La corrupción tan intensa que vive el Perú con cuatro presidentes cuestionados, y con una administracion  de justicia que  marcha con pies de plomo, nos lleva a reconocer el rol que cumple la  buena prensa. Los casos Odebrechet y Lava jato, no habrían repercutido en la ciudadanía continental sin el apoyo de la buena prensa y de periodistas comprometidos con la verdad.

Por ejemplo, Gestión, es un diario que apareció hace 27 años, en una de las épocas  más difíciles para la econonomía y la política del Perú. Su fundador y primer director, Manuel Romero Caro,  recuerda que la información que ofrecía al lector era un importante activo para sortear las dificultades de la coyuntura. “Salimos en el peor momento para lanzar un diario especializado”,  comparte  este recuerdo en julio del 2017 en su columna Atalaya Económica. Las páginas de Opinión estaban abiertas para comentarios suscritos por la Sociedad Nacional de Industrias y de Petróleo y líderes de Izquierda reconocidos por su identificación con las exigencias populares.

En 1989 el mundo  comenzó a dar cambios severos, a partir de la caída del  muro de Berlín, y tres años después la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desaparecía. El Perú en un intento de superar una de las peores crisis de su historia, inflación galopante,  remató sus empresas públicas a inversionistas internacionales, perdiendo más de la cuarta parte de su Producto Bruto Interno.

En ese marco la población  peruana, no eligió como presidente  a Mario Vargas Llosa sino a Alberto Fujimori, ahora condenado a 25 años de prisión por delitos contra los DDHH y la sustracción de recursos fiscales, a través de una estructura delictiva que en el correr de los años  robusteció su presencia en las principales instituciones públicas.

Cuando Fujimori protagonizó un autogolpe de Estado, el diario Gestión era constantemente vigilado por una tanqueta en la puerta de la redacción y otra en la puerta de la imprenta. En  la década de 1990, este diario tuvo  presiones desde el terrorismo de Sendero Luminoso y del Estado.

Romero Caro señala que el modelo de libre mercado  ha sido mal ejecutado en diferentes etapas. Es verdad que se han detenido las reformas estructurales, que requieren mucho coraje, porque el costo lo pagas ahora y los beneficios vienen después. “Nosotros hemos venido viviendo del ciclo de las materias primas. Y mientras todo va bien, nadie se queja; pero cuando las cosas se caen, te empiezas a dar cuenta. Nos hemos dado cuenta de que “somos vulnerables” a los ciclos de los precios de las materias primas”, remarca Romero Caro.

En una de sus últimas versiones,  Atalaya Económica, señala que el actual  gobierno mantiene algunos megaproyectos, que son verdaderos elefantes blancos. Los que si bien aumentarían el PBI, generarían empleo e ingreso de divisas durante su período pre-operativo; posteriormente requerirían de importantes subsidios para subsistir durante su período de vida o durante la vigencia de la concesión (35/40 años).

Esto sucede porque el precio de los productos importados sería menor que el de los productos nacionales generados por ellos. Por lo que la diferencia tendría que ser cubierta por todos los contribuyentes.

Y estos serían los casos del Gasoducto Sur Peruano y de la nueva Refinería de Talara. En el primer caso se ha anunciado una nueva licitación, sin embargo el ministro de energía ya ha precisado que luego que el Congreso eliminara el cargo en las tarifas eléctricas, el Ejecutivo estuvo buscando fondos alternativos, pero que “lo único que tenemos es el cofinanciamiento del Estado. Eso implica que el MEF va a tener que mojarse”.

Esta dinámica viene a ser casi lo mismo que el sistema anterior, porque el Gobierno terminará transfiriendo a los contribuyentes, de una u otra manera, la mayor carga asumida.

Considerando que el proyecto estuvo groseramente sobredimensionado y ni siquiera contaba con un estudio de mercado, se espera que el gobierno ya haya contratado el correspondiente estudio para que el gasoducto adopte un dimension realista.

Asimismo, como el equipo adquirido para el anterior proyecto estaba sobredimensionado (por ejemplo la tubería es para 1,500 mmpcd), se considera que el gobierno no debería de reembolsar los precios pagados por esos equipos sobredimensionados para la demanda del sur del país.

Resulta importante que, en aras de la transparencia que definitivamente careció el proyecto de Odebrecht, el gobierno disponga la publicación en internet del análisis costo beneficio que realice para escoger la alternativa que decida escoger, y de los otros estudios que se realicen. A más transparencia, menos corrupción.

De otro lado, luego de conocerse los audios de las conversaciones entre diversos ministros y el Contralor Alarcón, queda claro que tanto PP Kuzcinsky como su equipo, ya desde su campaña presidencial conocían los problemas de los principales megaproyectos.

A pesar de ello alentaron exageradamente las expectativas de los agentes económicos y enfatizaron que el destrabamiento de los megas iba a ser el motor de la reactivación económica y que sus problemas se solucionarían en diciembre del 2016!!

Es así que, por ejemplo, el ministro Alfredo Thorne manifestó que en la campaña le había expresado a PPK que el contrato de Chinchero,Cusco, estaba hecho a la medida de los concesionarios; que el contrato no tenía capital, que “ si el contratista se hubiese mojado con 100 millones de dólares adelante, no estuviese pasando nada de estas cosas”, etc.

Asimismo el Ministerio de Transportes ya había rechazado el costoso financiamiento propuesto por el concesionario; y numerosos analistas aportamos una serie de críticas al proyecto.

También Thorne expresó su opinión contraria al gasoducto, y durante el debate electoral criticó severamente la nueva refinería de Talara.

Pues, con los cuestionamientos mencionados, no se entiende ¿por qué siguieron adelante con el contrato de Chinchero? ¿Cuál es el secreto de Chinchero para que el Presidente saliera en TV a defenderlo y se llegara al extremo de sacrificar a dos ministros?. ¿Por qué persistieron en seguir con el Gasoducto al sur a pesar de las innumerables características negativas que hemos presentado a los largo de más de dos años?.

Si el gasoducto se paró, fue por la corrupción e insolvencia de Odebrecht, no por decisión del gobierno.

Y en lo que a la nueva refinería de Talara se refiere, además de las diversas desventajas ya expuestas, recientemente el economista Ricardo Lago ha analizado 20 transacciones de compra-venta de refinerías de los últimos 15 años. Y aplicando los supuestos más favorables para el caso de Talara, llega a la conclusión que su precio de venta sería de solo $ 1,592; menos del 30% de su inversión de $ 5400 millones!!

Si el equipo de gobierno ya conocía los graves problemas de los megaproyectos desde la época de su campaña electoral, ¿no hubiera sido más razonable encargar desde el primer día útil de gobierno a una (o más) consultora (s) del exterior la revisión de los proyectos y presentar alternativas para minimizar los daños incurridos en los principales megaproyectos?. A estas alturas ya habrían terminado su labor y se tendrían claros cursos de acción a seguir.

Ante el evidente fracasó del destrabamiento, la pregunta que muchos se formulan es ¿por qué siguió adelante con los mismos sin revisarlos previamente?.

Dos posibles interpretaciones: la positiva es que lo hizo para impulsar el crecimiento económico, para quedar bien con las poblaciones en el área de influencia directa del proyecto, etc. De ahí viene la idea inicial que el principal motor de la reactivación sería el muy publicitado destrabamiento de los más importantes megaproyectos.

La otra interpretación sería que los habría impulsado el “amiguismo” (numerosos lobistas conocidos del equipo de lujo estaban, y están, detrás de más de un megaproyecto) y/o por razones no tan santas.

Adicionalmente también influyeron la ineficiencia (numerosos avances y retrocesos ) y la soberbia (subestimar la complejidad de los proyectos anunciando que para diciembre del año pasado ya estarían solucionados sus problemas).

Naturalmente también se pudo (o puede) dar una mezcla de los factores mencionados.

Romero Caro, hace pedagogía ciudadana cuando recuerda  la leyenda del reino de Siam (actualmente Talilandia) solo el Rey podía poseer y darles trabajo a los elefantes blancos; por lo que este los regalaba a los que habían caído en desgracia con él. Y como su mantenimiento era muy caro y estaban prohibidos de hacerlos trabajar, sus nuevos dueños terminaban quebrando. Por lo que si persistimos en el error de seguir manteniendo elefantes blancos, corremos el peligro que nos pase algo similar.

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