Dí que NO

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Parece ser que hay dos letras cuya pronunciación unidas causan mucha dificultad a algunas personas, llevando a esas personas a situaciones que les resultan desagradables o que hacen con desgana. Estas dos letras unidas forman la palabra “NO”.

Dejando a un lado el tono irónico, decir “NO” o plantear una respuesta negativa o disgusto supone un problema para algunas personas. Esto, como comentaba al principio, lleva a tenerse que enfrentar a unas consecuencias negativas, a situar a la persona haciendo, diciendo, vistiendo, etc… algo que no quería, con todo el malestar que ello conlleva.

Llevado al extremo, no saber decir “NO” puede llevar a la anulación de la propia persona, que termina viviendo y siendo de la forma que otros le piden que sea y viva, quitando importancia a las propias necesidades y deseos y siendo, en ocasiones, un factor que contribuye al inicio y/o mantenimiento de ansiedad, depresión o enfermedades psicosomáticas.

Las causas por las que no se dice “NO” pueden ser varias y, en la mayoría de los casos, están relacionadas con una anticipación negativa de lo que va a ocurrir si nos negamos a algo. Pero veamos algunas de estas causas:

  • No crear conflictos con otros.
  • Evitar sentimientos de culpa.
  • Sentir que decepcionamos a la otra persona.
  • Miedo a ser rechazado por los demás.
  • Porque creemos que las necesidades de los demás son más importantes que las nuestras.

Cabe también apuntar que habrá quien piense que esta incapacidad para decir “NO” sólo le ocurre con una determinada persona y que, por eso, no es un problema. Esta concepción es un error, ya que si estamos cediendo a los intereses de otra persona de forma sistemática y esto nos provoca malestar, estaremos desarrollando el problema.

Decir “NO” es algo normal y que haya ocasiones en las que nos cueste decir que no, también es normal, sobre todo cuando planteamos la negativa a personas que son importantes en nuestra vida o cuando creemos que lo que nos piden es importante para la otra persona. Tenemos que aprender a que el malestar momentáneo que nos pueda causar la negativa no sea el centro de nuestra vida y, además, tenemos que saber cuándo decir “NO”.

Así, vamos a plantearnos una serie de cuestiones que nos pueden ayudar a desarrollar nuestra habilidad para negarnos a las cosas.

Lo primero que debes hacer cuando te piden algo es evitar responder de forma impulsiva. Pregúntate a ti mismo o a ti misma si lo que te están pidiendo es algo que realmente quieres hacer, sin tener en cuenta qué es lo que va a pensar o sentir la otra persona. Imagínate haciendo eso que realmente no quieres hacer y piensa en las consecuencias negativas o el malestar que te está produciendo.

Plantéate tus prioridades, es decir, si tienes tiempo para hacerlo o no. En el entrenamiento en habilidades sociales, algo común es pedirle a los pacientes que hagan una especie de horario con lo que tienen que hacer cada día – parecido al que todos hemos usado en el colegio o el instituto -, de manera que les permita establecer prioridades. Si usas este horario, te será más fácil ver tu orden de prioridades.

Dentro de este orden de prioridades, vamos a poder plantearnos una “negativa a medias“, es decir, si veo que es algo que no me importa hacer pero no puedo hoy, siempre puedo ofrecerme para hacerlo con posterioridad. Así, podríamos usar alguna frase como “Entiendo lo importante que es para ti, pero ahora mismo NO puedo hacerlo, pero si no es algo urgente podría ayudarte cuando tenga un rato libre”.

Está claro que, para ello, vas a necesitar algún tiempo, por lo que no debes preocuparte en pedir tiempo si lo necesitas. Decir un “déjame pensarlo y te respondo lo antes posible”, te va a permitir plantearte esas cuestiones que comentaba anteriormente.

Decir “NO” no significa ser maleducado. Uno puede negarse a algo siendo sincero y diciéndolo con amabilidad, lo que evitará reacciones negativas en la otra persona. Usar la asertividad nos puede ayudar a salir de estas situaciones. Así, por ejemplo, si tu hermano te pide que le cuides a los niños para salir, pero tú tenías planes para hacerlo también, podrías decir: “Entiendo que tengas ganas de salir un rato y despejarte, pero yo tengo planes para salir también y NO puedo quedarme con los niños, pero mañana no tengo planes y podría cuidarlos sin problema”.

Estos son algunos consejos para que te plantees en qué momento decir NO y que te haga recordar lo que verdaderamente es importante para ti, cuáles son tus necesidades y cuáles son tus prioridades. Debes sentirte bien porque has pensado en ti.

Por último, si queréis ampliar sobre el tema, practicar y aprender, os puedo recomendar el libro “El arte de decir no” de Edwing Kellner, de la editorial Obelisco.

(Publicado en el Nº2 de la edición impresa de Diario 16. Abril 2016)

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