Cuando pienso en Cuba me acuerdo de sus calles bulliciosas y llenas de contrastes, los cubanos sin ataduras ajenos al albur de la moda, con todos sus matices en la vida diaria, los aromas de la fruta tropical, del tabaco y del ron tomado en la playa, las desvencijadas gasolineras (CUPET), los caminos y carreteras tortuosos y mal señalizados, el infame humo de los tubos de escape de motos desvencijadas y coches con más de 50 años de antigüedad, producido por motores viejos y una gasolina de pésima calidad, el legado colonial español, único en toda la América latina por su gran belleza. La supervivencia que muestran miles de “Jineteros” en busca del peso turístico (un euro), aunque para ello tengan que dar el coñazo al turista de turno. Y jóvenes cubanas (jineteras) que se prostituyen por unos pocos pesos para salir de la miseria ante desaprensivos turistas.

Después de varios viajes a Cuba, uno decide hacer un viaje un tanto especial. De paso saciar mi curiosidad ante las últimas reformas emprendidas por el régimen cubano. Se dice que Raul ha realizado más reformas en Cuba que su hermano Fidel en 50 años.

Recorrer 1500 Km por toda la isla en un coche desvencijado a través de sus deficientes carreteras, en las que cuesta todavía encontrarse con señales de tráfico, en las que circular de noche es una verdadera temeridad, les digo de verdad, es una verdadera aventura.

Al vivir con familias cubanas, respirando los aromas, las ansias y aspiraciones de la sociedad cubana todavía en tiempos de crisis y privaciones, uno se da cuenta el valor que sigue derrochando una sociedad que exhibe su orgullo como nación independiente, emancipada de muchos dictadores en el pasado, todavía atenazada por un férreo embargo de EE.UU que le impide tener acceso a cosas tan elementales como un taladro automático para hacer agujeros en la pared, o unos fármacos como aspirinas o antibióticos, con acceso a una dieta alimenticia en la que nadie se muere de hambre, pero en la que las personas sufren de una deficiente y mal equilibrada alimentación, en la que el analfabetismo milagrosamente ha sido erradicado, en la que el nivel de mortalidad infantil se asemeja mucho al de Europa Y en la que uno ve derrumbarse de improviso todavía viejos edificios en la Habana Centro, distrito lleno de suciedad y desperdicios en sus calles.

No obstante uno percibe el avance que día a día se está produciendo en la sociedad cubana, con acceso muy limitado, pero acceso al fin y al cabo a las redes sociales, posibilidad de comprar viviendas y locales para usos de negocios privados. El turismo está invadiendo la isla, a lo largo del 2017, Cuba habrá dado entrada a más de 3.000.000 turistas, incluidos casi los 800.000 en el periodo Obama. En un país de casi 11.300.000 habitantes eso supone la entrada de información del exterior y fenómenos culturales que están derribando formas de funcionar opacas, acceso a un mundo de consumo de momento limitado a capas sociales reducidas, que cada vez irán afectando a un número mayor de cubanos acercándolos a una sociedad de consumo y próxima a un liberalismo tan denostado y perseguido por la revolución castrista. Además eso comienza a producir diferencias de clase entre nuevos ricos y pobres recalcitrantes, en contra de los pronunciamientos intocables de la revolución con su mensaje dogmático “El enriquecimiento envilece a las personas”.

Ahora en pleno periodo electoral a la municipalidades, como paso previo a la elección en 2018, a través de la Asamblea Nacional-Consejo de Estado del futuro presidente cubano que sustituirá a Raul Castro – relevo que se ha aplazado de febrero a julio con razonamientos de escaso peso-, uno ve la posibilidad de hacer realidad las esperanzas de la ciudadanía, con un sistema político que asegure al pueblo cubano por una parte la vía para una participación real y libre en el gobierno y en sus instituciones, pluripartidista, en la que por otro lado garantice la posibilidad de llegar a acuerdos con el gobierno USA, a pesar de las inclemencias del Sr.Trump, poco propicio a entendimientos que no supongan un nuevo neocolonialismo, como en épocas pasadas.

Elecciones estas, que debieran ser garantizadas desde el exterior, tanto en su forma de hacer como en sus resultados finales. No vale que puedan presentarse candidatos que no estén afiliados al Partido Comunista, como así era hasta ahora, por puro maquillaje del regimen. Sino que los que no lo sean se les garantice los mismos derechos y avales jurídicos que los que lo son y no como ocurre en la actualidad, se les presione hasta el infinito para que abandonen antes de comenzar sus derechos como candidatos.

La rumorología apunta al candidato Miguel Díaz Canel, actual vicepresidente del Gobierno persona de 57 años de edad con firmes sospechas de continuar con el régimen castrista.

Pero como se dice la esperanza es lo último que se pierde y habrá que darle ánimos al candidato final para favorecer propuestas necesarias que garanticen al fin y al cabo lo que la sociedad cubana necesita en contra de la anquilosada estructura de siempre.

Algunos apuntan al modelo Vietnamita, al chino, pero creo que nada servirá si como siempre se mira hacia atrás, en vez de mirar hacia adelante y asegurar relaciones con EEUU, Europa, así como con el conjunto de la sociedad americana desde Méjico, hasta la Patagonia argentina.

Deberá profundizarse con acuerdos comerciales lo más amplios posibles, sin ataduras como hasta el presente, primero URSS, en fases posteriores Venezuela, China, Vietnam, Corea del Norte, etc.

Uno ya no entiende que los cambios en Cuba deban hacerse por vía revolucionaria, ni militar, ni cruenta. En el momento actual se percibe a través de la sociedad cubana el agotamiento de una filosofía que aupó en su día a la revolución.

Los cubanos dicen a sus dirigentes, váyanse a sus casas por favor, les agradecemos sobremanera sus esfuerzos revolucionarios que nos han conducido en la actualidad a una sociedad con luces pero con demasiadas sombras, dejen paso a políticos jóvenes con ganas de cambiar las cosas, de construir un país en el que la disidencia no sea tan vigilada-presionada (por emplear un término muy suave), en que se den oportunidades de hacer política a quien le complazca, tomando como evidente algunas cosas positivas que aportó la revolución, pero abriendo las puertas para que entre oxígeno limpio, facilitando una transición sin traumas, desde un gobierno comunista a otro que no lo sea y que decidan libremente sus ciudadanos.

Por otro lado la sociedad cubana residente en Miami, poco podría aportar por sus rigideces intelectuales y muchas veces por el sufrimiento padecido, pero se debería garantizar la posibilidad de su participación de una u otra manera. Ellos forman parte de Cuba se quiera o no se quiera.

Cuba un país en el que su Sociedad reconoce en 2018 su relación con la religión católica en un 85%, no en vano Camaguey, fue una de las comunidades visitadas en los últimos años por dos papas romanos con una respuesta muy popular y masiva. Debe tener en cuenta su influencia cristiana en lo que supone de mensaje social más que en el plano religioso.

La aprobación en su constitución reconociéndose como país laico, ha sido un logro importante anunciador de otros de mayor alcance social. La asunción reciente en el Gobierno de un mundo “Gay” garantiza los derechos de todo un mundo diverso y sobre todo da una cierta esperanza a nuevos procesos aperturistas, demandados soterradamente por la gente de la calle por miedo a la denuncia del comisario político de turno.

Cuba exige paciencia y escarbar en su superficie, entrar en su cubanismo profundo, mostrar respeto por un país zarandeado por luchas permanentes, todas ellas cruentas y dolorosas, desde el periodo colonial, sometida a dictaduras comenzando por la presencia española, favorecedora de una sociedad con esclavos las más de las veces tratados a latigazos, un breve periodo de dominancia británica, con presidentes corruptos hasta el ex sargento Fulgencio Batista, apoyado como todos los presidentes anteriores desde su independencia por Estados Unidos, que convirtieron Cuba en el patio trasero de la casa.

Lo que se haga en Cuba sin la presencia de los Castro deberá garantizar los derechos humanos y la participación popular, sacando de las cárceles a los opositores políticos y disidentes del régimen excesivamente militarizado que gobierna actualmente el país. En 2017, se dice que unos 2500 disidentes han sido privados de libertad o afectados por otro tipo de privaciones.

Cuba no es un país suficientemente conocido en España, a pesar de su legado histórico español. Lo conforman unas 4.100 isletas y cayos, muchos de ellos actualmente vírgenes, a 180 kilómetros de USA y a tan solo 77 de La Española (Haití y República Dominicana). Mide 1.200 Km de largo, con 300 playas en sus costas, un clima maravilloso, con aguas cálidas y transparentes. Su mayor altitud es el Pico Turquino con 1.974 metros de altitud, varias sierras espectaculares, Maestra, Escambary, etc.

Un 12% son mayores de 65 años, con una esperanza de vida similar a la europea, un médico por cada 149 habitantes que asegura una buena salud pública a pesar de todas sus limitaciones. Un 65% son blancos, 25% mulatos y 10% negros. Su población de 30 personas por kilómetro cuadrado es parecida a la española. Tiene muchas ciudades que son patrimonio mundial de la Unesco, que superan los 250.000 habitantes y un buen número de universidades, en las que se forman magníficos médicos y otros profesionales.

Un gran país, además de ser el mayor en superficie de todo el Caribe.

Hablaba recientemente con un joven cubano en una calle de La Habana y me decía con tristeza que un país no puede funcionar sin motivaciones y sin ilusión, hartos de tanto discurso oficial y tanta esclerosis en sus gobernantes, en el que la gente joven está frustrada y desencantada, en el que la auténtica revolución en la economía interna y agrícola está por hacer, en el que no cesa la represión policial, frenando la implantación de nuevos negocios con altos impuestos accesible solo a unos pocos. Y a Usted Sr.Trump decirle que Cuba ya no es ningún peligro para el Pueblo americano, cese en su obstinación por mostrarse el adalid y el defensor de los valores USA.

No lo olvide, Cuba puede ser su gran aliado en el Caribe.

 

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