual sensacionalismo y gracejo. Por lo visto a Michelle y a las niñas también les encanta nuestro país, mayormente el gazpacho y el flamanco. Será que no han visto la otra cara de España, las colas de Cáritas y del Inem, los mendigos con cartela y el cabreo y pesimismo generalizado que se respira en nuestras calles y plazas. Tras cuarenta años de democracia y despegue, España ha vuelto a los cincuenta, al Nodo en color de TVE con toreros muertos, misas de domingo y mucho cine de Lola Flores, al Plan Marshall y al pueblo coreando aquello de “americanos os recibimos con alegría”, a ver si así nos cae alguna limosnilla de Washington.

Este país va para atrás como los cangrejos, pero el amo americano viene a darle ánimos a Rajoy para que no se duerma en los laureles de la victoria, forme Gobierno de una santa vez y le eche una mano con el enjambre yihadista. A Estados Unidos no le conviene una España anárquica, desgobernada y frágil que le hace perder dólares y ventas en coca colas, y le ha dicho al presidente español que se ponga las pilas de una vez. “Sea cual sea el Gobierno, España seguirá siendo un aliado sólido”, ha insinuado el líder estadounidense ante un Rajoy que apretaba la mandíbula sin saber muy bien qué quería decir ese señor negro tan bien trajeado. Obama, el encanecido y algo amargado Obama, ha venido para poner un poco de orden en el gallinero español, donde ya no hay dos gallitos sino cuatro, y hasta se ha reunido con el triste Sánchez, con el maquiavélico Riverita y con el jacobino Coletas (no sabemos si Pablo le hará la cobra a la bandera de las barras y estrellas como se la hizo el rojo Zapatero).

Obama ya no es aquel joven idealista que llegó a la Casa Blanca para hacer realidad el hermoso sueño de igualdad entre blancos y negros de Luther King, para instaurar la sanidad pública y para aliviar el maltrecho ozono del planeta. Nada queda ya de aquellas arriesgadas promesas, los halcones republicanos del Pentágono han impuesto su ley y el mundo es hoy un lugar tan inseguro e infestado de guerras y terroristas como cuando gobernaba el locuelo de Bush. Por si fuera poco, Europa se nos va al garete sin que el Lincoln afro haga nada por evitarlo. Son las cosas del nuevo desorden mundial, que es un despiporre. Mucho nos tememos que la visita del amigo americano no servirá para mucho más que para llenar de turistas yanquis unos cuantos restaurantes de Marbella y para que Rajoy, que parece un servil mayordomo al lado del elegante y aristócrata Obama, aprenda un poco de inglés, que ya va siendo hora. Al menos que le sirva de algo haber pasado por la Moncloa.

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