© G. Miranda/FUNAI/Survival

Durante el 2016, la organización ecologista internacional World Wildlife Fund (WWF) ha sufrido una dura campaña mediática donde se la relacionaba con el desplazamiento de indígenas y las agresiones que estos sufren en muchas zonas a manos de guardias forestales. Las denuncias han surgido principalmente de la ONG Survival Internacional, cuya actividad se centra en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.

 

WWF y las críticas al “ecologismo colonial”

En 1968 fue creada la Asociación para la Defensa de la Naturaleza (ADENA) al calor de la creación del Parque nacional y natural de Doñana. Uno de los fundadores de ADENA fue el divulgador Félix Rodriguez de la Fuente, que además ostentó varios años el cargo de vicepresidente. Más adelante, ADENA pasaría a convertirse en la sección española de la ONG internacional ya como WWF/ADENA, para finalmente convertirse en el 2009 en WWF/España.

En 2012, el rey emérito Juan Carlos I de España fue cesado como presidente de honor de WWF/España, después de romperse la cadera en una cacería de elefantes en Botsuana. Otro presidente de honor de WWF es el príncipe Carlos de Inglaterra, muy aficionado también a la caza. El Secretario General de WWF/España Juan Carlos del Olmo reconoce que en los orígenes de WWF hubo muchas personas asociadas que estaban muy vinculadas a la caza, pero que con el paso del tiempo la percepción de esta en la organización ha ido cambiando. WWF defiende una caza “sostenible” y basada en “criterios científicos”, y aclara que no toda la caza legal es sostenible, como en el caso de la perdiz roja o las tórtolas.

Del Olmo rechaza de plano todas las acusaciones de Survival, aunque reconoce que ante la presión de grupos de furtivos organizados o de guerrillas que se financian con la caza ilegal, es posible que los guardas forestales hayan cometido excesos (Survival denuncia el caso de los Bakas en Camerún, entre otros). WWF financia la formación y organización de guardas forestales armados en países sin recursos para hacerlo, lo que Survival denomina “ecoguardas”.

Estos guardas, que velan para que no se produzca caza furtiva o ilegal en parques naturales, han sido acusados en diversas ocasiones de atacar a indígenas que practicaban una caza de subsistencia según Survival. WWF no va a tomar acciones legales contra Survival por las acusaciones que esta realiza, y está abierta a colaborar con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para aclarar cualquier violación de derechos humanos que se haya producido.

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© José Cruz/ABr – Agência Brasil

 

Survival International no es indígena

Survival International fue fundada en 1969. Reconocen que “no somos una organización indígena, sino el movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas”. Y añade: “Nuestro personal lo conforma un equipo internacional que sustentan simpatizantes en más de 100 países, muchos de ellos pueblos indígenas”. Survival mantiene oculta “la identidad de parte de nuestros trabajadores”, por razones de seguridad.

Survival mantiene oculta “la identidad de parte de nuestros trabajadores”, por razones de seguridad

Esta ONG afirma que “nuestras oficinas se encuentran en Occidente porque la inmensa mayoría de violaciones provienen de sociedades industrializadas. Nuestro trabajo se basa en buena parte en denunciar públicamente a gobiernos y multinacionales cuyas actividades y financiación están contribuyendo a la violación sistemática de los derechos de pueblos indígenas y tribales”. Creen que “buena parte de los problemas que estos afrontan actualmente provienen de las ambiciones de nuestras sociedades y de una visión paternalista, colonialista y racista sobre otros pueblos y culturas”.

Sorprende que en los materiales que distribuye Survival se hace hincapié en la denuncia de las ONG conservacionistas como WWF y no en el papel de las industrias extractivas (mineras, petroleras, madereras, hidroeléctricas etc.). Ante la pregunta de quién ha desplazado más indígenas, si las ONG o las industrias extractivas, Survival reconoce que “históricamente, la [industria] extractiva, aunque el conservacionismo también tiene un impacto tremendo”. La ONG explica que “un reciente estudio médico detectó unas condiciones de salud tan graves entre los “pigmeos” bayakas, de las áreas protegidas Dzanga Sangha financiadas por WWF en la República Centroafricana, que las agencias internacionales consideraron que se trataba de una crisis de salud pública”.

Las críticas concretas a WWF en África por parte de Survival son: “WWF ha promovido la creación de parques nacionales que ocupan enormes extensiones en el sudeste de Camerún, que se superponen a tierras ancestrales de los “pigmeos” bakas y otros pueblos indígenas: los bakas no dieron su consentimiento libre, previo e informado a estos proyectos violando así el derecho internacional y sus propios principios. Desde el año 2000 financia a patrullas antifurtivos que cometen graves y sistemáticos abusos contra “pigmeos” bakas y otros pueblos indígenas de la región”.

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La visión de otras organizaciones

Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción, recuerda que las cinco grandes organizaciones ecologistas de España –Greenpeace, Amigos de la Tierra, SEO/Birdlife, WWF/España y la propia Ecologistas en Acción– mantienen una relación fluida. Oberhuber reconoce que, en el pasado, WWF sí que tuvo un papel discutible en la creación de parques naturales al ser desplazada la población indígena, pero que habría que analizar cada caso y no hacer una crítica a la totalidad a WWF, como realiza Survival.

Para Pedro Ramiro del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), proyecto de la ONG Paz con Dignidad para investigar y denunciar los impactos de las empresas transnacionales, Survival “pone el foco donde no es”. El problema real sería “el modelo de crecimiento y acumulación de las grandes corporaciones”, que necesita de cada vez más territorios y que es el verdadero origen de los desplazamientos de población indígena.

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Nacido en Madrid el 21 de julio de 1974. Licenciado en Bioquímica por la Universidad Compluense de Madrid pero su actividad profesional ha estado relacionada con el desarrollo de software como analista de sistemas. Colabora como periodista en diversos medios en temas relacionados con temas laborales y derechos de autor. Es el autor del libro "¿Por qué Marx no habló de copyright?", además de "SGAE, el monopolio en decadencia" (en preparación) junto a Ainara LeGardon

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