Cuando hablamos de algo “burdo” nos referimos al adjetivo que indica algo que está hecho con poco cuidado o delicadeza y resulta mal terminado, imperfecto o tosco. Son sus sinónimos: grosero, tosco, rústico, basto u ordinario.

Pensaba sobre esas calificaciones cuando presencié estos días el espectáculo ofrecido por la política y los medios de prensa del régimen. España se está convirtiendo en un país peligroso. Lo es, cuando se comprueba la impudicia de la razón de la fuerza. Lo dejaría de ser, cuando regresara la fuerza de la razón.

Los regímenes autoritarios lo son, cuando no someten al control de las instituciones, el control de sus actos. Este gobierno en funciones se ha eximido del control parlamentario de un modo que demuestra el abrumador poder que se ha sobrepuesto a las reglas del juego. En cualquier caso, con semejante respaldo de los oligopolios financieros, empresarios y mediáticos, aún así, sólo ha conseguido 135 diputados. Circunstancia esta que hizo necesaria la actuación de burdos dirigentes, en la procura de una abstención que se encuentra a punto de parirse.

Tosca manera de hacer política. Pero también de entender la actividad periodística. El fin de semana nos traslado al paroxismo de una retórica vacua, organizada con el único propósito de justificar la traición. No habrá elecciones. Pero, la operación no resultará gratuita a los creyentes fervorosos de ese relato que apeló al “interés de España”. Nada más alejado de la realidad. Tal vez será el “interés de la España S.A.”.

Tienen muchas costuras que zurcir. Término este que significa remendar un roto en un tejido con puntadas juntas y entrecruzadas de manera que la unión se note lo menos posible. Pero, mucho me temo que lo que se nos avecina sea un baño de realidad con un paquete de ajustes que acorralarán las creencias de los propios votantes del PP. De los del PSOE ni siquiera me detengo a pensarlo. Su tragedia será inconmensurable.

En principio, la “profundización” de las “reformas”, deberían decirse recortes, serán notables. Lo apreciarán las cobardes clases medias en sus menguadas rentas. Los autónomos en la caída de sus ventas. Los parados, en el recorte de las ayudas que ya ha anunciado Bruselas, porque incumplimos gracias a su ineficiencia. De Guindos y Montoro cubrirán sus negligencias con la rapidez de su aplicación, además de seguir desregulando a favor de que el Estado siga replegando su función de control. Función que nos debería proteger pero cada vez menos. Y si no son ellos quienes lo hagan, los que le sigan. En cualquier caso nos harán pagar cara la rebeldía de nuestros votos. En breve lo apreciaremos en toda su crudeza.

Por supuesto que no habrá reforma fiscal equitativa. La elusión fiscal seguirá siendo la preferida por el IBEX y los supuestos inversores que vendrán a dar empleos miserables, retirarán sus beneficios con la legitimidad que le confieren las normas de este modelo neoliberal.

Además, para cerrar la operación, concretarán la reforma electoral. En este caso, contando con la inestimable ayuda de esas fuerzas neoprogresistas y sus dirigentes, que se afanaron en promover la abstención y la división entre la oposición. Todo, con la única finalidad de prolongar los gobiernos del modelo que nos anticipa que, de lo burdo, aún queda lo mejor. En la corrupción, por ejemplo. Veremos cosas que nos harán palidecer.

Convéncete, por ahora, lo han logrado, y ha sido con tu complicidad. Les diste la mayor concentración de poder desde la muerte de Franco, con el voto o con la abstención. Has abandonado la movilización.

Recuerda que el que calla otorga.

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