A veces en foros donde la cordialidad y la empatía imperan suelo hacer pública una reflexión que hasta ahora no muchas personas han sabido responderme. No por falta de información, pues de eso andan muchas sobradas, sino más bien porque no hay razón aparente y es que, ¿cómo puede una persona, con el conocimiento que muchas desprenden, con la implicación en derechos humanos que muchas rezuman e incluso con la interacción que es cada vez más fácil acceder, tener una opinión negativa sobre otra cultura, religión, género, tendencia sexual u opinión política? Pues bien, todo comienza con la creencia del ser superior. No con las directrices que marcaron Kant, Hume o Locke sobre la conceptualización de la raza, que sí, marcaron una tendencia al preguntarse por la raza o razas del planeta, sino que ahora en esta era, en estos minutos, en este instante, todavía hay un ser en este mundo que condiciona su comportamiento y su afecto según la tendencia étnica, religiosa, sexual, física o política que tengas, compartas o hagas gala de ella o de ellas.

Cuando reflexiono sobre ello, – porque ni me cabe en la cabeza, ni llega mi sesera a entender cómo o por qué seguimos hoy, dos de agosto de dos mil dieciséis teniendo que aguantar comentarios y actitudes discriminatorias, – justo en ese momento, llega lo que viene siendo la negación de aquellas personas que en un intento de lógica hegemónica te sueltan aquello de:

  • Anda ya José, no seas tan conspiranoico. No hay racismo en el mundo, eso es de la época de Hitler y eso ya terminó. Hitler era un criminal que condenó judíos en los campos de concentración, pero con los gitanos por ejemplo yo no tengo problemas. Claro mientras que no vengan a robarme…

Claro. En un mundo de piruletas y otras golosinas esa es la teoría aplastante. Luego explícale que en el mundo hay apología del racismo, que la negación de este sistema clasista, predominantemente blanco sigue hostigando a diversos colectivos, que la memoria histórica se aplica a merced de esos parámetros blanquitos o que la sorna, el gracejo, los estereotipos están en la base de la pirámide de los delitos de odio y que negar lo evidente denota una falta de compromiso. Tú suéltaselo, verás cómo te miran como a una cosa rara y encima échale leña al fuego si eres moreno y cumples medianamente con la representación más gitana que pueda haber.

  • Pero José, no puedes defender a esos gitanos que mangan y menos todavía a los que robran cobre. Yo no soy racista pero… es que algunos provocan ¡joder! que no puedes ir tranquilo por el barrio, que te increpan y los que no, se meten en las casas de una patada. Yo pago religiosamente mis impuestos como para tener de vecinos a unos gitanos que están ahí, con la luz enganchada.

Ahí explícale a ese amigo o conocido tuyo, con el que quizás has compartido algún momento vital, u os habéis tomado una cerveza juntos, o habéis estado en la misma clase desde primaria, o para más inri, era el del pupitre de al lado; dile que la exclusión social, una rueda gigante, es de las pocas cosas de este mundo en la que no hay distinción étnica, ni religiosa, ni hay relación entre la pobreza, la delincuencia o la necesidad. Como no lo va a entender, resúmeselo en que los ladrones pueden ser de cualquier índole, que hay dirigentes políticos e infantas que están señalados con tres o cuatro dedos y te dirá:

  • Que sí José, que eso está muy bien, pero es que tenéis unas leyes muy distintas a nosotros. No podéis llevar aquí siglos y siglos y seguir viviendo con vuestras normas. Vivís en el extrarradio, hacéis unas pruebas del pañuelo muy bestias. Es que no me entra en la cabeza.

Respiras hondo. Dile que la única ley que existe entre el mundo gitano es la de la Constitución Española, que el incumplimiento de cualquier norma de ésa (que por cierto lleva impregnada la firma de un gitano: Juan de Dios Ramírez Heredia) te puede causar el mismo problema que a otro ser humano. Explícale que el Pueblo Gitano vive con unas costumbres, que son diversas, necesarias para la supervivencia étnica que nos distingue de otros pueblos, que no sólo se resume en una boda. Ya en la discusión y tras contestar a cuatro comentarios morbosos sobre la boda, dile que lo de vivir en el extrarradio no es ni mucho menos una norma escrita, que si acaso, está englobando como gitanos y gitanas a todos aquellos que componen el imaginario común, que además, puede estar sentado a la vera de un gitano, como el que tiene enfrente. Entonces te dirá:

  • Pero José, tú no eres como ellos, tú eres distinto. Tú tienes tus estudios, tu trabajo… Tú eres diferente.

Vuelta a empezar y dile que eres gitano desde que te levantas hasta que te acuestas, que la preparación académica forma parte de mí y de mi esencia gitana, que no se puede amparar siempre a esa hegemónica y sistemática teoría del omnipresente hombre blanco, creador de este mundo y de los seis reinos del Samsara. Ya si puedes recuérdale que un día como hoy se rememora el día del Holocausto Gitano, silenciado por los libros de texto que estudiábamos en la escuela, dile también que el museo de Auschwitz, dedicado a las víctimas de aquel infierno tiene el ala dedicada al Pueblo Romaní eliminada del recorrido, si tienes tiempo explícale que los realities shows sobre mi Pueblo, son una payasada más que no representa a la Comunidad Gitana como Gran Hermano no lo hace con la paya, o que desgraciadamente se sigue teniendo una opinión negativa del Pueblo Gitano por culpa de esos medios de desinformación o por unas políticas sociales absurdas, en las que hasta incluso el propio Tribunal de Cuentas Europeo ha llamado la atención a países como España, Hungría o Rumanía por haber gestionado de manera poco decorosa las cuantías para la atención al Pueblo Romaní, que el mismo Tribunal alerta de que Andalucía, donde reside la mitad de la población gitana de España, no se ha acogido a nuevas ayudas con medidas específicas o también dile que si la memoria histórica fuese real, ya habrían mandado lejos el busto del Marqués de la Ensenada en La Rioja o bien que la representación política gitana, que conforma el total del 2% de la población española no tiene ni un solo miembro caló en los foros de opinión, ni en las Cortes, ni en los Parlamentos Autonómicos. Puedes decirle que según los estudios de discriminación los gitanos seguimos siendo los peor valorados de este país o que en las redes sociales, aquéllos y aquéllas valientes que desean el garrote vil a todos los gitanos denotan que el antigitanismo no se apagó con la finalización de la segunda guerra mundial, que hace poco veíamos como unos aficionados al fútbol tiraban monedas a mujeres gitanas para que las recogieran… Puedes soltar todo eso, que antes de que te des cuenta te ha dicho:

Sí, sí, pero tú eres distinto…. Ah y yo no soy racista, que tú lo sepas José.

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1 Comentario

  1. Que el autor de este artículo se dé una vuelta por los barrios de Ollerías (Bilbao) o Abechuco (Vitoria) y vea a qué dedican el tiempo libre (¡oh!, ninguno trabaja, ¿casualidad?) los gitanos que allí viven. Que vea de primera mano cómo tienen atemorizados a todo el vecindario de ambos barrios. Pero seguro que aun así, para el autor de este artículo la culpa la tienen los vecinos por protestar ante la delincuencia perpetrada por los cíngaros. Mira que no dejarse robar, insultar y pegar… ¡Serán racistas esos payos trabajadores!

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