De protagonista a narrador

Definiendo el fracaso del hombre

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Detengo un instante mis pasos, esos que parecen llamados a escribir la crónica de lo que habrá de ser mi devenir, y lo hago al sorprenderme a mí mismo en una actitud reflexiva vinculada en lo que concierne a las sensaciones que otrora le fueron propias; a una emoción desbordante hasta el momento desconocida en lo que llamado a devenir de la propia experiencia. He de recurrir pues a la experiencia vinculada al conocimiento ajeno en aras de encontrar una forma de describir, que no de identificar, tan desconocida sensación. Se trata, finalmente, de la siempre temida melancolía.

Me remuevo así pues, incómodo en mi sofá de leer, convencido de que éste, que tantas veces se postuló como gran referente (no en vano grandes como Aristóteles o Nietzsche se han hecho si cabe más grandes entre sus orejeras); se mostrará una vez más condescendiente a la hora de revelarme el secreto si no ya de la cuestión, sí al menos el de la substancia mental a la que será necesario recurrir en pos de desvelar este nuevo dilema.

Aprovecho no obstante el silencio en el que se materializa el desconocido estado de ausencia de movimiento, y me postulo para, como el niño que sabe que algo nuevo está a punto de suceder, recibir en todo su esplendor la dosis de realidad a la que cada nuevo día nos viene acostumbrando de un tiempo a esta parte (sobre todo desde que nos hemos acostumbrado a que un día sin actualidad es en realidad un día perdido).

Me reafirmo pues en la que es mi nueva posición ante la vida, la que procede de la satisfacción de haberse parado un instante, abandonando siquiera de manera inconsciente la corriente apabullante en la que la vorágine disfruta acorralándonos cada día; para comprobar hasta qué punto lo diferente que desde aquí parece todo lo que desde allí parecía vivirse, bien podría generar en nosotros primero la conciencia, y luego quién sabe si la convicción, de que casi nunca nada es lo que parece; o no al menos por sí mismo.

Bastará con que nos detengamos un instante para comprobar que la perspectiva, en definitiva lo único que con certeza hemos sometido a variación hasta el momento, se erige como condición suficiente para llevar a cabo modificaciones que acaban por convertirse en estructurales, siendo por ello atribuidas a los elementos propiamente sometidos a análisis.

Pero en realidad, lo único que hemos cambiado es la posición del observador.

La perspectiva resulta hoy en día, por sí misma, elemento suficiente para cambiar la percepción que de la realidad tenemos. Y esto es, hoy por hoy, causa más que suficiente para certificar la existencia de cambios en la realidad propiamente dicha.

A pesar de todo la vida es, unos dirán que por desgracia, otros dirán que afortunadamente; un continuo devenir, y es por ello que la posición estática desde la que hemos alcanzado las conclusiones declaradas puede considerarse como un tanto ficticia, degradando con ello la calidad de las mismas.

Nos disponemos pues raudos a embarcar de nuevo en el tren de la vida para, una vez alcanzada la velocidad de crucero, proceder a verificar la conveniencia de nuestras consideraciones. No tardamos mucho en ubicar la nueva realidad, o la que nos parece tal una vez asumida la condición de perspectiva que nos proporciona el movimiento, para constatar hasta qué punto no ya solo nuestra propia percepción, sino la de aquellos llamados a compartir versión con nosotros, puede verse afectada en base a nuestras consideraciones.

Surge así pues la figura del narrador. En esencia, y por definición, es el narrador el designado a llevar a cabo la exposición del contexto en cuyo interior tiene lugar la realidad narrada. Desde esta condición la figura del narrador, y en especial las consecuencias del hacho descrito (lo que viene a ser la realidad narrada), vinculan su importancia a la fuerza del hecho narrado,

En tiempos de oscuridad y zozobra, en definitiva, en tiempos como los llamados hoy a contextualizar nuestros avatares, la fuerza del hecho narrado adquiere una valía desconocida hasta el momento toda vez que al superar a menudo en intensidad a la fuerza del propio hecho. Las cosas ya no son en sí mismas, sino que adquieren su valía en virtud de cómo son descritas, de cómo son narradas.

Nos damos así pues de bruces con la que estará llamada a ser la nueva percepción de la realidad. Una realidad a la que solo tendremos acceso una vez el tiempo se haya erigido en vendaval proclive a desbaratar esta falsa sensación de penumbra en la que la crisis, como densa niebla, nos sume, mostrándonos el que será un nuevo presente.

Un nuevo presente que lo será no tanto por la constatación del lógico fluir del tiempo, como sí más bien por la constatación del cambio que, en lo tocante a percepciones, se habrá llevado a cabo.

Es entonces cuando, observando en nuestro derredor, comenzamos a ser testigos de hasta qué punto la crisis que padecemos, entendida no como consecuencia, más bien como medio (encaminado precisamente a cambiar la realidad), ha alcanzado los fines para los cuales fuer pergeñada.

Y en medio de este caos organizado, el hombre. Empequeñecido por las circunstancias, abrumado por el devenir, o más concretamente por el peso de las consecuencias de unas decisiones tomadas en un mundo en permanente cambio (que a menudo confundimos con evolución); abandona, se rinde, se para.

La nueva realidad, no por ignorada menos real, se muestra ante nosotros de manera clara y distinta, haciéndonos consciente de manera traumática de cuál ha sido desde el principio nuestra obligación. Una obligación que pasa por entender que cuando la duda hace presa en nosotros, es la angustia la que toma las decisiones; y en semejante estado se cae cuando el hombre renuncia a la que parece ser la condición a la que siempre estuvo destinado, la de erigirse en protagonista de su propia vida.

Vivir resulta hoy en día demasiado complicado. Por ello el hombre moderno prefiere ser cronista de su propia vida.

Hoy en día es más sencillo ser narrador, que protagonista.

 

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Natural de La Adrada, Villa abulense cuya mera cita debería ser suficiente para despertar en el lector la certeza de un inapelable respeto histórico; los casi cuarenta años que en principio enmarcan las vivencias de Jonás VEGAS transcurren inexorablemente vinculados al que en definitiva es su pueblo. Prueba de ello es el escaso tiempo que ha pasado fuera del mismo. Así, el periodo definido en el intervalo que enmarca su proceso formativo todo él bajo los auspicios de la que ha sido su segundo hogar, la Universidad de Salamanca; vienen tan solo a suponer una breve pausa en tanto que el retorno a aquello que en definitiva le es conocido parece obligado una vez finalizada, si es que tal cosa es posible, la pausa formativa que objetivamente conduce sus pasos a través de la Pedagogía, especialmente en materias como la Filosofía y la Historia. Retornado en cuanto le es posible, la presencia de aquello que le es propio se muestra de manera indiscutible. En consecuencia, decide dar el salto desde la Política Orgánica. Se presenta a las elecciones municipales, obteniendo la satisfacción de saberse digno de la confianza de sus vecinos, los cuales expresan esta confianza promoviéndole para que forme parte del Gobierno de su Villa de La Adrada. En la actualidad, compagina su profesión en el marco de la empresa privada, con sus aportaciones en el terreno de la investigación y la documentación, los cuales le proporcionan grandes satisfacciones, como prueba la gran acogida que en general tienen las aportaciones que como analista y articulista son periódicamente recogidas por publicaciones de la más diversa índole. Hoy por hoy, compagina varias actividades, destacando entre ellas su clara apuesta en el campo del análisis político, dentro del cual podemos definir como muestra más interesante la participación que en Radio Gredos Sur lleva a cabo. Así, como director del programa “Ecos de la Caverna”, ha protagonizado algunos momentos dignos de mención al conversar con personas de la talla de Dª Pilar MANJÓN. Conversaciones como ésta, y otras sin duda de parecido nivel o prestigio, justifican la marcada longevidad del programa, que va ya por su noveno año de emisión continuada. Además, dentro de ese mismo medio, dirige y presenta CONTRAPUNTO, espacio de referencia para todo melómano que esté especialmente interesado no solo en la música, sino en todos los componentes que conforman la Musicología. La labor pedagógica, y la conformación de diversos blogs especializados, consolidan finalmente la actividad de nuestro protagonista.

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