El empleo precario se consolida cada vez más en España. El 37,5% de los contratos laborales suscritos en el mes de julio tenían una duración igual o inferior al mes, según datos de las oficinas públicas de empleo. Eso significa uno de cada cuatro en números redondos.

La elevada temporalidad, debido al componente estacional de la actividad económica, es una de las características del mercado laboral español que ni siquiera la reforma emprendida por el gobierno de Mariano Rajoy ha logrado atajar. Y eso que se llegó a “sacrificar” el coste del despido en los contratos indefinidos para fomentarlos. Desde luego no ha sido así. En julio sólo se firmaron 88.400 de un total de 1,7 millones.

Estos puestos de trabajo se caracterizan por una jornada laboral a tiempo completo, creada por empresas privadas del sector servicios, con duración determinada y dirigido a partes iguales a hombres y mujeres.

La temporalidad no sólo se refleja en los datos que facilitan mensualmente las oficinas públicas de empleo, sino también la Encuesta de Población Activa. Aunque el paro disminuye en el segundo trimestre del año, los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan que seis de cada diez nuevos ocupados que encontraron empleo en el periodo de medición, consiguieron un puesto de trabajo temporal

Otra circunstancia que demuestra la alta temporalidad es que los más de 450.000 afiliados que ha ganado la Seguridad Social entre abril y junio no coinciden con los 271.400 nuevos ocupados que registra la EPA del segundo trimestre del año. Eso significa que, al margen de las metodologías diferentes utilizadas para cada caso, la temporalidad avanza.

Y otro dato a tener en cuenta. En los contratos indefinidos los empresarios hacen “trampas”. Contratan a trabajadores con carácter indefinido pero, en el contrato escrito, se especifica que hay un periodo de prueba de un mes. Pasado dicho periodo de prueba, se despide al trabajador sin derecho a indemnización.

En otras palabras. Se puede asegurar que la rotación en los puestos de trabajo ha llegado, en España, al máximo que se puede llegar. Se trabaja un mes y vuelta a empezar.

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