Esto se preguntaba Violeta Parra más de 50 años atrás en referencia al fusilamiento de Julián Grimau por parte de la dictadura franquista  y hoy, más de medio siglo después, varios de sus interrogantes son útiles para intentar entender lo que ocurre en Venezuela y el rol que está teniendo la Iglesia Católica en el mantenimiento del status quo.

Comenzaba la artista chilena diciendo ‘Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad’, y pareciera una fiel descripción de lo que ocurre en el país caribeño donde la sucesión de detenciones a opositores, muchas de ellas realizadas de manera irregular e ilegal, pero sin embargo el gobierno desmiente esta obvia realidad y, como decía Violeta, ‘Miren como pregonan tranquilidad, cuando nos atormenta la autoridad’.

Ante esta realidad, fueron muchos los actores internacionales que buscaron inmiscuirse en la situación venezolana para aportar su colaboración con el objetivo de desbloquear la situación de equilibrio de fuerzas entre gobierno y oposición, entre ellas quien ofreció su ayuda fue la Santa Sede, quien en una carta de la Secretaría de Estado fechada el 1 de diciembre de 2016 exponía sus propuestas para superar la situación actual. Sin embargo los hechos y las muertes se siguieron sucediendo y tanto el Papa como su entorno más cercano optaron por un silencio que parecía convalidar lo realizado por el gobierno de Maduro, quien por cierto no necesitaba del aval eclesiástico para aplicar su política, pero en un país con tanto peso de la Iglesia Católica una fuerte condena vaticana hubiera tenido mucho más impacto que esta sucesión de inocuos comunicados.

Por ello tienen vigencias las palabras de Parra, mucho más aún tras la incesante cantidad de muertos que se suceden en las protestas contra el gobierno desde el pasado 1 de abril, que ya llegan casi al centenar y medio, que se preguntaba ‘¿Qué dirá el Santo Padre? Que vive en Roma, que le están degollando, a su paloma’. Pues bien, hoy se sabe qué dice, y es bastante poco. En su último comunicado el Papa enuncia que ‘la Santa Sede manifiesta nuevamente su profunda preocupación por la radicalización y el agravamiento de la crisis en la República Bolivariana de Venezuela, por el aumento de los muertos, de los heridos y de los detenidos’. Cierto es que no es mucho lo que puede hacer en términos prácticos el Vaticano, pero sí lo es en términos simbólicos, y en el caso venezolano hizo poco y nada.

Y tal como hace 50 años, ‘miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven balas como granizo’, porque mientras la represión arrecia en las calles de Venezuela y los hechos los contradicen, los principales representantes del régimen siguen presentando la situación que mucho dista de la ‘realidad real’. La Presidente de la recién constituida Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, por ejemplo, afirmó que ‘En Venezuela no hay hambre, en Venezuela hay voluntad… aquí no hay crisis humanitaria, aquí hay amor’, cuando todos los estudios y análisis internacionales indican que la falta de alimentos y medicamentos en Venezuela para la población alcanza niveles insospechados, aunque claro está, ella no se encuentra entre los damnificados de esta situación.

Mientras tanto el Papa sigue moviéndose al ritmo vaticano, que evidentemente no es el ritmo venezolano, y mientras se sucedían los acontecimientos tendientes a la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, el Santo Padre pedía que ‘se eviten o se suspendan las iniciativas en curso, como la nueva Constituyente que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro’, pero sus palabras llegan tarde, puesto que el régimen encabezado por Maduro avanza como un tropel fugando hacia adelante, queriendo con este tipo de maniobras dotar de una pátina democrática a su malherido gobierno. Creía la Santa Sede que con su pronunciamiento lograrían torcer la voluntad gubernamental, como decía Parra, ‘miren el entusiasmo, por la sentencia, sabiendo que mataban ya la inocencia.’, pero fallaron en su pronóstico y Maduro siguió adelante, pese a las denuncias de fraude, pese al pedido celestial, pese a todo y pese a todos, Maduro siguió adelante.

Diferente fue la posición asumida por el MERCOSUR, quien tras muchas vacilaciones y después de haber suspendido a Venezuela del bloque en diciembre de 2016 por incumplir las obligaciones comerciales con las que se comprometió cuando se incorporó al bloque en 2012, por no haber logrado un acuerdo para la aplicación del Protocolo de Ushuaia, finalmente obtuvo dicho acuerdo (en MERCOSUR las decisiones se obtienen por consenso) y suspendió el día de ayer a Venezuela del MERCOSUR.

Sostiene el bloque regional que se constató la ruptura del orden democrático de la República Bolivariana de Venezuela desde el 1 de abril de 2017, y que no se han registrado medidas eficaces y oportunas para la restauración del orden democrático por parte del Gobierno de este país, y entonces 4 meses después de haber comprobado la inexistencia de la democracia deciden sancionarla por ello y suspenden a la República Bolivariana de Venezuela en todos los derechos y obligaciones inherentes a su condición de Estado Parte del MERCOSUR, de conformidad con lo dispuesto en el segundo párrafo del artículo 5° del Protocolo de Ushuaia.

Frente a esto, el régimen de Maduro reaccionó y manifestó a través de su Presidente que ‘A Venezuela no lo van a sacar del MERCOSUR. Jamás. Somos MERCOSUR de alma, corazón y vida’, y acusó al gobierno argentino de ser ‘la punta de lanza de la agresión y ahora es el portaestandarte de la búsqueda de un bloqueo económico, financiero, comercial y político como el que se le hizo a Cuba en los años 60’ de la democracia venezolana.

Se notan las diferencias entre los actores políticos que actúan de manera política de forma decidida y aquellos actores políticos que, enmascarados, no terminan de asumir el rol que quieren cumplir y quedan a mitad de camino.

Sin embargo pese a los intentos oficialistas de mostrarse como una democracia, ya ni siquiera se puede hablar de autoritarismo competitivo en los términos en que lo plantearon los politólogos Steven Levitsky y Lucan A. Way sino que, más allá de cierta fachada democrática, la República Bolivariana de Venezuela es una dictadura, muy lejana del socialismo del siglo XXI que enunciara Heinz Dieterich Steffan y al que adscribiera el Comandante Hugo Chávez en un discurso durante el desarrollo del V Foro Social Mundial, el 30 de enero de 2005.

La Iglesia Católica, como muchas veces en su historia, con su silencio, con sus palabras tardías y hasta con la presencia del sacerdote jesuita (la misma orden que la del Papa) Numa Molina, quien se encargó de bendecir la jura de los constituyentes, es cómplice de una dictadura, como lo fue de la dictadura franquista y el asesinato de Julián Grimau 50 años atrás, por eso como cantara Violeta, ‘Mientras más injusticias, señor fiscal, más fuerza tiene mí alma, para cantar, lindo segar el trigo por lo sembrao, regado con tu sangre, Julián Grimau’ y cada uno de los venezolanos que fueron muertos en las calles del país caribeño luchando por su democracia.

 

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