Por segunda semana consecutiva ha dado la casualidad que he participado en un acto con jóvenes. En esta ocasión, me correspondió intervenir en un debate sobre el calor en los centros educativos en el IES Virgen de Soterraño de Barcarrota.

Si bien el tema era motivador, lo verdaderamente relevante fue encontrarnos en una actividad donde los verdaderos protagonistas fueron chicas y chicos de 16/18 años. Ni padres, ni profesores, ni representantes municipales presentes tomaron la palabra. El formato quiso que tras la intervención de los políticos fuéramos requeridos por un elevado número de cuestiones que nos plantearon sin cesar.

De nuevo quedó claro que, ante las propuestas presentadas, las prioridades de los gobiernos, las actuaciones realizadas o pendientes de ejecutar…, en el aire quedaba la importancia de la reflexión, el romper el hielo y hablar en público, el respetar lo que los demás opinaban y, en definitiva, el no plegarse al conformismo e insistir una y otra vez que ante un problema, se precisa una solución.

Los jóvenes suelen vivir la vida muy rápido, les cuesta trabajo reconocer el medio plazo ( el largo ni se lo planteaban). A su vez, fue preciso resaltar que deben reconocer el camino andado, que lo que ellos disfrutan ( o padecen) es el resultado de una trayectoria y un trabajo previo. Pero, sin embargo, la inmediatez les hacía precipitarse hacia le terreno de la exigencia.

Fue muy positivo hacerles ver la necesidad de implicarse, de participar, incluso de asociarse. Desmitificar tópicos como cuando al referirse a los políticos parece que   “ todos somos iguales”. Reconocernos en las diferencias y, sobre todo, ser conscientes de que pueden hacer mucho más que dejar pasar el tiempo. Han sido conscientes de cómo gracias a sus movilizaciones han logrado determinadas conquistas y que si se persiste, al final la razón triunfa.

La ponderación, el equilibrio, la reiteración en el conocimiento de las prioridades o el aceptar que estamos en una transición hacia el futuro fueron puntos que tocamos con profusión.

La inversión que se ha hecho en educación, no sólo en infraestructuras, sino también en la bajada de la ratio y en el aumento del alumnado nos sirvió de piedra de toque para establecer comparaciones con nuestro pasado más cercano.

Finalmente la educación medioambiental y en valores será fundamental para paliar los efectos de un cambio climático, que pese al escepticismo de la derecha, lo vemos cada día que pasa. Queda claro que ya nadie ve bien que se tire, por ejemplo, un recipiente de vidrio al contenedor orgánico. Pequeños pasos.

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