Según los especialistas, andar 30 minutos a diario y hacer unos 20 minutos de ejercicio algo más elevado, un mínimo de tres días a la semana, tiene efectos muy saludables para nuestro organismo. Por ejemplo, nos permite eliminar grasas, prevenir enfermedades coronarias, mejorar el desarrollo muscular y bienestar físico, mejorar la amplitud respiratoria y regular el estreñimiento. Y a nivel psicológico, eliminar el estrés, prevenir el insomnio y regular el sueño. También puede incrementar de media dos años de vida y ayudar a prevenir enfermedades tan importantes como las cardiovasculares, la obesidad, la diabetes y el cáncer.

Ahora además, unos investigadores de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) han encontrado otra razón más para movernos todos los días, y es que el ejercicio frena de forma muy notable los efectos del envejecimiento.

“Hipócrates ya dijo en el año 400 a.C. que el ejercicio es la mejor medicina para el hombre, pero este mensaje se ha perdido con el paso del tiempo y nuestra sociedad es cada vez más sedentaria. Sin embargo, nuestros hallazgos echan por tierra la asunción de que el envejecimiento provoca que, de forma automática, seamos más frágiles. Así, ahora contamos con una evidencia contundente para alentar a la población a que realice ejercicio de forma regular a lo largo de toda la vida como vía para solventar el problema que deriva de que ahora vivamos más pero no con salud”, aseguró Janet Lord, directora de esta investigación publicada en la revista Aging Cell,

El estudio de estos investigadores contó con la participación de 125 ciclistas amateurs con edades comprendidas entre los 55 y los 79 años. De ellos, los 84 varones podían recorrer 100 kilómetros en menos de 6,5 horas y las 41 mujeres podían pedalear un mínimo de 60 kilómetros en menos de 5,5 horas. Además, todos los participantes estaban totalmente sanos, ninguno fumaba ni bebía alcohol ni padecía ninguna enfermedad crónica.

El estudio se basaba en someter a los ciclistas a diferentes pruebas médicas y contrastar los resultados con los realizados por otros 125 participantes sanos, de edades agrupadas entre los 57 a 80 años y los 20 a 36 años de edad. La peculiaridad aquí era que todos éstos no realizaban ninguna actividad física regular.

Del estudio comparativo se pudo constatar que el primer grupo, el de los ciclistas, no había experimentado una pérdida de masa muscular y, por tanto, de fuerza. Tampoco presentaba una subida de la grasa corporal o de las cifras de colesterol asociado a la edad. Además los varones que practicaban ejercicio regular conservaban unos niveles elevados de testosterona (lo que reducía sus posibilidades de sufrir la llamada ‘andropausia’ o ‘menopausia masculina’) y un sistema inmunitario no envejecido.

Entre las conclusiones se hallaba la siguiente: los ciclistas no practicaban deporte porque estuvieran sanos, sino que estaban sanos porque practicaban deporte. Que no es lo mismo. “Nuestros hallazgos destacan el hecho de que los ciclistas no se ejercitaban porque estuvieran sanos, sino que se encontraban sanos porque habían realizado ejercicio durante una gran parte de sus vidas. En consecuencia, sus cuerpos habían envejecido de forma óptima, libres de problemas habitualmente causados por la inactividad. Tal es así que si se eliminara este ejercicio, su salud probablemente se deterioraría”, afirmó Stephen Harridge, co-autor del estudio.

Como reconoció Norman Lazarus, co-autor también de la investigación, profesor emérito y ciclista aficionado, “la mayoría de las personas que practicamos ejercicio ni nos acercamos a las capacidades fisiológicas de los atletas de élite. Hacemos ejercicio sobre todo para divertirnos. Pero casi todo el mundo puede participar en un ejercicio que nos divierta y convertirlo en un hábito. Así logrará una recompensa futura: disfrutar de una edad avanzada independiente y productiva”.

En definitiva,”esperamos que estos hallazgos prevengan el peligro de que, como sociedad aceptemos que la edad avanzada y la enfermedad sean compañeros completamente normales y que la tercera edad sea algo que debamos vivir pero no disfrutar”, concluyó Niharika Arora Duggal, otra co-autora del estudio.

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