Nos decía, sobre la muerte Jorge Manrique: “allegados, son iguales / los que viven por sus manos / e los ricos”. Y aunque la muerte nos iguale, no siempre se consigue encontrar en condiciones de igualdad un lugar de reposo, que en el caso de ser usado para enterramiento de musulmanes el castellano denomina “almacabra”. Pero ése no es el caso de algunos españoles, como Mohamed Aidoun Chaid, de 71 años, catalán afincado en Barcelona, y que no tiene un lugar donde enterrar a sus muertos, ni donde enterrarle a él su familia y amigos. Confiesa Mohamed: “yo no sabía la falta de los cementerios musulmanes hasta necesitarlo”; y no es que lo necesite para él, sino para un hijo…

yo no sabía la falta de los cementerios musulmanes hasta necesitarlo

Lo que él no sabía es que en Barcelona no hay almacabra. Por lo que nos comenta Mohamed, este problema “no es que me afecte sólo a mí, sino a la totalidad de los musulmanes”. En concreto, en Barcelona, según el Observatorio Andalusí, a fecha de 31 de diciembre de 2015 había 322.728 personas musulmanas asentadas, de las que al menos 117.154 eran españolas. Y no deja de ser el caso de una de las 1.400 comunidades musulmanas sin almacabra, de las actuales 1.427 comunidades musulmanas conocidas, según los datos del Observatorio Andalusí para esa misma fecha.

El hecho de que este problema, en Barcelona, no sea extensivo a otros grupos e individuos de otras confesiones, ni tampoco a aquellas personas que se definen a sí mismas como ateas, y que incluso exista la opción de incinerar los restos; todo esto, no sería algo destacable, si no fuera porque la ausencia de almacabras en España no es un fenómeno nuevo, pero que en lugar de ser cosa del pasado, es una causa más de dolor para un padre que entierra un hijo, una causa de dolor que también añaden las personas viudas, los hermanos y los hijos de cualquier musulmán al dolor de la pérdida.

A su favor tiene la Ley Orgánica 7/1980, de “libertad religiosa”, que reconoce en su artículo 2,  el derecho de toda persona a “recibir sepultura digna, sin discriminación por motivos religiosos, y no ser obligado a practicar actos de culto o a recibir asistencia religiosa contraria a sus convicciones personales”. Pero la única alternativa ya posible parece que es iniciar una larga batalla, según cuenta Mohamed Aidoun Chaid. “No la he podido llevar al tribunal de los derechos humanos por falta de solvencia económica”, comenta destrozado.

Es un padre haciendo algo para lo que ningún padre ni ninguna madre estará jamás preparado, algo para lo que no se puede crear una escuela de padres: defender los derechos constitucionales de tu hijo a ser enterrado para poder hacerlo… “Yo pago mis impuestos, igual que los demás, pero no tengo el mismo derecho o mejor dicho no tenemos los mismos derechos”, nos dice desde la tristeza y el dolor. Y nos habla de la época en la que su hijo hacía el Servicio Militar Obligatorio para defender España.

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