Conforme vamos creciendo, la búsqueda de una pareja estable va adquiriendo una mayor importancia, como si el hecho de tener pareja – de encontrar el amor -, fuera a completarnos de algún modo o hacernos mejores personas. Y, sin embargo, todos acabamos sufriendo por amor.

Algunas veces, nos sorprendemos a ver como nuestro amigo o amiga desaparece tras encontrar pareja; o esas veces en las que pasan más tiempo discutiendo que manteniendo una conversación sana, y discuten en privado, en público, por teléfono y en cualquier situación, pero nunca dejan su relación; o esas relaciones en las que uno de los componentes deja de hacer todo lo que le gustaba, para ahora hacer todo lo que le gusta a su pareja, incluso cuando antes admitía que esas cosas no le gustaban.

Todos hemos sido testigo de situaciones y relaciones como las citadas en el párrafo anterior; todos hemos visto (o incluso vivido) la dependencia emocional de cerca, es decir, ese punto en el que queremos que el amor sea algo más.

Psicológicamente hablando, la dependencia emocional consiste en la existencia de una necesidad extrema y desacerbada de una pareja, estableciéndose una relación de sumisión o dominación y existiendo un fuerte temor a ser abandonado por la misma.

En los casos en que existe dependencia emocional de la pareja, ésta suele estar idealizada. Y cuando hablo de idealización no me refiero sólo a que se idealice a la persona, sino que también el concepto de pareja está idealizado. Así, se puede llegar a sentir una fuerte sensación de vacío cuando no se está con la pareja, a no concebir el hacer algo sin que la pareja participe. El dependiente emocional tiene, así, una necesidad de afecto y aprobación muy grande, por lo que la pareja se convierte en una fuente de seguridad, aún cuando la relación es tormentosa.

Pero tenderemos a pensar que el dependiente emocional es el sumiso; sin embargo, también podemos encontrarnos la dependencia emocional dominante, en la que la concepción de la pareja va a ser la misma, pero el dependiente emocional va a intentar estar en una posición superior e imponerse a su pareja.

Las personas con dependencia emocional tienen una baja autoestima y cierto miedo al abandono y al rechazo, así como mostrar estados de ánimo cambiantes y conductas tendentes a agradar a los demás. En sus relaciones de pareja tienen una necesidad continuada de acceso al compañero o compañera sentimental, por lo que tienen comportamientos de comprobación con llamadas, mensajes, visitas inesperadas,… lo que les lleva a anularse a sí mismos. Estas personas pueden llegar a dejar de vivir sus vidas para vivir la de sus parejas, a la que ponen por encima de todo y anteponen a todo (trabajo, familia, amigos,…), sintiendo una necesidad absoluta de exclusividad, es decir, “todo es la relación de pareja”.

En líneas generales, a estas personas les cuesta mucho estar solas, por lo que son capaces de ir concatenando relaciones, algunas de ellas cortas y sin importancia, pero que les sirven para rellenar esos períodos en que no hay una relación “estable”.

Pero, cuando inician una “relación estable”, nos podemos encontrar que pasan por 4 momentos fundamentales:

1.- Inicio de la relación, en la que conoce a la futura pareja y empieza a adaptarse a lo que la otra parte quiere o necesita, como una manera de afianzar la relación.

2.- Sumisión. En este punto, se idealiza a la pareja y se someten. Comienza la inestabilidad en la persona.

3.- Deterioro de la relación. Al realizar conductas que acaban agobiando a la pareja, pero que el dependiente vive como algo necesario en una relación.

4.- Ruptura. Cuando la decisión es de la pareja, la persona dependiente puede desarrollar comportamientos para recuperar a la pareja que, llevados a su extremo, rozan el acoso.

Y, tras la ruptura, el ciclo vuelve a iniciarse.

Quizás nos identifiquemos con alguna de las cosas que he expuesto; sin embargo, todos tenemos conductas de este tipo y eso no es patológico. Lo patológico llega cuando esas conductas, pensamientos y emociones dominan nuestra vida y, de alguna manera, la hacen poco soportable.

A la hora de tratar a estas personas, vamos a ir directos a elevar la autoestima y enseñar, de forma práctica, a relacionarse de forma sana con los demás y a reconocer el inicio de la dependencia emocional, para que puedan ponerle freno.

A partir de ahora, cuando iniciéis una relación, plantearos: ¿amo o necesito amar?

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