Quienes duermen acompañados saben que, si alguno de los dos tira demasiado de la manta, uno de ellos se queda con el culo al aire. Algo así les está pasando a los partidos nacionalistas; el catalán cuando era Convergencia y lo manejaba Artur Mas, y el español, presidido por Mariano Rajoy y, en Madrid, por Esperanza Aguirre en el tiempo y caso que nos ocupa.

Convergencia se ha quedado literalmente con el culo al aire cuando el venerable anciano Félix Millet ha dicho, en sede judicial y durante los interrogatorios por el ‘caso Palau’, que trincaban el tres por ciento de empresas, entre las que citó a Ferrovial, a cambio de contratos de obra pública de la Generalitat, y se lo pasaban a la fundación del partido, quedándose, eso sí, con un pellizco para su bolsillo. La declaración ha sido como la explosión de una bomba en las posaderas de Artur Mas y su pretendido ‘proces’ independentista. Luego hemos sabido, por otros testimonios que del tres pasaron al cuatro por ciento. Y no por la inflación sino porque Convergencia quería más dinero.

Artur Mas, como es natural, lo niega todo, dice que Millet miente y achaca las acusaciones de los antiguos gestores del Palau, a un intento de salvar su culo, dejando al aire el de los convergentes, para conseguir una rebaja de las penas que puedan caerle.

Eso por lo que toca a Catalunya y sus nacionalistas que trabajan a marchas forzadas para conseguir la secesión y sacudirse la presión de los jueces españoles.

En el nacionalismo español, representado tan dignamente por el Partido Popular, las aguas también bajan turbias. Veamos: la trama de corrupción conocida como la Púnica, le estalla otra vez a Esperanza Aguirre, que era a la sazón presidenta del PP de Madrid cuando los trapicheos (las ‘mamandurrias’ que diría ella). Esperanza lo niega, se agarra al “yo descubrí la Gurtel”, como ejemplo de su intachable gestión y exhibe su dimisión, en un arrebato de dignidad, como presidenta del PP madrileño cuando se descubrió que sus más próximos colaboradores le había salido rana, vamos, que se lo llevaban crudo para ellos y para el partido. ¿Recuerdan el maletín con millón de euros que se encontró en el altillo de Paco Granados y dijo que debía ser de los empleados de Ikea que le habían hecho unas reformas?

Pero Mariano también tiene su calvario. Toda la oposición (incluyendo a sus socios preferentes de Ciudadanos) quiere que haya una comisión parlamentaria para investigar los turbios asuntos de la ‘Caja B’. La reacción inicial ha sido amenazar con llevarse la comisión del Congreso (donde no tiene mayoría como se sabe) al Senado, donde sí la tiene. El caso es que le están apretando las clavijas y veremos si no echa patas por alto, disuelve las Cortes y convoca elecciones con los sondeos favorables que tienen en el cajón. Y tampoco hay que olvidarse de Murcia, donde el presidente del PP, Pedro Antonio Sánchez, investigado por un trapicheo cuando era alcalde de Puerto Lumbreras, tiene el agua al cuello y tanto Ciudadanos, con el que firmó un pacto leonino para llegar a la Presidencia de la Región, como el Partido Socialista, que es la segunda fuerza parlamentaria, quieren que se vaya.

En fin, un sin dios. ¡Mardito parné!

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