En España, el juego bipartidista ha dado paso a otro más poblado que aún no ha concluido ni está totalmente definido. Y que, en estos momentos, da lugar a un hecho que parece inexorable: el conservadurismo liberal representado sobremanera por el PP está terminando su estancia en el gobierno central. Otra cosa es, claro, el colosal esfuerzo económico-mediático desde la derecha todopoderosa en estos terrenos, para intentar que la percepción o imagen pública de la ciudadanía entienda como natural que es el PP quien debe seguir gobernando.

Hay al menos tres factores importantes que influyen en altísimo grado en el desenlace de la inaudita presente situación relativa a la investidura de un presidente: uno, el impresionante abanico de recortes sociales sobre la gran mayoría de la población, que Rajoy y sus gobiernos han ejecutado en cuatro años con propina; otro, el inaguantable tufo de corrupción que rodea al PP; y el tercero -pero bien decisivo al respecto- es el conjunto de estrategias (que no tácticas) de PP, PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos y demás partidos ya con predominio nacionalista de diferente signo e intensidad.

Así, Ciudadanos aparece en estos días como una formación que, al ayudar al PP, trata de equilibrar la percepción de su público potencial (mayoritariamente de centro-derecha). Esto es, procura de esta manera recuperar o al menos no perder más electores de derecha moderada. No obstante, con esta aproximación clara al partido de Rajoy, Ciudadanos va a tener muy difícil no perder cancha entre su público (minoritario, pero no tan pequeño) más escorado a la izquierda moderada.

Pero es que, adicionalmente, no parece aventurado decir que el presidente del gobierno en funciones está en precario y jugando de farol, pues a no ser que ciertos partidos nacionalistas le llevasen en volandas a la investidura (con el consiguiente desgaste monumental para dichas formaciones, de ahí la improbabilidad de esta solución), Rajoy está políticamente amortizado y contando los días, o como mucho meses, que le quedan en Moncloa. Por eso clama incesantemente a la abstención -siquiera seis votos- de un PSOE que, de caer en esa trampa, estaría abocado al sumidero electoral por muchos años, a la marginación. Es sumamente comprensible, así, el “no es no” de Pedro Sánchez. E injustificable, desde una postura socialista y precisamente estadista, la luz de gas (aquí y ahora) de la baronía y otros pesos pesados hacia su líder actual, pidiéndole una abstención verdaderamente orgásmica para el PP y la derecha económica, pero abominable para la inmensa mayoría de la clientela socialista (encuestas aparte que merecen otro artículo más amplio que el presente).

Por ello, parece palmario que lo primero que debería hacer el líder socialista para iniciar conversaciones sobre su eventual investidura, es potenciar al máximo las consultas a sus bases, e incluso a sus electores potenciales (en este caso, con las debidas cautelas para evitar intrusismo de la competencia política).

Pues bien, así las cosas y si no se quiere ir a unas terceras elecciones navideñas (fecha buscada por Rajoy), aparece la solución de un gobierno de cambio con marcado acento progresista. Que pasaría por la investidura de Pedro Sánchez, con el apoyo -entrando o no en el gobierno- de Unidos Podemos que, o hace eso, o en las elecciones navideñas o año nuevo bajaría a plomo por negar dos veces al PSOE, apoyando tácitamente otras dos al PP. Y asimismo con la abstención de muchos partidos nacionalistas, pero también de Ciudadanos. Porque si Rivera y l@s suy@s no hicieran esto (en realidad tendrían fácil la abstención como “partido de centro” que acabaría de apoyar a un Rajoy que no pasaría la prueba), serían claramente percibidos como auténtico partido apéndice del PP. O sea, con el futuro cercano tendente a cero.

Otras soluciones de investidura y posterior gobierno en clave de un@ “independiente” o recambio dentro del propio PP, por definición abdicarían de un cambio progresista mínimamente notorio, que es lo que la aritmética electoral dibuja como voluntad del pueblo, y no el empecinamiento de “partido más votado” del PP. Porque es el más votado minoritariamente, pero el más rechazado mayoritariamente. Y ello, en democracia, exige cambio.

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Catedrático de Comunicación Institucional y Política en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Licenciado (con Primer Premio Extraordinario) en Ciencias de la Información por la UCM, cursó un posgrado -en inglés- en Sociología en la Universidad de Oslo. Doctor en Publicidad y RRPP por la UCM (con la máxima calificación), con una tesis acerca de la imagen en política. Asignaturas impartidas, actualmente, en la UCM: En Master: Nuevas Tendencias en Comunicación Política y Electoral. En Grado: Comunicación Institucional e Imagen Pública; Psicología de la Comunicación. También en UCM: ha dirigido el Instituto de Comunicación Institucional y Empresarial, y Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad. Director de varios Magísteres posgrado (Comunicación Corporativa y Publicitaria, Comunicación de Instituciones Públicas y Políticas, y Psicología de la Comunicación Persuasiva). Pionero de la investigación de la comunicación política en España. Director, autor o coautor de más de cincuenta publicaciones científicas sobre comunicación aplicada (por ejemplo, tres libros: “Tratamiento Teórico y Práctico de la Imagen de los Políticos”, “Campañas Electorales en España”, “Debates Electorales Televisados”), ha sido miembro del Editorial Board del Journal of Public Relations Research de la University of Maryland, y ahora con cargo equivalente en varias de las revistas científicas de vanguardia relativas a comunicación. Catedrático honorífico de varias universidades americanas. Más de treinta años dirigiendo/participando en campañas electorales en España (siempre para la izquierda, fundamentalmente PSOE).

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