“No somos uno más en la Unión sino uno de los grandes por nuestro territorio, nuestra población y nuestro peso económico” ha manifestado Rajoy. La oposición no salía de su asombro y algunas carcajadas aún se escuchan como un eco de la marianada del día. Los datos macroeconómicos que ha presentado el presidente son eso datos macroeconómicos que esconden los datos micro, los datos de las familias y la ciudadanía española. Contratos precarios, temporales y de semi-esclavitud se juntan con grandes beneficios en la exportación. La pescadilla que se muerde la cola porque se exporta más ya que no se consume dentro. Y no se consume dentro del país porque la gente no tiene dinero.

En ese lenguaje triunfalista, Mariano Rajoy ha explicado a los absortos diputados que la historia de la Unión Europea es “una historia de éxito”. Básicamente porque, después de dos guerras mundiales, ya no nos matamos los unos a los otros. Aunque ha cometido una pequeña boutade al advertir que eso se producía desde el Tratado de Roma. No recuerda que en 1957 sí había gente que moría a manos del Estado. En Portugal, la Unión Soviética e, incluso, en España. Cuando se firmó el famoso tratado la mitad de Europa estaba regida bajo sistemas totalitarios, y medio intervenida por Estados Unidos.

 

Una Europa de dos velocidades y de los mercaderes

El presidente del gobierno pretende que España se sitúe en la Europa de las dos velocidades, que se acordó en Bruselas, en la alta velocidad. Como el fracaso del AVE de su amigo Francisco Álvarez Cascos, la intención de Rajoy es que tiremos de la máquina y situarnos en la locomotora. Algo harto complejo porque, como le ha recordado Pablo Iglesias, se ha fundido a la clase media durante la crisis. Antonio Hernando (PSOE) también le ha recordado que tanto la OCDE como la propia Comisión Europea siguen insistiendo en que España tiene problemas: “La misma comisión nos advierte del aumento de desigualdad en nuestro país, de la creciente brecha salarial entre los trabajadores temporales y permanentes, del paro”. Es lo que tiene recortar siempre a los mismos y hacer una genuflexión con los poderosos.

Iglesias ha recordado, con cierto efluvio de la Europa de los mercaderes, que el éxito no es tal en Europa. “Deberían ser ustedes menos triunfalistas y reconocer que el proyecto camina hacia el fracaso” ha dicho Amado líder. Ha añadido que desde que se firmó el Tratado de Maastricht Europa ha venido siendo lo que Alemania ha querido. En este sentido ha solicitado que se recupere “la palabra soberanía”. Sí esa que utilizan los conservadores en otros contextos.

 

Mariano, el conductor de Merkel

¿Se imaginan a Rajoy haciendo de Mariano al frente de Europa? Llevando la locomotora europea. No. Ni Merkel, ni los franceses, ni nadie con dos dedos de frente. Por mucho que repita las palabras, como le ha dicho Iglesias, estas no son verdad. El problema de Brexit, de los neofascismos o de las grandes manifestaciones de la sociedad no son producto sólo de la crisis económica, lo son también de la pérdida de sentido del proyecto europeo. Por pensar sólo en lo económico y no en las personas. Aún siguen dando vueltas al TTIP o al CETA, pero nadie ha vuelto a hablar de la Europa Social, como le han recordado desde la oposición de la izquierda (que no de izquierdas).

Y el cuñado a lo suyo, a un discurso vacío. Sólo se le ocurre a Rivera decir que “la mayor amenaza es el populismo y el proteccionismo”. No lo puede aguantar, es superior a sus fuerzas no sacar el tema. Para el cuñado naranja “los Podemos, los Wilders, los Le Pen se acabarán cargando la Unión Europea”. Eso sí, el análisis del porqué de su aparición no lo tiene claro. O sí lo tiene claro pero no lo quiere decir porque es la base de su programa electoral, más allá de hacer el cuñado a todas horas. Todo se soluciona “abriendo puertas al talento”. Y ¿qué es el talento en lenguaje cuñadil? Que toda la ciudadanía sea empresaria (o emprendedora) y a quien san Pedro se la dé, san Pedro se la bendiga.

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2 Comentarios

  1. Hombre, dejarlo que conduzca una locomotora, quizás lo dejara un rato, pero desde luego sin mi de pasajero.

  2. No se debe tomar muy en serio lo que diga un pusilánime como el Sr. Rajoy. Respecto a lo de la locomotóra, tampoco debemos tomarlo al pie de la letra, alguien le ha dicho lo que debe decir, y él repite como una cotorra.

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