“Ningún miedo tengo de hombres de los cuales es carácter poner en el centro de sus ciudades un espacio vacío al que acuden todos los días para engañarse unos a otros bajo juramento.” Estas son las palabras con las que, según Herodoto, el rey Ciro describía la democracia ateniense. Lo mismo podría decir Mariano Rajoy, después de haber triunfado la moción de censura y haberle apartado del poder.

En política hay diferentes expertos y diversos modos de decir experto. Los hay que poseen una destreza específica. Pero hay expertos que su saber carece de objeto determinado ya que su habilidad es saber decir, pues decir, no es una actividad específica sino que es algo que siempre estamos haciendo, sea lo que sea, que estemos haciendo.

Al no ser un habilidoso o entendido en nada determinado por eso mismo es un entendido en todo. Y es justo la pretensión de ejercer como un experto en todo lo que sí resulta ya de forma clara objeto de reproche crítica descrédito y antipatía. Por de pronto se rechaza alguien que conoce todos los saberes, por el propio proyecto de un saber sin delimitación de campo.

El estratega es quien sabe calcular mejor lo provechoso en cada momento y cada circunstancia dejando al margen otros criterios. Y no sólo no se avergüenza sino que se enorgullece de ser tan calculador. Se resume en el lema de: hacer fuerte el decir débil o decir injusto es decir débil, es el decir que pretende defender lo indefendible.

Esta maestría en los discursos, hace que el hablar bien diluya lo abominable de su decir y esto es un problema cómo es posible hablar bien si se defiende lo injusto, lo indefendible, lo inadmisible. Cómo es posible que alguien diga bien si está diciendo lo injusto. No se puede aprobar un decir que dice lo abominable por muy bello y muy hábil que sea.

Que la habilidad en el decir se utilice para decir lo injusto, es cuestión ligada con el decir débil, y precisamente esto es lo que merece castigo más que cualquier otra cosa. Pues quien disfraza la injusticia con destrezas verbales, quien usa su habilidad para una causa injusta éste se atreve a hacer cualquier cosa; el todo vale el todo está permitido. La abolición de la diferencia, del criterio entre ser decente o estafador, noble o villano parece así una de las posibles consecuencias perniciosas de la maestría en el decir, alguien que es muy hábil en el decir, en principio, es capaz de persuadir a otros mediante sus decides.

Mientras tanto, en el camino ha muerto o se ha perdido algo que ha ido a parar al aire a lo ilimitado, a la disolución, a la ruina interna. Es el resultado de la empresa del saber por no reconocer el límite se llega a lo ilimitado, por no abrir un espacio interno de claridad y de igualdad la comunidad como entidad estalla.

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