Después de la tempestad queda en el ambiente el fétido aroma de la impunidad, gobiernos que le apuestan al olvido, a que la gente recobre normalidad de su vida por sí misma, para que los recursos dirigidos a damnificados sean empleados con fines electorales, convertidos en dádivas condicionadas a ser entregadas de mano por sus candidatos con su respectiva foto, incluso entregarán despensas hechas con la ayuda que el pueblo llevó hasta los centros de acopio en solidaridad con quienes sufren la pérdida de su patrimonio e incluso la de sus parejas, padres, hijos o hermanos.

La corrupción ha penetrado tan hondo que los hace indolentes, nada se ha dicho acerca de una comisión investigadora que deslinde las responsabilidades de funcionarios y empresarios que autorizaron y construyeron a base de sobornos, es de advertirse que las procuradurías de justicia están desautorizadas para llevar a cabo investigaciones serias y confiables, más cuando se anuncia que los causantes de la muerte son los encargados de la reconstrucción.

La revictimización de los damnificados es una práctica que se evidencia en la respuesta del gobierno, se apuesta a convertirlos en votos y en hacer de la reconstrucción un negocio para las empresas que hicieron del moche su principal atributo, incluso casos como el de la Ciudad de México en el que la respuesta del gobierno es enganchar a las víctimas con créditos e incluso amenazarlos con cárcel en caso de beneficiarse sin cumplir ciertas condiciones.

Los gobiernos y sus empresarios ya hicieron de la catástrofe un negocio pretendiendo dejar al olvido el castigo para los responsables, desean que quede como una desgracia sin reparar en las causas que hicieron del sismo una tragedia, las pérdidas patrimoniales y humanas son más que la fatalidad del desastre natural consecuencia de la corrupción.

Hay iniciativas de leyes de reconstrucción promovidas por morena que plantean recortes a obras prescindibles que implican redefinir el destino de importantes recursos y además acabar con una fuente inagotable de corrupción como es el caso del aeropuerto de Texcoco, pero debe prevenirse el control social de los recursos, la entrega de esos recursos en tiempos electorales será usada para beneficiar candidaturas oficialistas.

En la Ciudad de México morena insiste en los recortes a gastos suntuarios empezando por la Asamblea Legislativa, mismos que han sido denunciados con anterioridad al sismo, esos recortes sumados a la partida secreta del jefe de gobierno hecha a base de la subestimación de ingresos podrían ser utilizados para rescatar a las familias damnificadas sin necesidad de dejarles una deuda.

Es la perversidad y no la falta de recursos lo que tiene a la gente viviendo literalmente en la calle, la Ciudad de México es la evidencia de que la corrupción que arrebató el patrimonio e incluso vidas es la misma que pretende condenar a las víctimas al agradecimiento a políticos que en realidad son sus verdugos y de paso dejarlos endeudados con intereses susceptibles de condonación en tiempos de elección.

Por eso debe promoverse la creación de una comisión investigadora en el Congreso para fincar la responsabilidad de quienes en lugar de afrontar el juicio intentan sacar beneficio de las víctimas, para que en lugar de verlos en espectaculares promoviendo sus candidaturas promuevan su defensa, porque ver los rostros de un Jorge Romero o un Mauricio Toledo difundidos por dispendiosas campañas probará que han logrado su cometido, el olvido.

La solidaridad de la gente debe traducirse en la lucha contra el olvido, apelar a la memoria es la mejor forma de combatir a quienes siendo los responsables quieren disfrazarse de héroes generosos listos para ser reelectos, hay que exhibirlos y exigir que sean sometidos a la justicia, a fin de cuentas, si pasa lo que todos sabemos que suele pasar con la justicia mexicana, queda la instancia final que es el juicio del pueblo.

Hacer de las elecciones un verdadero juicio popular y no la pasarela de candidatos supuestamente invadidos por la generosidad que pretenden montar los gobiernos para perpetuar su corrupción y consumar su impunidad, la indignación es el siguiente paso que debe darse una sociedad que el 19 de septiembre dejó el egoísmo y la indiferencia por la solidaridad.

La corrupción quedó al desnudo con el sismo y la reconstrucción evidencia que esa corrupción está intacta, las iniciativas para reconstruir sin cargar el costo a las víctimas, el control social de los fondos de desastre y el castigo a los responsables pueden ser frenados por la mafia gobernante, pero lo que no pueden resistir es la voluntad de los mexicanos por justicia, contra el olvido la demanda es que paguen los que la deben y no los que siempre han pagado sin deberla ni temerla.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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